Elvis & Nixon, con Michael Shannon y Kevin Spacey

Presley, admirador del FBI

La película de Liza Johnson viene a desempolvar la historia de la visita de El Rey a la Casa Blanca, en su cruzada personal contra las drogas, el hippismo y la “ola antiestadounidense” de muchos de sus colegas, empezando por The Beatles, que amenazaban su reinado.
Spacey está mucho más logrado como Nixon que Shannon como Elvis.Spacey está mucho más logrado como Nixon que Shannon como Elvis.Spacey está mucho más logrado como Nixon que Shannon como Elvis.Spacey está mucho más logrado como Nixon que Shannon como Elvis.Spacey está mucho más logrado como Nixon que Shannon como Elvis.
Spacey está mucho más logrado como Nixon que Shannon como Elvis. 

Como un cruzado solitario, en su época Elvis Aaron Presley parece haberse propuesto desmentir por sí solo el carácter antisistema que siempre tuvo el rock and roll. “El ejército puede hacer lo que quiera conmigo”, declaró, de lo más orgulloso, cuando le tocó hacer el servicio militar, y durante la presidencia de Richard Nixon solicitó una entrevista con el mandatario para manifestarle su preocupación por lo que veía como “infiltración comunista” en la juventud de su país. Además de la perniciosa cultura de las drogas, el hippismo y la creciente “ola antiestadounidense” de muchos de sus colegas, empezando por los Beatles (que habían venido a arrebatarle el reinado). Según Elvis & Nixon, largometraje dirigido por Liza Johnson, producido por Amazon Studios y estrenado meses atrás en Estados Unidos, durante ese encuentro entre el Presidente y el Rey éste último habría ido mucho más allá, ofreciéndose como “agente especial” dentro del show business, para detectar y denunciar a los elementos disolventes. Con Michael Shannon como Elvis y el ya especialista en presidentes estadounidenses Kevin Spacey como Nixon, Elvis & Nixon acaba de desembarcar en la plataforma online Qubit.tv. Quien no esté suscripto a ella (es más económica que Netflix, vale aclarar) puede bajársela, de última, de una de las varias proveedoras de torrents de internet, con los debidos subtítulos.
Si Elvis & Nixon tiene un tono ligero es porque la propuesta de Presley es delirante. El delirio no es obra de los guionistas: es material desclasificado desde hace tiempo, como cualquier navegación en la web permite constatar y hasta otra película previa sobre el mismo tema (Elvis Meets Nixon, de 1997) anticipaba ya hace veinte años. En su trip personal (cosa curiosa que se ofreciera justamente para combatir a las drogas), Elvis se había inventado incluso un cargo hasta ese momento inexistente: “Federal Agent At Large”. Algo así como “agente federal libre”. Llegado a Washington D.C. directamente desde Memphis, Tennessee, el pionero del rock and roll quiere dos cosas. Una es ese puesto, para combatir las drogas, los hippies, el comunismo y los Beatles. La otra es una insignia. Una insignia del FBI. Elvis coleccionaba insignias. Allá en Memphis tiene un montón. Un día cae en la oficina del Director de la Oficina de Narcotráfico (el papel lo hace Tracy Letts, autor de Agosto y Bug, de William Friedkin) y le pide una insignia. Tratando de disimular su sorpresa, el otro –que cuando llega Presley se halla comiendo una banana– le explica que eso es una oficina federal, no pueden andar repartiendo insignias. “Pero acá enfrente hay varios negocios donde va a conseguirlas”. 
Lo otro que colecciona el intérprete de las mentes sospechosas son armas. En la primera escena se cabrea cuando por la tele no ve otra cosa que manifestaciones, Panteras Negras y hippies. Agarra una pistola fundida en oro y silencia todo esa subversión de un tiro certero. El día de la entrevista en la Casa Blanca intenta entrar con varias, incluyendo una en una sobaquera y una Derringer en la bota. Además de eso, le trae de regalo al Presidente una Colt de 1943, porque ese es el año en que Nixon usó un arma como esa en la Segunda Guerra. Lindo ejemplar, este patriarca del rock and roll. Uno de los momentos más graciosos de Elvis & Nixon es cuando sus asesores (magníficos, Colin Hanks y el poco conocido Evan Peters) intentan convencer al no particularmente permeable presidente de entrevistarse con el cantante, a quien Nixon apenas conoce. Kevin Spacey, que no se parece mucho al hombre de Watergate, logra evocarlo gracias a un fino trabajo de mimesis, tal como en su momento hizo Anthony Hopkins en Nixon, de Oliver Stone. Michael Shannon tampoco se parece en nada a Elvis, pero tiene menos éxito en la evocación. En primera instancia, Richard Milhous saca carpiendo a sus asesores, con ese buen humor que lo caracterizaba puertas adentro. Es ahí donde intervienen sus hijas, que no piensan permitir que papá no les consiga un autógrafo y una foto del Rey. Ahora sí, la entrevista está asegurada. Cargando más adornos dorados que un restorán chino, Elvis podrá hacer su disparatada propuesta a un Nixon que, especialista en ocultar lo que piensa, le prestará la atención que se le debe a un estadista. A un Rey, en este caso. 

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