MELISA GRETTER
Con el corazón en la mano
El básquet la enamoró a los 8 años y a los 25 es la gigante de 1.68 metro de Las Gigantes. En Rafaela comenzó a picar una pelota, llegó a España, Brasil y sueña con llegar a Tokio 2020 y a la WNBA; no le teme a nada ni a nadie y lucha por la igualdad de la mujer dentro del deporte.

Con los pies la rompe. En Instagram, en Twitter, o en la red social en la que se bucee, hay alguna pirueta suya con una pelota de básquet haciendo jueguito. No se trata de amor por el fútbol, se trata de amor por el deporte. Es que Melisa Gretter exuda pasión. A los 25 años y con un 1.68 metro desafía a cualquiera. La talla nunca fue un problema para ella porque su talento está escondido en cómo se formó para jugar al básquetbol. Mientras algunos le decían que era una locura dejar que la pequeña Melisa estuviese picando una pelota entre varones, fue Marta Calvi, su mamá, la que entendió que el deseo de su hija estaba por encima de lo que podía decirle cualquier otra persona: “Le agradezco a mi mamá que me dejó ir a jugar con varones, porque desde ese momento me enamoré del básquet y no me imagino qué otra cosa podría haber hecho”.

No había una actividad específica que le gustaba a Melisa, andaba por las calles de Rafaela con ganas de correr y saltar. Inquieta la nena diría cualquiera. Pero a los 8 años le llegó la llave de la historia: “En la escuela donde estudiábamos junto a mis hermanos Marcos y Nicolás llegó un volante del club Peñarol, invitando a los alumnos sumarse a practicar básquet. La verdad que cuando lo propusieron ellos enseguida aceptaron ir, y yo los seguí, aunque en realidad me interesaba mucho saber de qué se trataba eso de jugar al básquet. En el club querían armar un  equipo de mujeres y otro de varones. Así arrancó todo”.

Aquel proyecto de básquetbol en el club Peñarol se mantuvo, pero para las mujeres se diluyó bien rápido: en una semana ya no había chicas para entrenarse junto con Melisa. Pero la más pequeña de los hermanos Gretter ya estaba cautivada por la pelota naranja y no iba a dejar de jugar. Continuó entrenándose con los varones durante 4 años. “Jugar con los varones me parece que me ayudó para poder tener un estilo de juego distinto. Quizá la lectura el juego y parte de mis fundamentos los saqué de esos primeros años de jugar con hombres”, le cuenta Gretter a Enganche.

Así como su vértigo dentro de la cancha se transformó en una marca registrada, su crecimiento dentro del básquetbol también tuvo una explosión. Comenzó en Ben Hur a sentir que su talento era correspondido y a los 14 años le llegó la primera propuesta de ir a jugar a Europa. Un llamado desde Italia a la casa de los Gretter fue el primer aviso. En familia resolvieron que era mejor esperar, que Melisa continuase con sus estudios y la primera experiencia fuera de Rafaela fue en Buenos Aires, para jugar en Unión Florida. A los 19 años sí dio el salto y su destino fue Zaragoza. Tomó las valijas con cierto temor, pero ir acompañada por Gisela Vega, la pivote que jugó en la selección facilitó la adaptación. Melisa estuvo dos años jugando para Mann Filter Casablanca. Se curtió como nunca y salió de allí para encarar un nuevo desafío: Brasil. La recibieron en Vera Cruz Campinas y todo resultó perfecto: MVP y campeona de la liga brasileña en 2018. “Cuando arranqué de chica nunca pensé que iba a poder vivir toda esta locura que me toca. Poder decir que tengo la suerte de vivir del básquet es algo que me parece increíble”.

Acaba de vivir una experiencia que deseaba desde hace un tiempo, poder jugar un Mundial. Estuvo en España con Las Gigantes y si bien las cosas no resultaron como pretendían, ya que fueron eliminadas en la primera ronda, el aprendizaje resultó más que importante para Melisa y para todo el grupo. Cada paso para Gretter es determinante porque dentro de sus objetivos está poder llevar al seleccionado femenino argentino a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Ahí están fijados sus sueños, por eso entiende que poder jugar fuera de la Argentina le da herramientas para elevar su nivel y el de sus compañeras: “Poder jugar fuera del país es una experiencia genial. Se aprende de la cultura de cada lugar que te toca visitar y medirse con jugadoras extranjeras te suma roce internacional. En España los dos años que estuve me permitieron conocer una liga muy fuerte, una competencia con un nivel altísimo que me ayudó a saber cuál es mi nivel. Y Brasil lo resumo en que me siento como en familia, porque la verdad es que desde que llegué me tratan excelente, recibo muchísimo cariño y estoy muy agradecida por lo que me dan en Campinas”.

No descansa, su dedicación por el juego es plena. A los 14 años conoció la selección de la Argentina y desde allí entendió cómo debía formarse un profesional. Se cuida en las comidas así como lo hacían los muchachos de la Generación Dorada y como lo hacen los integrantes del Alma. Se entrena a tiempo completo. “No puedo descansar, no quiero hacerlo. Si tengo una pelota delante quiero jugar. Cuando me dicen que voy a jugar menos minutos para cuidarme para otro partido no lo entiendo, quiero estar adentro de la cancha”.

Piensa en la WNBA, la meca del básquetbol femenino, y parece que nada es imposible para ella. Melisa pensaba que iba a ser un hobbie eso de tirar al aro. Sin embargo, su corazón la convirtió en un estandarte en los equipos en los que integró. Es una luchadora adentro y a fuera de la cancha, por eso siente que la igualdad entre lo que hacen los hombres y las mujeres debe imponerse más pronto que tarde. “Me parece que la igualdad en el reconocimiento, por ejemplo de los salarios, entre el básquetbol femenino y masculino es una materia a trabajar. Lo que hacen ellos es exactamente lo mismo que hacemos nosotras. Quizá debería ayudarse más a las mujeres porque todavía no es profesional la liga en la Argentina. En nuestro país las chicas estudian, trabajan y después se van a entrenar. El sacrificio es el doble. Lo bueno es que se consiga gente que quiera aportar al básquetbol femenino, que los clubes del interior sigan inscribiéndose a la liga femenina. Poder tener una Liga Nacional y que puedan participar jugadoras extranjeras va a ayuda a elevar el nivel. Ojo no sólo pasa en la Argentina esto de la desigualdad. Mis compañeras me cuentan que sucede en casi todos los países. Si bien no es mi país, mis compañeras de equipo en Brasil también me cuentan que se ven diferencias en salarios, en difusión, en todo. Ojalá que las cosas se modifiquen de una buena vez”, dice Melisa que pretende retomar a distancia el Profesorado de Educación Física.

Eléctrica y ocurrente. Quizá algo tímida por momentos, pero de personalidad potente entre sus compañeras. Las comparaciones son casi imposible de evitar y la referencia por su parecido en el juego con Facundo Campazzo es algo que la hace sentir que las cosas las hace bien: “Siento que hay algo parecido a Facu. Uno por la cuestión de la talla tiene que buscar elementos para emparejar la desventaja de no ser tan alto. Todos dicen que el básquet es un deporte de altos y eso no lo creo. Me parece que Campazzo piensa lo mismo y sentimos que lo necesario es tener garra, corazón, inteligencia y dejar todo en la cancha. Trato de usar mi fuerte que es la velocidad y ayudar a comandar al equipo. Me gusta ver partidos de Campazzo para guiarme con su juego y buscar las cosas positivas que tiene. Muchos elementos de su juego son muy buenos y eso lo miro para poder incorporarlo a lo que yo hago”.

La coronación con Las Gigantes contra Brasil en el Sudamericano de Colombia 2018, una conquista que no se daba desde hace 70 años, “es algo que se merecía el básquetbol femenino. Me parece que es el impulso necesario para seguir creciendo. Hay potencial en la Argentina, pero hay que seguir trabajando para no detener el proceso”.

Cuenta que admira a Manu Ginóbili, que espera poder conocerlo en algún momento, y que todavía no piensa en formar una familia, porque eso en este momento representa una complicación para la carrera de una mujer deportista. Por eso Melisa Gretter tiene clarísimo cómo decir lo que piensa: “El hombre la tiene más fácil que la mujer a la hora de pensar en formar una familia. Ellos no tienen que dejar de jugar si quieren tener un hijo. Nosotras si queremos tener un hijo debemos reconfigurar nuestra carrera. Yo todavía soy joven y no lo tengo en los planes, pero es una realidad y una sabe de las complicaciones de formar una familia. Hoy pienso en seguir disfrutando del deporte y quiero jugar hasta que me dé el físico”. 

 

gentileza CABB

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