ASTERISCO III
Himnos del corazón
Por ese palpitar: canciones para un deseo mutable es una compilación creada por el Instituto Nacional de la Música y el Festival Asterisco, un libro pionero que busca empezar a darle forma a un cancionero queer de la música nacional

Si hasta hace diez años me decían que elija mi disco queer favorito, tal vez hubiese dicho Velvet Underground & Nico (casi un lugar común, porque siempre gana ese disco entre las encuestas en revistas lgtb de Estados Unidos), o alguno que compile de una manera lo más estralaria posible bandas punk que van al frente, como el disco We Will Fall: Tributo a Iggy Pop de 1997 donde 20 músicos “celebran al Padrino del punk”, tal vez la coda más afiebrada de ese momento histórico donde, con la emergente cultura queer como marco, el siglo XX comenzaba a despedirse componiendo un himno coral como forma de resistencia. El cover cruzado de la cantante trans Jayne County, heroína pionera del glam-punk, oda a la lisergia callejera y a la agitación rocker del cuerpo femenino, bastaría para hacer de ese disco un arma queer cargada de estridencia. Pero también están los homocore Pansy Division, las bandas riot grrrl Lunachicks y 7 Year Bitch, y Extra Fancy con su cantante, Brian Grillo, bien fuera del closet, entre otres. Cada espástica vitalidad de Iggy reversionada como germinal gesto queercore. Puto punk not dead. Y ni hablar de la canción que abre el disco, “1969”, mi preferida de Iggy cantada por Joey Ramone. En el momento que había salido ese tributo a Iggy, ya Nirvana había desaparecido tras dejar su estela queer, cuando, en su momento de mayor masividad, repudiaba la homofobia y el machismo de la escena hardcore punk. Y faltaba poco para que en Argentina saliera Homoxidal 500, el fanzine que convocó a una agitación desde esos lugares que parecía que solo existían en el extranjero, recónditos, inalcanzables, y que reunían cierto impulso revolucionario de la cultura rock y de la diversidad sexual. Para mí, la llegada de Homoxidal 500, que en estos días se reedita (ver nota en este número), hizo necesario pensar que en el rock nacional se necesitaban establecer miradas que reuniesen canciones e intérpretes que hayan abierto sus poros a la diversidad sexual, en contra de los discursos homofóbicos que, en casi cualquier ámbito musical, circularon históricamente y, todavía sobreviven. Con el festival Asterisco y el Instituto Nacional de la Música (Inamu) nos decidimos, por primera vez, a compilar 25 canciones que hayan entonado a la diversidad sexual en su imaginario musical.
 
25 Estrellas de Oro
Canté “Sábado” cientos de veces, en medio de pogos en varias zonas del planeta, y cada vez que lo hago es imposible dejar de imaginarme como protagonista de esa canción que abre el primer disco de El mató a un policía motorizado. A grito pelado, agitando hasta perder el aliento y a veces al borde de las lágrimas, repito los únicos tres versos que describen una escena que viví mil noches: “Sábado en mi cama, sábado en mi cama/ Y si te invito a jugar, me dirás que no/ y si te invito a dormir, me dirás que no”. Esa soledad, ese deseo, ese rechazo pueden ser parte de la educación sentimental de cualquiera, más allá de su orientación sexual o identidad de género, gracias a que la letra no aclara el género: ¿se invita a un hombre o a una mujer? A pesar de su simpleza de tres líneas hay una multiplicidad que se abre, para hacer de esta una canción queer, ambigua y desafiante. Y la complejidad aumenta con la explosión de ruido de dos guitarras como motosierras, que proponen una alegría punk en contraste con la depresión que implicaría el rechazo en un día de ocio y fiesta.
“Sábado” podría estar incluida entre las canciones que se compilan bajo el título Por ese palpitar: canciones para un deseo mutable, porque hay tantas canciones queer como oídos y cuerpos que quieran proyectar lo que escuchan en experiencias que se aparten de la castración erótica o del heterosexismo disciplinario. Desde siempre, desde antes que Azucena Maizani se vistiera de varón para cantar tangos, hubo en nuestra música una apuesta a la resistencia de los casilleros asfixiantes para vivir el género, el deseo y la sexualidad, para fluir al ritmo propio sin los pactos sociales reglamentarios.
La unión de Inamu y Asterisco para realizar el libro no persiguió la exhaustividad sino la posibilidad de, por primera vez, enmarcar algunas canciones que hayan expresado -con voces, melodías, géneros y cuerpos distintos-, formas de la libertad de vivir la diversidad sexual y de género. Con esta idea, reunimos 25 canciones compuestas y/o interpretadas por Adicta, Andrés Calamaro, Bife, Celeste Carballo, Charly García, Chocolate Remix, Claudia Levy, Coiffeur, Dalila, Gabo Ferro, Karen Bennett, Kumbia Queers, Leo García, Los Abuelos de la Nada, Man Ray, María Elena Walsh, Marilina Ross, Miss Bolivia, Moris, Paula Maffía, Paula Trama, Roberto Jacoby, Sandra Mihanovich, Sara Hebe, Sasha Sathya, Sentime Dominga, Susy Shock y Virus. Quedaron muchas canciones, bandas, intérpretes afuera, y todo lo que no está acá debería estar en algún libro que continúe, en otros tomos a editarse, porque el libro tiene que ser una base para el futuro. Por eso, lo fundamental de la compilación Por ese palpitar es empezar a darle dimensión histórica a un corpus de letras e intérpretes que abrieron espacios impensados, que fueron habitados, interpretados, multiplicados por otras tantas personas que sintonizaron con una canción que describía un sentimiento callado que hasta ese momento no había tenido la banda de sonido que se merecía.
 
La presentación del libro Por ese palpitar: canciones para un deseo mutable será este sábado, a las 21, con un recital de varios artistas que participan con sus letras de la compilación, en la sala Batato Barea, del Centro Cultural Rojas, Av. Corrientes 2038.

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