Permanentes cambios discursivos y de política del Banco Central
Estos son mis principios, si no les gustan...
Ante las reiteradas estrategias fallidas para enfrentar la inflación, Federico Sturzenegger va modificando el análisis y la política monetaria. Acelerada pérdida de credibilidad de la conducción del Banco Central.
El Banco Central apuesta ahora a la contracción en la cantidad de dinero para frenar la inflación.El Banco Central apuesta ahora a la contracción en la cantidad de dinero para frenar la inflación.El Banco Central apuesta ahora a la contracción en la cantidad de dinero para frenar la inflación.El Banco Central apuesta ahora a la contracción en la cantidad de dinero para frenar la inflación.El Banco Central apuesta ahora a la contracción en la cantidad de dinero para frenar la inflación.
El Banco Central apuesta ahora a la contracción en la cantidad de dinero para frenar la inflación. 
Imagen: Lucía Grossman

El Banco Central empieza a cambiar poco a poco su discurso sobre la cantidad de dinero en la economía. Hasta el principio de este año sostenía  que la cantidad de billetes en circulación era endógena y, por lo tanto, la expansión de la base monetaria no era una variable importante para explicar las subas de precios. Pero en uno de sus informes publicados en el blog “Ideas de Peso” a mediados de abril deslizó que la expansión de la emisión  podría tener correlatos inflacionarios y la semana pasada el titular de la entidad, Federico Sturzenegger, terminó de confirmar el salto discursivo. “La cantidad de dinero que tienen los argentinos es 5 por ciento más baja que el año pasado”. Lo dijo para explicarles a los empresarios que, según la teoría, no puede haber remarcaciones de precios.

La absorción de pesos generada por la pérdida de reservas de 9000 millones de dólares a partir de marzo tuvo efectos en la base monetaria: el Central retiró de circulación 41.284 millones de pesos en marzo, 95.579 millones de pesos en abril y 79.049 millones en mayo. Esto habilitó la reacción argumentativa en el organismo. Ahora tiene margen para decir que reducir la cantidad de dinero ayuda a frenar los precios.

“Para transitar el proceso de desinflación, el Banco Central adoptó en 2017 un régimen de metas de inflación, y comenzó a emplear como principal instrumento de política la tasa de interés”, dijo la entidad a mediados de abril. “Se desecharon otros posibles regímenes monetarios alternativos que se usaron en el pasado, como la fijación del tipo de cambio o el control del crecimiento de los agregados monetarios. Pero no tener un ancla del tipo de cambio ni de la cantidad de dinero no implica que las variables pierdan completamente su relación con la inflación. En el largo plazo, el crecimiento de la cantidad de dinero y la inflación siguen teniendo una relación estrecha”. Es posible que antes lo pensara, pero lo que es seguro es que no lo decía.

La habilidad del Central para transformar sus argumentos es notable. En su último discurso Sturzenegger les dijo a los empresarios que hay una menor cantidad de dinero tanto en términos nominales como reales y que lo deben tener en cuenta al momento de realizar la “estrategia de pricing”. Pero el año pasado, cuando el volumen de los billetes circulando subía a ritmos muy superiores respecto de la inflación, el Central aseguraba que los precios no tenían ninguna relación con la base monetaria. Los datos duros mostraron que la inflación del 2017 se ubicó más cerca del 25 por ciento (ritmo al que subió la base) que del 15 por ciento defendido hasta último momento como la meta de precios del Central.

La discusión sobre la endogeneidad o la exogeneidad del dinero pierde el sentido cuando la economía se enfrenta a tensiones estructurales que no pueden explicarse con teorías monetarias de los países desarrollados. Los niveles de distorsión del proceso inflacionario local no requieren ni siquiera compararse contra el primero mundo. La suba de los precios en la Argentina es diez veces mayor respecto del promedio de los principales vecinos (Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Bolivia).

Uno de los elementos que en los últimos meses aceleró esta brecha fue el ajuste cambiario. Los traslados a precios de la devaluación, pese a la negación del Central, son muy importantes en el mercado interno. El antecedente de febrero es elocuente: la inflación mayorista subió cerca del 5 por ciento en un mes, al trasladarse la suba del dólar de diciembre (del 10 por ciento). El incremento del dólar en las últimas semanas fue del 25 por ciento y adelanta que la economía en los próximos meses registrará un clima agitado en materia inflacionaria.