Xenofeminismo, Tecnologías de género y políticas de reproducción
Teoría XF
En el universo de los feminismos contemporáneos hace cuatro años que un objeto extraño comienza a abrirse paso: el xenofeminismo. ¿Qué hay de nuevo en este movimiento conformado por activistas y teóricos que vuelve sobre algunos de los clásicos postulados de la teoría queer como desfamiliarizar la familia biológica o reinventar “lo natural” desde una mirada alien y tecnológica? En conversación con Soy, Helen Hester, profesora de la Universidad de West London, habla de Xenofeminismo (Caja Negra), su libro recién llegado a estas tierras, y explica de qué se trata este movimiento que el mismísimo Paul B. Preciado definió como “el eslabón perdido entre el feminismo radical de la década del 70 y el cyborg contemporáneo, el lenguaje trans y queer de la emancipación”.

“El posfeminismo ha terminado, ¡Bienvenido el xenofeminismo! Directo,  intransigente y a menudo controvertido: es el eslabón perdido entre el feminismo radical de la década del 70 y el cyborg contemporáneo, el lenguaje trans y queer de la emancipación.” De esta manera Paul Preciado hace un llamado a la lectura de Xenofeminismo, tecnologías de género  políticas de reproducción, de Helen Hester. Claro que también abre el paraguas y avisa –con el imperativo marketinero del “ámalo, ódialo, pero léelo”– que no habría recepción intermedia para este nuevo feminismo. ¿Por qué? ¿Qué es lo que el xenofeminismo plantea de nuevo?

Helen Hester es profesora de medios y comunicación en la Universidad de West London, no llega a los cuarenta años y acaba de ser madre por primera vez. A tres años de haber lanzado el manifiesto xenofeminista junto con su grupo de investigación, Laboria Cuboniks, publica un libro que, entre otras bombas, propone el rechazo a la figura del “Niño” asociado al futuro. ¿De qué Niño estamos hablando cuando pensamos en el futuro como un lugar a construir para nuestros niñxs? El Niño es la figura idealizada frente al cual se posponen las vidas presentes para un futuro más habitable. Hester nos advierte que ese Niño es blanco, de  buena familia,  heterosexual y monógama que se ofrece como mejor modelo para la reproducción social y biológica. 

En la Argentina hemos visto pasar estos últimos meses por las calles la silueta plástica y agigantada de ese Niño (el bebito) rogando nacer. Este futuro es parte fundamental de esta rama del feminismo que hace cruza con lo queer y la tecnologìa.  “Al xenofeminismo le interesa construir un futuro extraño. Para lograrlo, sin embargo, debe enfrentarse a las imágenes habituales del porvenir”, afirma Helen y dedica un capítulo entero del libro a desarrollar la idea de un futuro xenofeminista, en el que retoma el llamamiento de Lee Edelman a rechazar la tentación de reproducirse biológicamente para dar lugar a nuevas formas de familia y cuidado aprendiendo del modelo de parentesco queer. 

¡(Re)prodUzcanse!

“Hagan parientes y no bebés”, esta consigna de Donna Haraway que se analiza en el libro, ¿resume lo que podría ser una  política xenofeminista de reproducción y futuridad?

La consigna de producir parentezco, por encima y contra la práctica habitual de hacer bebés, cobra sentido cuando se la entiende como un llamado a priorizar la generación de nuevos tipos de redes de contención, en vez de fomentar la irreflexiva reiteración de lo mismo. Lo que necesitamos es desfamiliarizar la familia biológica y al mismo tiempo refamiliarizar las redes alternativas de solidaridad e intimidad para que se vuelvan mas abarcadoras y estén al alcance de la mayor cantidad de personas posibles. De qué manera podemos pensar la reproducción –incluso solo en el sentido de asegurar la supervivencia de otros en el futuro– sin reproducir también lo peor de la futuridad reproductiva? Una futuridad donde el futuro se observa solo para algunos niños, porque ni los niños racializados ni los queer ni los que necesitan cuidados diferenciados están incluidos ahí.

¿Cómo fue la transición entre la teoría y la práctica con tu propia maternidad? Mientras escribía el libro no tenía ninguna intención de ser madre, no era parte de mis planes en absoluto. Y sin embargo logró ser una disrupción muy interesante en mi vida. El embarazo fue espantoso, sufrí de hiperemesis y esa experiencia reforzó la idea de lo que escribí en el libro respecto de la autonomía física, así como mi crítica a la mitologización de la maternidad y el embarazo como el terreno natural de la mujer, como algo que tenemos que festejar. Al mismo tiempo mis amigas trans me ayudaron mucho a navegar la burocracia médica en el Reino Unido. 

¿Cómo te ayudaron tus amigas trans?

Es que ellas tenían experiencia en tener que ser sujetos activos porque viven en un combate continuo con las autoridades médicas, luchando por lo que necesitan. Y de repente me encontré con la situación de ser un cuerpo embarazado con necesidades distintas que tenía que defender y luego luchar para conseguirlas. Lograr eso requiere un nivel de conocimiento institucional que te lleva mucho tiempo adquirir, es ese sentido la solidaridad que tuve de mis hermanas trans es algo que agradezco mucho. Me escribían hasta las cartas que yo tenía que presentar, me enseñaban estrategias para ganarle a la burocracia de la salud. Fueron un recurso indispensable en un momento en el que yo sentía que mi cuerpo no era realmente mío en mil maneras distintas. 

¿Cómo convive hoy el activismo feminista y trans en el Reino Unido? 

Es importante entender que las luchas por los derechos trans y los derechos reproductivos, la justicia reproductiva, están estrechamente ligada en sus problemáticas. Hoy hay una tendencia de división en el Reino Unido, particularmente estamos en un momento crucial en cuanto a la forma y al camino hacia donde se está dirigiendo el diálogo feminista, porque hay mucha exclusión trans en el feminismo radical. Consideran que las mujeres trans no son mujeres, insisten en que son hombres y en llamarlxs de esa manera. Hay un alto nivel de hostilidad y agresión, están socavando un potencial lazo de solidaridad. Y todo su argumento está basado en la capacidad biológica de los cuerpos. Siempre se vuelve al tema de la gestación, del dar a luz, de la menstruación que se vuelve la base para definir lo que es ser mujer y lo que no, algo contra lo que el feminismo viene luchando desde siempre.

¿Por qué crees que está sucediendo esto justo ahora, un momento de avances importantes en cuanto a las políticas de género y diversidad?

Justamente creo que es una reacción contra eso mismo. Mucha gente teme que las bases de la política feminista que existe hoy pueda cambiar de una manera radical. Entonces reaccionan de forma violenta precisamente porque el mismo término “género” está cambiando dentro del discurso. La reacción es un giro extraño que vuelve sobre el temor hacia el hombre pero ahora redirigido hacia las mujeres trans. 

Suena hasta anacrónico...

Y además se está descartando un tipo más amplio de luchas conjuntas. Es muy deprimente, de todos modos es una minoría del feminismo británico pero que tiene una voz muy ruidosa, amplificada en las redes sociales desde donde monopolizan el discurso. De hecho se vivió durante la lucha por el aborto en Irlanda: las feministas radicales aprovechando ese debate para remarcar la exclusión trans, corriéndolxs del escenario alegando que la justicia reproductiva es cosa de mujeres. Es el mismo feminismo abolicionista del trabajo sexual que se vuelve contra los derechos de lxs trabajadorxs sexuales. El XF se posiciona en total solidaridad con ellxs. De hecho, el año pasado durante el paro de mujeres una de las consignas en las que trabajamos y de las que formamos parte fue por la discriminalización de lxs trabajadorxs sexuales. 

El colectivo trans históricamente ha sido un modelo de construcción de parentesco no biológico, desde la idea del cuidado y supervivencia.

Sí, eso es así. A pesar de que el Reino Unido es un contexto radicalmente diferente. El año pasado, en septiembre, participé de un evento llamado The World Transformed, que es un acontecimiento marginal para la conferencia del Partido Laborista, la izquierda de aquí. Y hay un evento llamado Mum’s para Corbyn: las madres apoyando al líder de la oposición, el socialdemócrata de izquierda Jeremy Corbyn. Y hablé en ese panel, aunque no era mamá. Solo estaba hablando sobre el trabajo de cuidado y el papel del cuidado en la izquierda y luego una de las cosas que realmente destaqué allí: si hablamos de reproducción social y sobre el trabajo de cuidado, no es suficiente con las mamás y las madres. Las madres son importantes y necesitan ser parte de esta discusión, pero hay tantos ejemplos de cuidados familiares adicionales que podemos extraer de la historia del parentesco queer, y la forma en que estas redes alternativas de reproducción social se han establecido funcionando con muy poco apoyo estatal, muy poca infraestructura social e ideológica. Es un modelo extraordinario de atención bajo condiciones muy difíciles en el que tenemos que pensar cómo nuestras iniciativas de política pueden atender a comunidades de cuidado más amplias en lugar de solo la aislada unidad familiar nuclear, que de por sí ya tiene mucho más andamiaje social para que funcione. ¿Cómo podemos apoyarlos y cómo podemos aprender de ellos? Y cómo podemos construir solidaridad con estas comunidades como parte de políticas más amplias

Pero este modelo ya existe, se sostiene en el tiempo y funciona. Especialmente en las clases más bajas porque simplemente no se puede sobrevivir sin este armado. Es un armado que no necesitó siquiera de un activismo organizado. 

La cuestión es que existe para permitir que las personas sobrevivan y, dentro de los límites de sus posibilidades, prosperar. Pero ¿Cómo pueden las partes y grupos de personas hacer que sea menos una supervivencia bruta y pura? 

El Xenofeminismo propone una respuesta en la tecnologìa. 

Exactamente, sí, en este  sentido amplio de lo que la tecnología puede ser. La familia como una tecnología. Y las iniciativas políticas como tecnologías, y cómo podemos intervenir dentro de ellas para llevarlas hacia direcciones más emancipatorias de lo que actualmente están dirigidas. Porque la tentación siempre es enmarcar cada iniciativa de políticas de izquierda en términos de familias trabajadoras. Pero hay tantas incrustaciones ahí: el valor del trabajo, la importancia de la ética del trabajo, la centralidad de la familia como un bien incuestionable. ¿Cómo se puede continuar deshaciendo eso? Es importante que apoyemos a los trabajadores y es importante que apoyemos a los cuidadores, pero enmarcar eso en términos de familias trabajadoras no es necesariamente la forma más productiva de hacerlo.

CAJA DE HERRAMIENTAS

Tal vez el punto más innovador de la teoría XF  es el que piensa a la tecnología como la principal herramienta de reapropiación para la lucha colectiva,  la aliada número uno para la emancipación. Sin embargo, el intento de articular una política de género revolucionaria a la medida de una era global y tecnológica, termina encontrándose con los límites y restricciones del páter capitalismo. Esta contradicción entre un enunciado mega inclusivo y una práctica que a simple vista puede ser desarrollada por unxs pocxs o, en el mejor de los casos, por una vanguardia artístico-académica hiperconectada, hizo que Hester levantara el guante y se pusiera a bajar a tierra los postulados del XF. Su ejemplo concreto de cómo sería una tecnolgía xenofeminista la basa en las prácticas de las feministas de la segunda ola. Un grupo de mujeres se junta para realizarse chequeos ginecológicos, conocen primero su cuerpo y se dan cuenta de que el útero está más a mano de lo que creen -o de lo que la medicina clínica les ha hecho creer-. Inspiradas en el equipo portátil de los aborteros clandestinos, llegaron a fabricar el Del-Em, un dispositivo que servía para realizarse abortos en las primeras semanas de embarazo y que constaba de una botella con dos cánulas y una jeringa para la succión. Estas y otras técnicas se denominaron de autoayuda pero siempre fueron practicadas y acompañadas por un grupo de mujeres, como fue el caso de  Jane Collective un grupo que en Chicago comenzó practicando abortos clandestinos en hoteles contratados para eso, hasta convertirse en una clínica subterránea itinerante.

¿Cómo pensás el cruce práctico entre tecnología y movimientos emancipatorios?

Es cierto que hay, dentro del XF una observación y estudio del los fenómenos tecnológicos más avanzados, pero yo trato de compensarlo pensando a la tecnología como esas herramientas cotidianas que podrían dispersarse extensamente, como el Del-em, un artefacto de técnica abortiva que se puede construir con las partes de objetos que tenemos todxs en nuestras casas, muy fácil de armar. Y creo que si el XF no se pone a pensar en estas cosas, en materiales tecnológicos accesibles, entonces no está haciendo su trabajo. Porque nuestro interés es equilibrar el impacto diferencial que tienen las tecnologías sobre mujeres, queers y disidentes de género, aprovechando los distintos dispositivos, conocimientos y procesos para fines vinculados a la política de género. Está el caso que trato en el libro de Ryan Hammond Open Source Gendercodes. Una iniciativa que  busca cerrar la brecha existente entre la salud de autoayuda y el movimiento de software libre y código abierto. Él estudia posibles prácticas de biohackeo para que las personas puedan producir sus propias hormonas en centros comunitarios especialmente pensados para eso y usando plantas de tabaco transgénicas. De todos modos, yo pienso a la tecnología sobre herramientas básicas, artesanales casi. Para mí el portabebé es una tecnología y el Del-Em es el mejor ejemplo de cómo sería una tecnología xenofeminista. 

¿En qué sentido?

Las aplicaciones concretas del Del-Em, junto con sus protocolos de uso, fueron tan solo un nodo dentro de una red mayor de esfuerzos tendientes a lograr una transformación a largo plazo que logró cambios. Por ejemplo, las activistas tenían el objetivo de establecer una nueva infraestructura médica y esto no solo les exigió abrir distintas instalaciones de salud en el estado de California sino también expandir el proyecto hacia nuevas áreas. Pero no tampoco podemos concentrarnos solo en este tipo de autodefensa médica, el Del-em no es suficiente para a política reproductiva feminista sino una forma de autodefensa frente a estructuras legales, políticas, sociales, que son enormes barreras para los reclamos feministas y de todo aquello relacionado a la autonomía del cuerpo de las personas. 

¿El concepto de escalabilidad de las políticas xenofeministas vendrían a dar cuenta de esto? 

Si, creo que hay que combinar el control sobre el propio cuerpo, estas formas de autodefensa biomédica con los esfuerzos por rediseñar los marcos legales, este es un ejemplo válido dada la situación de Argentina en este momento. O sea, no hay manera de afirmar que en un país en el que han muerto centenares de mujeres por el aborto ilegal, la salida pueda ser la diseminación del Del-em. Se necesitan esos movimientos de base para cambiar las estructuras legales. Y el movimiento feminista argentino está haciendo cosas que inspiran al mundo en este momento, son líderes mundiales en términos que se están moviendo en las tres esferas, en lo macro, lo híper local en términos de los cuerpos de los individuos, y del trabajo mesopolítico de combinar estas luchas con niveles más altos en el poder para generar estructuras macro distintas. Y es algo que me parece muy útil en cuanto a la historia del feminismo también, en el libro hago referencia a Jane, que hacía foco en la realidad material del dia a dia de las mujeres que llegaban a ellas con una situación que tenía que ser solucionada. Pero al mismo tiempo combinaron eso con el trabajo conjunto con otros grupos y agencias para lograr cambios en lo legal. Para eso es esencial la coalición, yo creo que, por ejemplo, un eslabón vital que une la autoayuda de la segunda ola con la atención contemporánea de la salud queer y trans fue el activismo ligado al VIH/ sida durante las décadas de 1980 y 1990. Y existe una íntima vinculación entre la justicia reproductiva y el activismo contra el VIH/sida, no sólo por la necesidad del conocimiento del propio cuerpo sino también por la relación que hay entre las dos problemáticas y el placer sexual.     

¿Cuáles fueron las críticas que más les hicieron?

Bueno, por ejemplo, la idea de la universalidad, que me interesa mucho y es una idea difìcil de comunicar si tenemos en cuenta que estamos pensando la diferencia. Pero es difícil comunicarlo porque el concepto tiene una historia muy contaminada, entonces si te metés con este concepto tenes que aceptar lo que vendrá junto con él.  ¿Qué querés decir con universal?

Para mí, lo universal es una categoría política que se construye y es el acto de ensamblar un nosotrxs. ¿Quién es nosotrxs? Y no es que vamos a encontrar la categoría que reúna a todo y a todxs, pero es un esfuerzo por tratar de reconstruir el concepto de universal para que sea más inclusivo, más una composición, una herramienta con la que podamos hacer cosas. Cuando hablamos de universalidad está estrechamente ligado a la solidaridad y a la solidaridad es necesario agitarla, aunque haya algunas personas que dicen: “Bueno, hay que enfocarse en las diferencias” término clave dentro de la teoría feminista, y a esa actitud es muy difícil no ponerla en contraste con la solidaridad, que en sí misma, yo creo que debe ser entendida a través y dentro de las diferencias.

Es una época ávida de teorías nuevas. El tema también es que las teorías no puedan conectar con las personas en las que trabajan. O incluso no puedan ser comprendidas... 

Sin dudas es un debate muy académico, y esa es otra de las críticas: no es un material de lo más accesible. Salvo que estés dentro del debate del aceleracionismo, el posthumanismo, la interseccionalidad. Por eso, este libro es precisamente una especie de traducción de lo que se està trabajando en el colectivo Labonia Cubonik, que espero comience en cierto grado con el el libro y que la gente pueda seguirla según sus ámbitos de trabajo y activismo.

Xenofeminismos (Caja Negra) se presenta el 25 de septiembre a las 18.30 en Casa Brandon, Luis María Drago 236.

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