Una economía de la humanidad

La Conferencia de Santa Fe realizada días atrás en Rosario,   organizada por la Cátedra del Agua de la UNR,  contó con la presencia y disertación, entre otras,  de Riccardo Petrella (ambientalista y polítólogo de referencia mundial). Su presencia dejó, entre muchas enseñanzas, que necesitamos remplazar la economía de mezquindad por una economía de  humanidad. Reemplazar a la economía de las tres I: inhumanización, ineficacia e injusticia social y ambiental por la economía de las tres H: humanización nueva de la economía, humanización nueva para la justicia social y ambiental y humanización nueva para toda la Tierra. Hablamos de una neo humanización, donde hay que democratizar el concepto de persona, para salvar la  humanidad y toda vida, que debe ser no individualista, no antropocéntrica y profundamente solidaria. Donde todos los bienes comunes públicos de la Casa común deben ser declarados personas con derechos, como el río Ganges y Yamuna en la India o bien el río Whanganui en Nueva Zelanda. Como lo debería ser también el río Paraná, planteo que viene realizando la Cátedra del Agua ante las autoridades. Declarar también la constitución del Consejo de Seguridad de los Bienes Comunes Públicos, y enunciando así al agua, el conocimiento y las semillas. La nueva humanización ya no es el hombre en el centro, sino la vida en su totalidad, no sólo la biológica sino también la geológica es decir la Pacha Mama.

Una economía de humanidad y de la vida significa que ésta  se debe someter a una política humanística y no a la renta, la mercantilización y financiarización de toda vida. 

Hasta mediados de 1970, bajo el Estado de bienestar, la economía industrial, aún con sus muchos defectos y profundos deterioros ambientales, implicaba un vínculo con la realidad planetaria, porque la obtención de bienes naturales para la producción, señalaban límites, tanto en la tierra, el agua y el aire. Dado desde ya por esas propias restricciones. Con el predominio del sector financiero no hay límites a la  depredación de la Casa común, pues su guía es el lucro, no el bien-estar. ¿Puede tener límite la superproducción de instrumentos financieros? No. ¿Puede tener límite la especulación financiera, como se vio en la crisis del 2008 que aún hoy sufrimos las consecuencias? No. Sólo habrá límites para proteger la Tierra,  si cambiamos positivamente a la economía de humanidad.

 El capitalismo financiero gira sobre su propio eje, burbuja al fin, sin vincularse con la realidad de la vida. Se calcula que la velocidad económica en el 2008,  superó más de 3 veces la capacidad de recuperación biológica de la Tierra y ni hablar  de la destrucción de los elementos geológicos. Las burbujas financieras, cuando estallan, generan desocupación y hambrunas extremas. Las finanzas tienen una distancia letal con la vida real. Objetalizan a las personas bajo los números. 

Las actitudes económicas, en general, son conductas aprehendidas, por ende son construcciones sociales. Lo cual nos da la esperanza, aún siendo muy realistas, que las personas pueden transformarse a favor de la vida. Veamos, así,  la actitud que tuvo el hombre frente a la esclavitud.

Hay que desmantelar la base cultural del neoliberalismo económico financiero. Deconstruir sus clichés clásicos, no originales, inmovilizantes y decadentes: pobres hubo siempre, la vida es así no hay nada que se pueda hacer, ya habrá tiempos mejores aunque hoy estemos peor, si estás mal es por tu culpa, si hay 6.000 millones de personas que viven con menos de 10 dólares por día es porque no son inteligentes. Pero, lo más terrible, bárbaro y devastador es que la dominancia financiera logre hacerles creer a las personas que la vida naturalmente es así. El pesimismo es funcional al neoliberalismo de la dominancia financiera. La audacia de la creatividad se ha transformado en una profunda necesidad. Como plantea Petrella, necesitamos audacia para erradicar la violencia y la guerra, audacia para declarar ilegal la pobreza y erradicar sus dispositivos reproductores y  para proteger al pobre. También necesitamos audacia para erradicar el actual sistema financiero depredador  del planeta.

La base subjetiva de la dominancia financiera consiste en la competencia desregulada, la codicia, la avaricia y la envidia, sentimientos que deben ser desterrados.  Por el contrario, la economía de humanidad se basa en el otro, no contra el otro. No existe en ella la otredad sino la notredad. Desde el ambientalismo inclusivo, y la nueva Carta de la Humanidad hacia el Ágora de los Habitantes de la Tierra, creemos que el otro existe en nosotros. Hete aquí la base de la nueva economía de humanidad.

En el mundo la riqueza trepó en  enero de 2018 a USD 1.143 billones de dólares. Sin embargo, prima la violencia de la profunda desigualdad, el 20% más rico detenta el 80% de la riqueza mundial y el 20% más pobre sólo el 1,3%. Argentina tiene casi el 10% de desocupación y más del 32% de pobreza y aproximadamente 8 millones de personas que no acceden integralmente al agua, dado el nivel de pobreza. Necesitamos exiliar la  pobreza de agua, de pan y de trabajo La economía de humanidad viene a erradicar esta injusticia social y ambiental.

(*)Director Càtedra del Agua UNR, doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales, magíster en Ambiente y Desarrollo Sustentable, especialista en Ambiente y Desarrollo Sustentable.

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