De Conmoción Cerebral a Más Calaveras, pasando por Attaque 77, vida y obra de un punk
La última tentación del Chino Vera
Bajista y compositor de temas emblemáticos, dejó la vorágine mainstream y a pulmón montó una carrera federal y trasnacional.
"Hay bandas buenísimas y músicos geniales que se desalientan porque la papa está en Buenos Aires", critica el Chino."Hay bandas buenísimas y músicos geniales que se desalientan porque la papa está en Buenos Aires", critica el Chino."Hay bandas buenísimas y músicos geniales que se desalientan porque la papa está en Buenos Aires", critica el Chino."Hay bandas buenísimas y músicos geniales que se desalientan porque la papa está en Buenos Aires", critica el Chino."Hay bandas buenísimas y músicos geniales que se desalientan porque la papa está en Buenos Aires", critica el Chino.
"Hay bandas buenísimas y músicos geniales que se desalientan porque la papa está en Buenos Aires", critica el Chino. 
Imagen: Cecilia Salas

Si la vida del Chino Vera fuera una película, las escenas se proyectarían como lamparazos: a fines de los ‘80 grabando en Invasión ‘88 con Conmoción Cerebral, a principios de los ‘90 galopando el éxito de El cielo puede esperar y poco después abandonando Attaque 77 para nunca más volver, en 2001 autoexiliándose en Miami y tocando para la comunidad latina con una banda de cubanos, más adelante regresando al país para encontrarse consigo mismo y, finalmente, reconciliándose definitivamente con una vida y obra que merecían volver a los escenarios.

El Chino come unos tirabuzones con salsa roja en un departamento de Almagro y convida Ángeles caídos, el Bonarda que una bodega mendocina acaba de sacar en su honor. Está en Buenos Aires, aunque fiel a su espíritu gitano podría estar en cualquier otro lado: viene de girar varias semanas por la Patagonia y Mendoza y está a días de iniciar una caravana por el Litoral que acabará en Asunción del Paraguay. La agenda continuará el mes próximo en Salta y Jujuy, aunque para entonces seguramente ya habrá embuchado nuevos destinos.

En todos estos casos, Vera toca acompañado de Matt Buzz, ex cantante y guitarrista de Katarro Vandáliko, de Tandil. Ese grupo y esa ciudad estuvieron entre los tantos cobijos del Chino en su largo peregrinaje post Attaque. “Durante muchos años me la pasé buscándome, preguntándome quién soy, qué es lo que debo hacer. Necesité madurar personal y artísticamente para volver a dedicarme a la música”, explica el Chino.

Aunque en Attaque además de tocar el bajo hizo muchas letras (Ángeles caídos, Justicia, No te pudiste aguantar), recién ahora se anima a ponerle voz a lo que escribe: “Nunca me hallé con la voz hasta que en los últimos tiempos empecé a descubrir una forma. Lo mismo me pasa en el escenario: ahora encontré un perfil que me permite soltar, disfrutar y sacar adelante un show. Nada de eso es tan fácil, eh”.

En las giras, Vera y Buzz se complementan con músicos locales para repasar sus carreras. Ahí el Chino descubre la realidad del rock en el interior profundo: “Hay bandas buenísimas y músicos geniales que se desalientan porque la papa está en Buenos Aires. ‘¿De qué vivimos si nos mudamos a capital?’, se preguntan. Y lo mismo me sucede a mí: me encantaría vivir en la Costa frente al mar, hermoso, más relajado. Pero… ¿qué me daría de comer?”. La extensa gira patagónica pateando largas rutas y esquivando guanacos en el desierto le aportó otra perspectiva a un tipo que ya sumaba miles de kilómetros bajo la suela.

Vera viene recuperando tiempo perdido desde Más Calaveras, proyecto que dejó un disco epónimo en 2015. Fue su regreso al rodeo después de idas y vueltas, de largos años sin tocar un instrumento y del estigma de haber abandonado un barco que iba rápido, tal vez demasiado. “Con Attaque me tragó tanta vorágine de laburo. Teníamos shows de jueves a domingo y después grabábamos o hacíamos notas. Una vez tocamos con Los Violadores y, cuando subimos, la gente nos puteaba. En otro show la gente cantaba: ‘Cerati se la come, Ciro se la da’. ¡Pero si yo empecé en la música para generar cosas positivas en la gente! Me fui en el ‘92 y la pasé mal, estuve un año sin hacer nada, rumiando mi decepción. Vivía de regalías y sólo me dedicaba a dibujar. Traté de digerir el mambo pero se desataron muchos quilombos personales.” Algo oculto estalló.

Dos décadas y media más tarde, cuando el Chino craneaba su vuelva al redil a la cabeza de Más Calaveras, recibió una invitación: Attaque iba a conmemorar El cielo puede esperar en el Microestadio Malvinas Argentinas con todos sus integrantes y ex. El reencuentro despertó algo en todos, activó hormonas, destiló buena química. “Ahora que estamos más maduros, dijimos: ‘¡dejémonos de joder y vamos a pasarla bien!’ Así comenzó todo”, dice Vera.

¿Qué es “todo”? Muchas cosas, entre ellas el Club 77. Surgida como la banda telonera del regreso de Romanticistas Shaolin’s, el Club 77 nuclea al también ex Attaque Claudio Leiva (primer batero del grupo), los hermanos Enzo y Ulises Insegna e invitados como Leo de Cecco, Luciano Scaglione, Juan Novoa o Martín Locarnini. “No sé mucho de marketing, pero veo que si generás noticias nuevas, seguís vigente. De lo contrario te aislás y pasás al recuerdo. Toda la familia Attaque está activa, nos estamos encontrando seguido y eso genera un círculo virtuoso. ¡Y todos quedamos contentos!”, afirma el Chino, factor nucleante de estas fiestas 77.

Pero no sólo de recuerdos vive el punk rock: “Estamos por entrar a grabar canciones nuevas para que la gente vea qué estamos haciendo hoy”, explica Vera, dispuesto a ponerse al día con una carrera que merecía retomar. “En vivo me vuelvo loco, me gusta hacer Armas blancas o Combate, aunque en estudio prefiero cosas más sutiles”, asegura. “A veces hablo con amigos acerca de que Pappo no está más, Spinetta tampoco, lo mismo Cerati. Incluso Charly está medio retirado. Muchos héroes cayeron y cuando tu edad avanza, empezás a observar estas cosas. Pero por lo pronto tengo hilo en el carretel para seguir prendiéndome fuego con estas canciones que nos gustan a todos.”

* Chino Vera y el Club 77 tocan este sábado en Rock La Ve, Lope de Vega 205.

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ