Guns N’Roses en River, ceremonia rockera para 40 mil personas por noche

Regreso para conformar a la tribuna

La legendaria banda californiana entregó una síntesis entre los clásicos de la vieja formación y algunas canciones de la etapa más reciente. Y aunque no hubo mayor química entre Axl y Slash, lo que sonó fue suficiente para poner al rojo los motores rockeros.
El cierre del show fue con un despliegue de papelitos que pareció recordar a Kiss.El cierre del show fue con un despliegue de papelitos que pareció recordar a Kiss.El cierre del show fue con un despliegue de papelitos que pareció recordar a Kiss.El cierre del show fue con un despliegue de papelitos que pareció recordar a Kiss.El cierre del show fue con un despliegue de papelitos que pareció recordar a Kiss.
El cierre del show fue con un despliegue de papelitos que pareció recordar a Kiss. 

Axl Rose juró no volverse a juntar nunca más con Slash. “No en esta vida”, reafirmó, con tono apocalíptico y casi poético. Por eso, la gira que los reúne se llama Not in this lifetime. Otro capítulo de una saga archiconocida en el rock: aquella en la que el tiempo –o el negocio– hacen claudicar hasta al más malo. Incluso al “cowboy from hell”, tal la descripción que Axl estampó en una de las camperas que lució por estas pampas. ¿Será que el reloj biológico se volvió de arena y el temor a la muerte es un peligro real, tangible? Lo cierto es que la reunión sellada a través de esta gira que tuvo tres escalas argentinas (una en Rosario y dos en River) suena a reivindicación personal pero también a oportunidad comercial. Un detalle: en el show del viernes no hubo momentos de conexión íntima y sincera entre quienes compusieron una de las duplas más altas de la historia del rock universal. ¿Tanto les costaba darse unos guiños para su público? Parece que sí. Hacerlo no hubiese sido sincero y quizá estuvo bien que lo evitaran. 
Algunos creen que mejor hubiese sido verlos en el Whisky A Go Go de Los Ángeles en 1989. Es decir, en su momento de mayor honestidad artística y de furia escénica. Sin embargo, lo visto este fin de semana en Buenos Aires no estuvo nada mal: aquellos cincuentones cuentan con el respaldo de una obra que aún les permite salir de gira con el resplandor de sus bronces. Pocos minutos después de las 22 horas del viernes, los Guns dieron rienda a su regreso oficial en Buenos Aires desde 1993, año en el que se presentaron por última vez con su formación. Lo hicieron con el tándem “It’s so easy”, “Mr. Brownstone” y “Chinese democracy”, uno de los tres repasos del último disco de la banda, aquel en el que Axl se apoderó en soledad de la franquicia. Fue el preludio del primer momento de alto impacto de la velada, a caballito de “Welcome to the jungle”. 
Para ese entonces la voz de Axl se mecía entre arrestos de virulencia y los impedimentos propios del paso del tiempo, devaneo que fue depurándose a medida que avanzaba el repertorio. Una vez más, el bien y el mal debatiéndose en la voluminosa complexión del colorado. Aunque, a falta de una garganta infalible, el cantante pareció sentirse mejor expresado con el resto del cuerpo, multiplicándose por el escenario con una gran forma física y algunos de los movimientos que lo caracterizaron en su era de oro. A su lado –mas no pegado–, Slash se contraponía con una faena monolítica pero por momentos estática, como si no quisiera alejarse demasiado de su pequeño espacio de maniobra.
Terciando esta historia asomó eventualmente el bajista Duff McKagan (otro de los originales junto al tecladista Dizzy Reed), primero para cantar “Better” y luego para hacer lo mismo con “Attitude”, cover de Misfits grabado en The  Spaghetti Incident? La otra pieza histórica que se ensambló a esta aparición porteña de los Guns fue Steven Adler, baterista de “Appetite for Destruction”, el primer disco, el cual hicieron “Out ta get me” con él sentado al frente de los parches. 
Aunque la avanzada escénica de GNR 2016 es liderada por Rose, Slash tiene sus momentos de primer plano. Como cuando recrea “Wish you were here” con su legendaria Gibson de doble mástil, tal como supo hacerlo en visitas criollas anteriores con Velvet Revolver. Luego reaparece Axl sobre el escenario para sentarse al piano e iniciar “Layla”, de Eric Clapton, para más adelante sellar el tríptico de piezas de museo del rock con “November Rain”, la canción que más se viralizó en Argentina durante el lluvioso primero de este mes. 
Fue interesante como los Guns intercalaron éxitos propios con clásicos del rock, como “Sweet Child O’ Mine” precedido por con una larga intro de la canción de El Padrino a cargo de Slash, “Civil War” rematado con el leitmotiv de “Voodoo Chile” de Jimmy Hendrix o “Don’t Cry” mashupeado con “Babe I’m gonna leave you” de Led Zeppelin. Como si ellos mismos decidieran medirse con standards del género para sentirse a la altura. El repaso por composiciones ajenas incluyó obviedades como “Live and ley die”, de Wings, “Knockin’ on heaven’s door” del premio Nobel Bob Dylan o “The seeker”, de The Who. En el medio, dos canciones de propia cosecha muy  celebradas: “Used to love her”    y “Nightrain”. 
Ante una escenografía austera, apenas delineada con una serie de escaleras y pasarelas que rodeaban el sector central, el grupo apeló a una artillería de pirotecnia y cotillón que por momentos hizo dudar si se trataba de un show de GNG o de Kiss. Sobre todo al final, cuando volaron papelitos de colores, tal como el combo de Paul Stanley y Gene Simmons estila a la hora de “Rock and roll all nite”.  Fue en ocasión de “Paradise city”, canción que cualquiera de las formaciones siempre escogió para rubricar sus conciertos. En esta oportunidad, por suerte, se trató de aquella que cuenta con Axl y Slash. Para alegría de quienes fueron a buscar a River nada más (ni nada menos) el encuentro de quienes le dieron sentido y entidad a una de las bandas fundamentales de la historia del rock.

7 - GUNS N’ROSES

Músicos: Axl Rose (voz y piano), Slash (guitarra), Duff McKagan (bajo y coros), Richard Fortus (guitarra), Dizzy Reed y Melissa Reese (teclados) y Fran Ferrer (batería).
Invitado: Steven Adler (batería).
Duración: 150 minutos.
Público: 40 mil personas.
Estadio River Plate, viernes 4 (repitió anoche).

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