EL PUNK NUESTRO
Su máxima del “hacelo vos mismo” y su carácter libertario hicieron del punk un caldo de cultivo para que todo tipo de activismos, agites e incomodadores seriales, incluidxs lxs de la disidencia sexual, empezaran a tender lazos. A principios del milenio “¡homo rebelde, únete!” era el grito de guerra con el que el músico Rafael Aladjem convocaba a crear más espacios de encuentro homopunk desde el fanzine Homoxidal 500, una bomba textual contra la frivolidad bolichera gay de los 90. Por estos días, un rescate emotivo: se reeditan los cuatro números de aquel histórico zine. Una oportunidad para pensar cómo fueron tomando forma, desde los 80 hasta hoy, las alianzas entre la escena hardcore punk y la diversidad sexual.

El Profe, marginal y pionero *

En los 80, un sector del punk argentino encarnó una perspectiva disidente en materia de políticas sexuales. Se armó una bien gorda: anarquistas, gays, tortas, punks y otrxs descarriados intercambiaron estéticas y estrategias contra los abusos policiales y de otras dependencias del Estado. Con el derecho a no encajar como bandera, El Profe (Eduardo Valenzuela) fue un impulsor del homocore (cruza de homo con hardcore) en estas tierras.

Punks, activistas gays y trabajadoras sexuales lucharon conjuntamente por las libertades democráticas durante la década del 80 en Buenos Aires. La “postdictadura” fue una etapa donde los punks y esxs “otrxs marginalxs” aunaron cuerpos y acciones ante los embates de los remanentes autoritarios de la dictadura. Algunos integrantes de esta red de reivindicaciones sociales, eran además, activistas “inclasificables”. Eran gays y trabajadoras sexuales con actitudes políticas punks y también eran punks-gays “salidos del closet”. Ciertas personas hacían de nexo entre “movimientos sociales”, por ejemplo El Profe (Eduardo Valenzuela), activista político-gay que escribía en el fanzine Resistencia, visitaba el Puesto Heavy del Parque Centenario y concurría a recitales punks. El Profe publicó en 1989 la primera nota conocida sobre el “movimiento homocore” (punks-homosexuales u homosexuales-punks) en Buenos Aires: “Existe […] otra gente cansada de caretear, harta del sentimiento y la blandura, que quedó seducida por el HC [Hardcore]. Son gays que nunca se sintieron representados por la imagen convencional del homosexual: cobarde, burguesito y frívolo. Muchachos que aman a los muchachos, pero salvajemente, con la fuerza y la velocidad del HC. No puedo explicarles mi alegría cuando me enteré que existía el movimiento homocore. No estoy solo. Existen en el mundo otros locos iguales a mí, gays recopados con el hardcore […] la onda es obviamente anarcopunk y lucha por la libertad sexual, por los derechos de la mujer y contra la homofobia (“Homocore”, en fanzine Resistencia, n°5, 1989)”
Hoy desde la distancia histórica se pueden interpretar estas líneas escritas por El Profe, desde un punto de vista más cercano a su situación de punk marginal, aún entre los punks de la década de los 80. Su nota en Resistencia, puede (y debe) ser interpretada, no simplemente como una exposición novedosa acerca de esa corriente interna surgida dentro del “movimiento hardcore-punk” (norteamericano-canadiense), debe atenderse también, a su crítica clasista contra los gays “burgueses y frívolos”. Se trata de un texto donde deja asentada su identidad sexual bajo la impronta emotiva del reconocimiento de esos “muchachos que aman a los muchachos [… a] la velocidad del HC” al igual que él. Proseguía la nota, dando algunas coordenadas existenciales sobre la escena Punk de la década de los 80 en relación a la censura y la represión interna subyacentes en las relaciones sexuales y de género: “andando por los recitales todos los días se ven boludos que agreden a las chicas de las bandas solo por ser minas; forros que te quieren boxear [pelear] porque sos gay; heavys o punks bisexuales que curten con vos de canuto [a escondidas] porque no se quieren hacer cargo de que los chicos les gustan. Lo peor es que todo este machismo de cuarta se da en una ‘escena’ que se las da de super-rebelde y libertaria. ¿Es libertario ser un facho que no respeta la elección sexual de los demás? (Ibídem).” El Profe daba una descripción exacta de la “atmósfera machista” que penetraba los gigs punks, en particular, aquellos en donde tocaba la banda Cadáveres de Niños, con Patricia Pietrafesa en bajo y Carol como cantante. Queda expuesta, también aquí, su situación de “blanco predilecto” de los punks machistas tras el reconocimiento público de su “elección sexual”. Finalmente, este precursor del “movimiento homocore” en Argentina hacía un llamamiento a la lucha conjunta entre los integrantes de los colectivos marginales de la “postdictadura” para enfrentar a la institución policial. Pedía, ante todo, una instancia de respeto mutuo, más allá de las diferencias identitarias: “Es hora de que nos demos cuenta de que la policía nos da palos a todos, no les importa si sos straight edge o anarkoborracho, trasher o punk, heterosexual o gay. Si realmente queremos abrirnos un espacio de libertad en este barril de mierda, tenemos que luchar todos juntos, cada uno en la suya y respetándonos mutuamente. Los homocore somos un grupo más de entre las ratas que peleamos en medio del basural (Ibídem)”. Asimismo, El Profe formando parte del GAG (Grupo de Acción Gay) estaba en contacto con gente de la CHA, de GAYS DC (Gays por los Derechos Civiles) y con el poeta-ensayista-antropólogo Néstor Perlongher. Relaciones entre militantes (historiadores como Carlos Jáuregui y antropólogos como Néstor), punks (también estudiantes de ciencias sociales, algunos de ellos) que se dieron en un tiempo-espacio particular de la década de los 80, bajo luchas identitarias y políticas durante la “postdictadura”. Sin una participación conocida dentro del movimiento Punk, pero cercano en su forma de pensar y actuar frente al sistema político hetero-normativo y hegemónico, Jorge Gumier Maier, artista y activista/militante gay, escribía en diciembre de 1984 en la revista El Porteño, el siguiente texto: “Muchos gays sostienen que su cuestión compete a los Derechos Humanos. Sí, si recordamos que aún hoy se asesina a gays impunemente; o si recordamos, también a aquellos que están presos por su modo sexual […] o a los que murieron en campos de concentración (de Argentina, claro) […] O si sabemos que dependencias del Ministerio del Interior solicitaron los datos de todos los activistas gays de B.A.” (“Derechos Humanos, sexualidad y autoritarismo”; en revista El Porteño, n° 36, p.80). Gumier Maier denunciaba que un organismo estatal solicitaba una base de datos sobre los activistas gays. Durante la “primavera democrática”, la censura, la persecución ideológica y hasta el asesinato de personas homosexuales continuaban vigentes como marcas de una violencia institucional inaugurada por la dictadura militar. Jorge remataba su crítica sobre la represión de los gays porteños y bonaerenses con las siguientes palabras: “La marginación y hasta la violencia contra el gay son necesarias para garantizar la represión sexual general que el sistema opera para poder imponer su norma” (Ibídem). Los activistas gays, como Jorge, estaban, sin saberlo, homologando sus críticas antisistema con los punks. El “sistema” reprimía la libre orientación sexual, como otra manera más de imponer su lógica de dominación social. Pero el “sistema” eran (y son) personas, con y sin uniforme, con o sin armas, no simplemente un constructo teórico del sentido común. Enrique Symns, periodista y creador de la revista contracultural Cerdos & Peces, pocos días antes del retorno de la democracia, en diciembre de 1983, escribía en la revista El Porteño una nota titulada “El sexo en la Argentina (Epílogo)” donde explicaba que los edictos policiales actuaban como medios de regulación coercitiva sobre el contacto interpersonal y la sexualidad.

 * Este texto es un fragmento de un artículo del libro Sociabilidades punks y otros marginales (Tren En Movimiento Ediciones, 2016), donde también escriben: Pablo Giori, Adriana Petra, Martín Locarnini y Máximo Tuja.


FERIA DEL LIBRO PUNK Y DERIVADXS

Todo un fin de semana dedicado al punk local para conocer publicaciones, fanzines, literaturas autogestivas y a contramano. Con muestras, proyecciones, sellos independientes, charlas, talleres y presentaciones. El sábado habrá conversatorios sobre liberación animal y cultura punk e imágenes antipatriarcales. Se proyecta el capítulo dos de Desacato a la autoridad. Relatos de punks en Argentina (1983-1988), documental dirigido por Tomás Makaji y Patricia Pietrafesa. Y se podrá ver la muestra “Historiografías queerpunk”, coordinada por la editorial Sentimientos de Urgencia. El domingo habrá feria de publicaciones y presentaciones de libros, entre ellos, se presenta Homoxidal 500, compilado de zines 2001-2003.

Sábado desde las 16. Dirección por inbox (Facebook: FERIA DEL LIBRO PUNK). Domingo desde las 16, Salón Pueyrredón (Av. Santa Fe 4560)
 

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