Las vaquitas son ajenas

Es una buena noticia que el ministro de Ambiente entienda y proponga que el Mercado de Hacienda de Liniers “no puede seguir funcionando” en la ciudad de Buenos Aires, junto al Riachuelo. Es importante recordar que el único ganado en pie que puede entrar en la ciudad es para exhibición, por ejemplo a La Rural. Desde que la Legislatura aprobó la ley 622 está prohibido el ingreso de ganado en pie, lo que se vino eludiendo gracias a sendas prorrogas elaboradas a instancias del entonces legislador Christian Ritondo.

En 1997, la empresa Mercado de Liniers S.A. compró tierras en San Vicente, provincia de Buenos Aires, donde se ubicaría el mercado. Se consiguió un importante predio, muchísimo más grande que el actual, y se hizo una ruta provincial para que pudieran entrar los camiones que trasladan ganado. El inicio de la era Macri en la Ciudad no consideró este tema hasta hace tres años, cuando desde ACUMAR se advirtió sobre el deterioro permanente que este lugar le generaba al Riachuelo. La limpieza del espejo de agua y de márgenes dejaba en evidencia todo lo que entraba por el Arroyo Cildañez al cuerpo central del río, toneladas de bosta de vaca.

Fue así que se produjo una reunión de trabajo entre el ministro de Ambiente de ese momento, Juan José Mussi, Ritondo –hombre del barrio de Mataderos y legislador–, la actual diputada nacional y por entonces representante de la ciudad ante ACUMAR Silvia Lospenato y quien suscribe, en ese momento vicepresidente ejecutivo de la autoridad de cuenca. De esa reunión surgieron una serie de pasos a seguir. Lo primero fue pedirles a los consignatarios del mercado que presentaran un plan de reconversión industrial que planteara un plan gradual para darle salida al mercado. La Ciudad también presentó un proyecto, elaborado con la Universidad de Columbia, para generar un proceso de reconversión industrial en el mientras tanto.

Mientras tanto, San Vicente cambió mucho desde 1997 y es hoy una zona de importantes countries. Pero el predio que se adquirió es lo suficientemente grande como para amortiguar el impacto del Mercado de Hacienda. Por lo tanto, se supone que hay bastante camino allanado para lograr el traslado.

Con lo que es muy importante saber qué va a ocurrir con la zona cuando pierda ese mercado decimonónico inserto en un barrio y que conlleva años definiendo los sentidos económicos y culturales del lugar. Esto no quiere oficiar como defensa de uno de los lugares más contaminantes del Riachuelo, todo lo contrario: lo que se plantea es que la salida del mercado no debe dejar “un cráter” en el barrio. Por eso es importante aprender de viejos errores cometidos, errores que saltearon la planificación y el pensar en cómo sostener y reconvertir la trama de factores económicos que ofician en torno de la centralidad que sostiene a un barrio.

Hay que recordar el cierre del Puerto de La Boca en 1970, al que no se le destinó ninguna nueva función ni se le plantearon nuevos objetivos. Desde ese día comenzó una larga decadencia en el único barrio de la ciudad fundado a raíz de un puerto. Otro barrio que vio cómo explotaba una bomba neutrónica en sus calles fue el Abasto. El cierre del mercado y los desaguisados de sus nuevos compradores hasta que se instaló el shopping, también generaron un desastre en la zona, ya que el mercado sostenía y daba sentidos al lugar, era la centralidad de su economía. Al día de hoy el barrio sigue recuperándose. En La Boca y en el Abasto quedaron grandes tradiciones culturales, que acudieron en ayuda de su recuperación. Podríamos simplificar diciendo que ambos tenían sus artes plásticas y teatro, además de una importante tradición en la defensa de la vivienda y el trabajo de los sectores desplazados.

Mataderos posee una feria tradicional muy concurrida, que tal vez sea una de las puntas por dónde empezar a pensarle un futuro a la ausencia del mercado. El predio bien podría ser pensado como proyecto que sume tradición, ambiente y cultura gaucha en la ciudad. Los tres barrios fueron generosos con Buenos Aires, los tres la proveyeron y la alimentaron, es imperioso que alguna vez se derrame la justicia urbana sobre ellos.

En La Boca hay un amplio movimiento vecinal que la excede y suma otros barrios en la sigla UXER (Unión x el Riachuelo) y plantea desarrollo que armonice lo productivo, lo turístico y el arte, teniendo al río como principal escenario, con sus barcos navegando y sus amarras funcionado. Se añora aquello que dio felicidad, lo que se entiende puede traer prosperidad genuina y no impostada. Se entiende también que el Plan Integral de Saneamiento (PISA), elaborado por ACUMAR, debería contar con un renglón vinculado a la navegación, como lo reclamaron la mayoría de las organizaciones en la última audiencia pública.

En el Abasto también muchos vecinos mantuvieron, durante dieciséis años, el fueguito para poder lograr un parque en la zona en que el FFCC Sarmiento va en trinchera, “El parque de la Estación”. Este proyecto fue el sueño para un enclave carente de espacio público y verde, y lleva como particularidad la creación de una “mesa de trabajo y consenso” que promueva la consulta y la participación vecinal, en los difíciles vericuetos de la gestión urbana. Sería bueno que a La Boca y Mataderos también se los contemplara siguiendo este modelo de democracia participativa. La Boca debe recuperar su tradición marinera, portuaria y navegante. El Abasto ya tiene una proyecto de ley en segunda instancia, aprobado por unanimidad en la Legislatura, a instancias de un proyecto de Carlos Tomada, apoyado por los vecinos y comuneros de las Comunas 3 y 5. Falta ahora pensar qué hacer con el Mercado de Liniers, un lugar donde aún se vende el ganado en pie.

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