Desde Los Angeles

Muy buenos días, amigos del deporte

Desde la peligrosa ciudad de Los Angeles los saluda este cronista volante. ¿Qué  oculta razón, se preguntarán ustedes, nos retiene acá, en Pasadena, cuando ya la Argentina ha sido traicioneramente eliminada? ¿Qué extraña motivación nos hace enfrentar los peligros de tifones, incendios forestales, rebeliones negras y la latente amenaza final del "Big One", el estremecimiento definitivo con que la fatídica "Falla de San Andrés" empujará definitivamente a California hacia las profundidades del mar Pacífico? Muy simple: la cobertura del importante partido que, pasado mañana, disputarán en la bella San Francisco dos poderosos equipos que participan de esta Copa y cuyos nombres ahora (por esos caprichos de la memoria) escapan a mi recuerdo. Pero tengan ustedes la seguridad, amigos de Rosario, que apenas los vea ingresar a la cancha sabré de quienes se trata y les informaré al respecto. Acá me preguntan mucho por el Tigre Cavallero. Desean saber cómo se hizo en Rosario para evitar los terremotos. Les expliqué sobre la importancia del zanjeo. El alcalde de Pasadena, por ejemplo, insiste en declarar a Beverly Hills y barrio Echesortu, "ciudades hermanas". Le pedí que dejara su teléfono y que le contestaríamos. Otra propuesta para la "Capital de los Cereales" es la de un alto funcionario del Downtown de L.A. Propone abrir un "Little Tokyo" en Rosario, un "Chinatown" en la zona de Tablada. Me dice que nosotros pondríamos los materiales y ellos los chinos. Sospecho de la intención. Vislumbro que el gobierno de Clinton quiere sacarse de encima a los extranjeros. Quien ya está en San Francisco es el Negro Postiglione, nuestro reporter de avanzada. Fue invitado a visitar la ex prisión de Alcatraz. Le dijeron que le abrirían exclusivamente para su visita. Lo acompañará un guía turístico que conoce al dedillo el presidio ya que se trata de un ex convicto que pasó por allí sus mejores 42 años, encerrado por violaciones reiteradas. Malena Cirassa, la reportera-poetisa, en tanto, ha sido cautivada por la estrafalaria fauna humana que transita por la playa de Venice. Allí, nuestra inspirada escritora disfruta del sol que, sin duda alguna, es el gran ausente en la ciudad de Rosario. Pero no deja por eso de escribir. Ayer mismo, ante una multitud que la rodeaba, escribió sobre las arenas (ayudada por una rama de tilo) el siguiente poema: "Volé de Boston a Dallas/ de Dallas a Pasadena/ quise quedarme en Los Angeles/ y Hagi me dejó afuera". Bueno, amigos del viril deporte del balompié, esto ha sido todo por hoy. Un imperceptible movimiento telúrico está moviendo mi mesa de trabajo. Escucho sirenas de los bomberos. Estimo prudente interrumpir nuestro contacto por un tiempo. ¡Qué casos y que cosas tiene el deporte, mis amigos!

 

Defensa del aeropuerto de Fisherton

Al rosarino no hay nada ni nadie que lo detenga. Su pasado inmigrante lo impulsa a movilizarse permanentemente, como si tuviese hormigas en el alma. Es así como este cronista sobrepasó los peligros increíbles de Boston, Dallas, Los Angeles y San Francisco. Ni siquiera el calor (el perfeccionado calor del Primer Mundo) logró atemorizarlo. Para quien ha crecido abrazado por el calor rosarino y la humedad ambiente, el sol de Dallas, por ejemplo, que terminó con grandes de la talla de John Wayne y Burt Lancaster (por mencionar algunos) en más de una película, es una tímida lamparita de diez voltios. Dallas mismo, con su antiestético perfil (se supone que Kennedy no fue asesinado, sino que se suicidó al verse allí) no pudo desalentar al periodista. Y vale el tema para reivindicar ciertas cosas. Rompamos una lanza, entonces, sin ir más lejos, en defensa de nuestro aeropuerto de Fisherton. ¿Para qué quieren remodelarlo, agrandarlo, dotarlo de todos los adelantos de la tecnología? Dejémoslo así, pequeño, peludo y suave. Acá, cuando uno llega, en una corta y sana caminata, se desliza desde el avión hasta la sala de retiro de equipaje. Cuando recibe el equipaje, en apenas diez metros se encuentra con la posibilidad de alquilar un remis o bien (si es más pudiente) alquilar un auto. Y haciendo unos metros más, ya se va del aeropuerto. En cualquier aeropuerto importante, la cosa alcanza ribetes descomunales. Para ir nomás de un embarque a otro, a veces hay que trasladarse seis o siete cuadras, cargando bolsos y valijas, cual una sufrida bestia de carga. Cómo será que, en muchas ocasiones, estas monstruosas aeroestaciones (eficientes y culposas) cuentan con cintas transportadoras que lo ayudan a caminar a uno, que ya está viejo y vencido. Alquilar un auto puede significar cambiar de piso (del primero al segundo o viceversa), ir a tomar un ómnibus de determinada compañía que lo transportará, entonces, a las bases de operaciones de RentaCar, Avis, Alamo, etc., con el riesgo de errarle y aparecer en un barrio de amenazantes portorriqueños. Después de alquilar el coche, la cosa implica estudiar cuidadosamente la salida para no meterse en el freeway equivocado y desembocar, una vez más, frente a la pista de despegue del mismo avión que uno ha dejado y que ya comienza a carretear hacia Las Vegas. Todo lejos, todo difícil, todo complicado pese a la excelente señalización y la profusa información para imbéciles como uno conque estos aeropuertos cuentan. Pero, mejor, Fisherton. Todo chiquito, todo familiar, todo amistoso. Y, si el día de mañana van a venir muchos aviones cargados de turistas, bueno, que esperen un rato. O que se vengan en barco, que es más romántico y es la vía natural para venir a una ciudad portuaria, con un fantástico río a uno de sus costados. Pero al aeropuerto de Fisherton, mejor no lo agrandemos demasiado.

 

Su ojo en la noticia

Así como la pelota busca al jugador, hay ocasiones en que, la casquivana noticia elude al periodista. De tal forma, mientras el aquilatado grupo de cronistas que hace posible esta valiente columna de denuncia viajaba a los Estados Unidos a cubrir la controvertida realidad de Disneyworld, acá, en Rosario, Diego Armando Maradona (tal vez aprovechando esta circunstancia) se alejaba de Ñuls y manos no demasiado anónimas prendían fuego a la sede de Rosario Central. Caprichosamente, ambos eventos deportivos no tuvieron repercusión merecida en la soleada península de Florida dónde la atención de un periodismo frívolo se hallaba más interesada en los lejanos sucesos de Bosnia--Herzegovina. Dadas así las cosas, "Desde El Cairo" no ha podido aún expedirse, brindando su palabra de luz sobre los sucesos por todos conocidos. Prometemos a nuestros sufridos lectores una exhaustiva investigación sobre ambos temas a partir de reportajes sin concesiones y pericias profesionales. Es notorio que a esta ciudad no se le puede dejar más de una semana. No lo haremos más.

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