Fuegas
Acabe

Sí, acabe 5 veces y volví ch’arantata. Mis medias las veo al revés y vuelves a mirarme. 

Tomas la silla, la ubicas sutilmente, y te tomas los dedos. Hundís maya a maya por los bordes de mis ch´aska y te humedeces los labios

–¿Por qué abunda y brilla cobrizo? –preguntas. Suavemente me deslizo por tus rizos, sonrío y te volteo –¡Soy marrona, obtusa, grave-aguda arriba-y-debajo de la mesa!. ¡Sexuada!

Perspicaz, tomo tus brazos, esos que alguna vez señalaron desmedidamente la-negra-villera-india-conurbana-boliviana-campesina como la cosa-oscura-tenebrosa-y-calladita. ¡Racismo!

Esos mismos –desmedidos– que en todas partes sospechan y en tu privilegio de clase te hacen importante. Ay, aunque ferviente y estremecida tus venas-empañadas buscan saborear mi ch´ina  y otras más gestuales. ¡Calentura!

Te desacomodo-y-desubico sin detalles. Entre frote-frote a tu pregunta oblicua me rasgueo, te gusta-lose. Pues duda de tu existencia-convierte singular toda experiencia. ¡Sentí ia pues!

Recuerda que no somos palomas pues ia no hay paz ni guerra porque luchar, io puedo amar incluso clavarte un oral, toda natural, si dejas de naturalizar. ¡Zarparte!

Acabaste.

Si, acabas, de ponerte en penitencia. Es fácil para vos desvariarme, declaras. Tus planos gestuales estaban llegando a estremecer mi sudor, te gusta mi olor y io quiero tu calor. Cuanto tiempo esa espina teórica permanecerá invadiendo tu cuerpo, y chueco es si solo mojas tus ojos pues no es respeto por mi ch’aska oscura sino quedarse su merced acabada. Benefi-ciencia!

Me volteas y chorreas por los márgenes ocultos de tu devota fantasía. Rompe tus rezos-rosarios! 

Subo, caminando, por tus muslos, entiendo que nace una diferencia, entiendo que perdurará en toda mi existencia, entiendo que porte-cobrizo, entiendo mi apellido milenario-sobrevivirá y tal vez sea más fácil negarme-blanquearme-abandonarme. ¡Vergüenza! 

¡Qué bello! entiendo tus modestias cuando hurgas mi trasfondo, tu ansia sedienta de trastocar sentimientos por entendimiento. Toqueteas debajo del awayu, queriendo confeccionar saberes, pues deliras por la pachamama –no hay deidad ni cosmovisión que te permita llegar a entenderme, no hay compresión asimilable que te permita comprenderme, no hay verduras ni sopas que alimenten buenos términos–. Igual, más vale pensarse en esa experiencia, pues no la hay. ¡Diferencia!

Bajas por mis ñuñus, lengüeteas hasta chuparlas, una a una-penetras con tu saliva. Lujuriosa manera para envolverme en tu cuello. Te sujeto con mis piernas, te miro hacía tiempo que no brillaba tu semblante. ¡Suelta!

Dulce parada te sujetas en mis ispillus y no paras. Como espinal tarareas que solo en las veredas-manteras, en los rincones-hospitales, detrás de planes-banderas vez más-marrón, más-cobrizo. Suelto tu pelo. Adoro. Tal vez bohemia o vehemencia, pues esas utas ¿Quiénes la construyeron?, ¿Quién colocó la única ventana de tu cuarto violeta? 

¿Quién se queda limpiando para que reproduzcas saberes?, ¿A quién buscas agitadamente cuando tu cabeza da vueltas y te agitas al encontrarme?, ¡Ubícate!

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