Agostina Mileo es licenciada en Ciencias Ambientales, magíster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental, y Doctoranda en Historia y Epistemología de la Ciencia (UNTREF), además de pertenecer a la organización Economía Femini(s)ta. 

Como comunicadora científica y feminista impulsó la campaña "MenstruAcción", proyecto que se presentó al Estado para quitar el IVA a los productos de gestión menstrual, proveerlos gratuitamente para quien no pueda comprarlos y promover la investigación sobre este tema, y es autora del libro recientemente publicado “Que la ciencia te acompañe”, de editorial Debate, donde brinda datos científicos de los temas clave en la agenda de género para sostener la crítica feminista.

También conocida como la Barbie Científica, Mileo dialogó con Universidad acerca del rol de la educación en el debate público, en temáticas vinculadas con la legalización del aborto y las iniciativas que surgen desde el campo científico destinadas a revalorizar el lugar de la mujer y construir una sociedad más justa.

¿Cómo surge tu seudónimo de “Barbie cientifica” y qué querés expresar con él?

El seudónimo surge para confrontar en una situación particular que estaba viviendo cuando trabajaba en una dependencia municipal de Ciencia y Tecnología. Supuestamente iba a ser el trabajo de mis sueños, pero (...) la política del área estaba orientada a bajarle los impuestos a las farmacéuticas. 

También había otra situación: nadie podía usar menos de ocho palabras para describir su título o profesión, pero las mujeres éramos todas secretarias. Me daba cuenta de que ser joven, la ropa que uso y una serie de cosas que tienen que ver con mi aspecto, me hacían especialmente victima de esos prejuicios. Además, el haberme dedicado a la comunicación científica como área de estudio y profesión, traía como consecuencia una doble subestimación porque cualquier persona que hace ciencia cree que lo puede hacer solo usando el sentido común.

La Barbie es una forma de confrontar este prejuicio, ponerlo sobre la mesa desde el principio, mostrar que estas dos cosas, que en el imaginario popular parecieran antagónicas, no lo son. Por otro lado, hay una apuesta académica que tiene que ver con el uso del personaje como recurso para la comunicación. Cuando vemos productos para chicos sobre ciencia se usan muchos los personajes, pero para adultos no. Los estudios demuestran que los productos existentes de comunicación científica satisfacen una demanda preexistente, gente que considera que la ciencia es parte de sus intereses o de la cultura general, por más que no hayan estudiado ciencia. 

Esa demanda está satisfecha, lo que no se ha podido generar todavía es atrapar a un público disperso. La Barbie viene a dialogar un poco con esto: cómo se estructuran los contenidos masivos en los medios y cómo desacralizar este lugar de la ciencia. Es una manera de confrontar esos prejuicios, una forma de mostrar una piba cualquiera, medio boluda. No hace falta ser brillante para ser científico, ni muy inteligente. Hay que estudiar una carrera científica.

 

¿De qué se trata el proyecto #MenstruAcción?

La ciencia, al ser producida por sujetos que viven en esta cultura, reproduce muchas veces los sesgos machistas, y el feminismo tiene el rol de cuestionar e intervenir. Al tener este lugar privilegiado, es muy importante que las feministas revisemos el conocimiento que se produce con herramientas científicas y pensemos cómo repararlo. “MenstruAcción” lleva esto a la expresión concreta cuando sostenemos que la menstruación es un factor de desigualdad. Hay toda una concepción cultural de las mujeres como seres inferiores comparadas con un ideal de varón blanco heterosexual. 

Todo lo que se desvíe de esa cuestión ideal es muestra de inferioridad y la menstruación entra en eso, termina siendo una desventaja concreta porque los productos de gestión menstrual son de uso obligatorio dado que el estigma y la vergüenza que se genera producto de esta desviación de lo ideal que constituye la menstruación que no puede ser evidenciada. Entonces, tengo que comprar estos productos, pero no se consideran de primera necesidad y están gravados con IVA. 

Esto impacta sobre ingresos que son, de por sí, menores. Tenemos peores trabajos, más desempleo, más precarización, ganamos menos por el mismo trabajo. Además, quienes no pueden comprar estos productos dejan de ir a la escuela, al trabajo o se ponen lo que tienen a mano. Esto impacta en el acceso a derechos básicos como salud o educación. Además, no tenemos estadísticas oficiales ni ningún indicador básico sobre la infección por uso de productos no adecuados para la gestión menstrual. No sabemos las consecuencias de la exposición química por vía vaginal a largo plazo por el uso de toallitas y tampones, no sabemos cuál es el ausentismo escolar. Lo que queremos es atender una situación de emergencia, saber el impacto que tiene la menstruación en el acceso a derechos, pensar como nuestra concepción de la menstruación es un ejemplo paradigmático de violencia de género.

¿Por qué considerás que el debate sobre el aborto en particular, y el feminismo en general, fue posible en este momento?

El aborto aparece como una demanda unificada del feminismo que puede promover y proponer una conquista popular en este momento, cosa que no es menor. Además, tiene que ver con que es, tal vez, lo único en lo que todas las feministas nos pusimos de acuerdo: una necesidad imperiosa por su valor simbólico, por una cuestión de contexto internacional y un montón de cosas que ya no podemos esperar más. 

El movimiento es poderoso. Ocupa las calles; hay una lucha sostenida desde muchos frentes que no es porosa. No se le encuentra ninguna falla; tiene una solidez impresionante por la fortaleza de sus argumentos.

¿Cuál creés que es el rol que tiene la educación y la universidad en este sentido?, ¿cómo participa la ciencia en este debate? y ¿cuál es el rol de la mujer en la ciencia?

En el debate de la ciencia participa desde el lugar de proveer argumentos sólidos, pruebas fácticas, datos y estadísticas. La educación y la universidad se posicionan más como centros de encuentro social, como usinas de conocimiento, pero sobre todo como praxis política. Ahí son muy importantes. 

Sobre el rol de la mujer en la ciencia, hoy por hoy, es fuerza de trabajo pura. En la carrera de investigación, somos el 52% de los investigadores del escalafón más bajo del CONICET y menos del 25% del más alto. Hemos logrado acceder a las carreras, pero no al prestigio científico. Hay una respuesta muy fuerte a los estereotipos que tiene que ver con que una mujer que hace ciencia de alguna manera está faltando o fallando a su naturaleza. Todas las características que se cree que te hacen “apto” para hacer ciencia, como ser racional y no dejarse llevar por las emociones, son típicamente asociadas con lo masculino, parece que te vienen en el nacimiento junto con el pene. Hay experimentos: se manda un paper con nombre de varón y con nombre de mujer, y el que tiene nombre de varón, aunque sea exactamente el mismo, es aceptado en más revistas. Más allá de estas cuestiones, hacer una carrera científica es hacer una carrera de obstáculos, es sortear un montón de escollos y es hacer algo sobre lo que todo el mundo dice que no es para vos.