Segunda edición del festival cordobés Villa María Vive y Siente
Con mucho para hacer, ver y escuchar
En la Ciudad del Aprendizaje, declarada como tal por la Unesco, hubo música, teatro, circo, ciencia, una feria del libro, un encuentro de editores, otro de música para chicos y chicas, también con sus talleres para grandes y chicos. Todo con entrada gratuita.
La imaginativa instalación sonora con instrumentos realizados en bambú del grupo Suflaifla.La imaginativa instalación sonora con instrumentos realizados en bambú del grupo Suflaifla.La imaginativa instalación sonora con instrumentos realizados en bambú del grupo Suflaifla.La imaginativa instalación sonora con instrumentos realizados en bambú del grupo Suflaifla.La imaginativa instalación sonora con instrumentos realizados en bambú del grupo Suflaifla.
La imaginativa instalación sonora con instrumentos realizados en bambú del grupo Suflaifla. 

Desde Villa María

En la ciudad cordobesa de Villa María, el fin de semana largo (y un par de días de la semana, bien aprovechados por los chicos y chicas de las escuelas) se “vivió y sintió”. Es que el festival que se afianza en su segunda edición se llama Villa María Vive y Siente, y en cierto sentido hizo honor a su nombre. Entre las muchas propuestas mostró una infrecuente combinación en este tipo de eventos entre calidad y llegada a un público amplio, con mucho para “hacer” y “tocar”, además de ver o escuchar. Como con las muy interactivas muestras montadas sobre las obras de los ilustradores Pablo Bernasconi, Liniers e Istvansch, y una sorprendente instalación a partir de las obras del museo local, el Bonfiglioli. O la imaginativa instalación sonora con instrumentos en bambú del grupo Suflaifla, o la de “Juguetes con oficio”, laboriosamente hechos en madera y accionados a manivela. Hubo también música, teatro, circo, talleres de ciencia, robótica, juguetes ópticos y en madera, marionetas, instrumentos musicales, una feria del libro, un encuentro de editores, otro de música para chicos y chicas, también con sus talleres para grandes y chicos. Todo, con entrada gratuita.   

El festival se extendió en el corredor del Parque de la Vida de Villa María, sobre los terrenos que ocupaban los ferrocarriles y que, como ocurrió en muchas ciudades del país, debieron encontrar otros usos, aunque aquí continúa funcionando el tren de carga. Allí funciona todo el año el Centro Cultural Comunitario Leonardo Favio, con su teatro y sus salas, un teatrino al aire libre, la tecnoteca y la mediateca, con una apabullante cantidad de actividades (y hasta su propio bibliomóvil) comandadas por Anabella Gill, siempre atenta a cada detalle. Allí se lucieron juguetes madera del escultor, carpintero y titiritero Hernán Lira, accionados con mecanismos de viela, manivela, alambres, gomitas. Y los talleres de ciencia de Melquíades, todo un clásico de la Feria Infantil de Buenos Aires, que trabaja allí desde su primera edición, y que ahora sorprendió a los chicos y chicas villamarienses. A esos espacios se sumaron, para este evento, grandes carpas que albergaron las muestras y la feria del libro. 

Una muestra macanuda, sobre las obras de Liniers, La fábrica de las fantasías, de Bernasconi, y Papel protagónico, de Istvansch, fueron instalaciones originalmente montadas en el Museo de los Niños Barrilete de Córdoba, y ahora extendidas aquí. Cada una es un viaje por los personajes y libros de estos autores, con el detalle de que hay que meterse “de verdad”: también con el cuerpo. Y entonces se invita a buscar historietas en cajones, a dibujar con luz negra, a jugar con los bonetes de los duendes de Liniers o a la “Rebelión Tortoni”: ¿qué pasaría si tus pensamientos aparecieran escritos en el aire?  Además de exponer sus dibujos hechos a puro recorte de tijera (y a pulso de hierro), Istvansch dio talleres para adultos mediadores y también para chicos, en centros comunitarios de la ciudad. Una de las características del festival es que también se extiende y “llega” con actividades a escuelas, hogares de ancianos y centros comunitarios de los barrios. Y también a los hogares de quienes se anotaron en “El vive y siente va a tu casa”: los vecinos podían proponer su casa como escenario para una obra teatral. 

Sorprendió también la muestra Aquí hay gato encerrado, producida por el Museo Municipal de Bellas Artes Fernando Bonfiglioli. Aquí las obras del acervo cobraron vida, como una invitación concreta a sumergirse en ellas. Un bordado sobre tela de Melina Sánchez se volvía gigante entre líneas extendías en luz negra; el cuadro “Eximir culpas”, de Celeste Martínez llevaba sus nubes y su atmósfera a una sala entera, otros eran representados con actores en pequeños cortos, como cuadros contemporáneos muy bien realizados, y otros literalmente ponían “patas arriba” la sala, y así la mesa, las sillas, el perchero, todo pasaba a estar en el techo. 

Todo otro lugar destacado tuvo el Primer Encuentro Internacional de Música para Niñas y Niños “Villa María Vive y Siente con la Infancia”, realizado en el marco del festival. Entre las muchas propuestas de esta música (que es pensada para chicos, pero que no excluye a los grandes) estuvo Luis Pescetti, quien además fue declarado Profesor Honorario de la Universidad Nacional de Villa María. También el grupo Serelepe de Brasil, con una muy delicada propuesta para la primera infancia, Yaiza Gómez de Islas Canarias, La Banda del Loco Meñique de Uruguay, Los Musis de Prófica de Neuquén —que agitaron a los chicos y a las maestras, que terminaron arriba del escenario bailando “La cumbia de la ensalada”—, o los locales Los Musiqueros, Raúl Manfredini y Pal Mito, entre otros. Entre los talleres y conferencias, el uruguayo Julio Brum habló de “La importancia de la nutrición musical en la primera infancia”, y contó sobre la interesante experiencia de Radio Butia (www.radiobutia.com), que transmite exclusivamente música pensada para la infancia de toda Latinoamérica. Cerró ayer el festival el grupo Urraka, también para toda la familia, y además hubo música de Roxana Carabajal y Coqui Sorokin, entre otros artistas.  

  La feria del libro fue el espacio que albergó, principalmente, a los libreros locales y a las editoriales regionales como Caballo Negro y Recovecos; también a las editoriales universitarias como Eduvim, de Villa María. La presencia de escritores como Florencia Abbate —quien estuvo en distintas actividades— amplió la propuesta. Un encuentro de editores, realizado en paralelo, dedicado a pensar alrededor de “la edición en tiempos de crisis”, sirvió para que los representantes del sector hicieran catarsis, pero también empezaran a sugerir posibles líneas de acción conjuntas. No por nada, desde 2016 Villa María es Ciudad del Aprendizaje, declarada como tal por la Unesco. 

En el teatrino del Parque de la Vida también se bailó chacarera.

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