El economista Dante Sica fue designado, en junio de este año, como ministro de Producción en reemplazo de Francisco Cabrera. Algunos dirigentes industriales vieron con agrado esa incorporación al gabinete nacional. La lectura predominante era que el director de la consultora Abeceb tenía un perfil más “productivista”. Entre otras actividades, Sica se desempeñó como secretario de Industria, Comercio y Minería en la presidencia interina de Eduardo Duhalde, fue director externo de Peugeot Citroen Argentina y asesor de la poderosa Federación de Industriales de San Pablo. 

En esa línea, los grandes industriales festejaron la salida de Cabrera. En marzo de 2018, el entonces ministro de la Producción mantuvo duros cruces con la Unión Industrial Argentina. Esta había emitido un duro documento sobre la marcha de la economía. Los industriales advertían sobre un conjunto de cuestiones (crecimiento de las importaciones, caída del consumo, costo energético, alza de la tasa de interés) que afectaban al sector productivo. La respuesta de Cabrera fue “que se dejen de llorar y que se pongan a invertir y a competir”. En ese contexto, la designación de Sica mejoró los ánimos de la cúpula fabril. El flamante ministro prometió que continuarían los reintegros a las exportaciones y bajarían las tasas de interés. 

El ministerio de Hacienda y el Banco Central hicieron lo contrario. Es más, la autoridad monetaria se comprometió “a no permitir que la tasa de política diaria se ubique por debajo del 60 por ciento anual hasta diciembre de 2018, respetando lo asumido bajo el esquema monetario previo”.  

El escenario es muy complicado para el sector fabril. La industria cayó 4,6 por ciento en el primer año de gobierno macrista. El repunte de 2017 (1,8 por ciento) no alcanzó a compensar el derrape de 2016. Los últimos datos oficiales revelan que la actividad industrial cayó 5,6 por ciento en agosto frente al mismo mes del año pasado. El acumulado del año acumula una baja del 0,8 por ciento. 

La figura de Sica ya no despierta tantas simpatías. Las expectativas industriales se diluyeron en poco tiempo. “Lo intimo al ministro de Producción, porque yo recorrí durante junio todo el país, diciéndole a las pequeñas empresas ¡Vamos a las pymes exportadoras!, que iba en nombre del Presidente, que él los iba a convocar a Olivos, pero no fueron convocadas”, disparó la diputada Elisa Carrió.

Los dirigentes gremiales también están disconformes. Al sumar la cartera de Trabajo, el ministro anunció que el Gobierno convocaría a las organizaciones sindicales “para mantener un canal de diálogo”. Además, Sica hizo un guiño al reclamo gremial de “paritarias permanentes”. Sin embargo, el deterioro económico-social impacienta las bases sindicales.

El 4 de octubre pasado, los sindicatos industriales (Unión Obrera Metalúrgica, Smata, Curtidores, gráficos, Textiles, Calzado, Asimra, entre otros) enrolados en la CGT marcharon al Ministerio de Producción y Trabajo. Los gremios reclamaron medidas de apoyo a la producción nacional y frenar la apertura indiscriminada de las importaciones. El petitorio entregado al ministro incluye un amplio pliego de reivindicaciones: acuerdos antidespidos, aumento de sueldos, jubilaciones y beneficios sociales, refuerzo de los programas de empleo, asistencia a las PyMEs y microemprendimientos, retrotraer las tarifas públicas a los valores vigentes en noviembre del año pasado, plan de construcción de viviendas sociales. Lo cierto es que un ministerio de Producción y Trabajo, en el marco de este proyecto económico-social, es lo más parecido a una cartera de Marina en Bolivia.

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@diegorubinzal