Luciana Panke, investigadora del acceso femenino a los lugares de poder
“Las mujeres no alcanzaron un lugar de naturalidad en la política latinoamericana”
La académica brasileña acaba de presentar en Buenos Aires su último trabajo, Campañas electorales para mujeres, donde analiza las líneas de acción de Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, Laura Chinchilla y Michelle Bachelet. Aquí, detalla el caso argentino, las dificultades de las mujeres en la política y el ascenso de Bolsonaro a la presidencia de Brasil.

Luciana Panke es una académica brasileña y se desempeña como asesora de imagen en numerosas campañas latinoamericanas. Vino a presentar su último trabajo, Campañas electorales para mujeres, en el marco de la Cumbre Mundial de Comunicación Política donde, también, analizó las recientes elecciones presidenciales en Brasil. Su libro, de un rigor académico indiscutible, se nutrió de la observación de numerosas campañas presidenciales de mujeres latinoamericanas durante la última década. Además, analizó las campañas de las presidentas electas en la región, que ocuparon sus cargos simultáneamente: Dilma Rousseff, Cristina Fernández, Laura Chinchilla y Michelle Bachelet. Panke señala que se trata de un tema urgente pues las mujeres están ganando (no sin dificultades) terreno en la política, en una época donde ser mujer y ocupar un lugar de poder sigue siendo una noticia en sí misma. 

–Presentó su nuevo libro en Buenos Aires, Campañas electorales para mujeres. ¿Por qué analizar esto como un campo específico? 

–Fue una gran alegría presentar mi libro en Buenos Aires. Argentina es el tercer país que realiza una edición del mismo, que además fue publicado en México y en Brasil. Curiosamente, los tres países forman parte de la historia de la obra que es el resultado de mi investigación posdoctoral, realizada en la Universidad Autónoma Metropolitana de México. El tema de las mujeres y la política es una cuestión urgente para todos los países latinoamericanos donde, todavía, el liderazgo femenino no está naturalizado. Inicialmente, la idea era investigar las campañas electorales de tres candidatas a la presidencia de la república en los países con los mayores PBI de América Latina: Argentina (Cristina Fernández de Kirchner), Brasil (Dilma Rousseff) y México (Josefina Vázquez Mota). Al inicio de la investigación pude percibir algunos rasgos parecidos entre sus campañas, sus narrativas y especialmente en relación a las críticas que ellas recibían. Empecé a profundizar el tema, investigando las campañas presidenciales de todas las candidatas latinas durante una década y también a entrevistar a mujeres políticas. Con eso, 15 países son contemplados en la investigación, enseñando el conjunto de retos que las mujeres enfrentan para estar en la política, que son muchos y son distintos de los que enfrentan los hombres. Así, el libro pretende mostrarle a la población esa realidad y fomentar el lugar de las mujeres en los diseños de campañas, apoyarlas emocionalmente y motivarlas a postularse.   

–A grandes rasgos, ¿qué encontró en su investigación sobre las campañas de Cristina?

–Lo que pude observar en las campañas de Cristina, particularmente en sus productos audiovisuales que son los contenidos que ha analizado es que se trató de una campaña emocional con personajes, supuestamente reales, que compartían sus experiencias. En cuanto al rol de las mujeres que figuraban en estos spots o, mejor dicho, respecto de las imágenes públicas de las mujeres que categorizo en mi libro (la guerrera, la madre o la profesional) además de la cuestión de la mujer guerrera, Cristina se presenta como la madre pública que va a cuidar a su gente. Por otra parte, su imagen aparece  casi siempre relacionada con la imagen de su marido, Néstor Kirchner, como si la fuerza viniera de él. De hecho, hay algunos spots que llevaban como slogan “la fuerza de él”. Esto es un aporte emocional muy importante para la imagen de Cristina. Aunque había fallecido, Néstor figuraba en los spots como el padrino político de Cristina. 

–¿Qué lugar tienen las mujeres en la política latinoamericana y cómo se ve reflejado eso en la comunicación?

–Todavía las mujeres no alcanzaron un lugar de naturalidad en la política latinoamericana. Es muy fácil observar que cuando una mujer es candidata, el hecho de ser mujer se vuelve noticia. Los números de representatividad son pequeños tanto en el poder ejecutivo cuanto en el legislativo. Los países con más representantes mujeres son los que cambiaron sus leyes para conquistar la paridad. Lo curioso es que aun así, por ejemplo, en Bolivia, donde hay paridad y donde tuve la oportunidad de dictar una conferencia, las mujeres son excluidas de las mesas de decisión. Están en números, pero no en voz. También, hace apenas casi un siglo que el sufragio femenino fue conquistado y la mayoría de los países permitieron a las mujeres votar y ser votadas después de los años ‘50 del siglo XX. Eso es uno de los factores que explican por qué todavía las mujeres no están en la política. Además, se suman otros motivos como una cultura eminentemente machista, donde el hombre es el responsable de las actividades públicas y a las mujeres les toca cuidar de los espacios privados y de la crianza de los hijos. En este contexto, la política es controlada por varones, para varones (especialmente heteros, blancos y de mediana edad). La violencia simbólica que sufren las mujeres líderes se ve directamente reflejada en los resultados electorales. 

–Hay que tener en cuenta las masivas movilizaciones de mujeres, su creciente organización y el auge del feminismo de los últimos años.

–Que las mujeres estén acaparando la agenda pública en muchos países, no solamente latinoamericanos, sino a nivel mundial, fortalece el lugar que podemos tener en el ámbito público. Con esto, hay dos cuestiones fundamentales: por un lado, se está demostrando que las mujeres tienen mucho para decir; por otra parte, los discursos contra el feminismo se agudizaron porque este va en contra del modelo imperante que indica que la palabra hegemónica es la de los hombres. Entonces, mientras más se fortalece el feminismo, más le molesta a la sociedad. Lo importante es que el vigor del feminismo lleva a que más mujeres se identifiquen con este discurso y se orienten a participar de la política. Veo a muchas jóvenes interesadas en ocupar lugares de poder. Creo que sigue siendo un panorama de resistencia. Se está configurando una imagen pública de las mujeres y es, sin dudas, gracias a las luchas que se están llevando a cabo. 

–¿Las mujeres de derecha y de izquierda comunican de la misma forma? 

–Cambian los discursos, pero los retos son iguales. Mi investigación ha entrevistado mujeres de todos los campos ideológicos y lo que fue posible percibir es que, independientemente de la ideología, ellas alternan tres tipologías de imagen pública: madres, guerreras o profesionales. Me parece que las de izquierda se muestran más guerreras, mientras las de derecha más ligadas a la imagen de madres. Es fundamental destacar que el predominio de un rol u otro depende de varios factores como la personalidad de la candidata, el contexto, las demandas de los electores, los grupos de presión y los adversarios que existen en cada caso. Los roles están explicados en detalle en mi libro, basado en las entrevistas que realicé y en las narrativas lingüísticas, sonoras y de imagen que las mujeres utilizan en sus campañas.  

–¿Cómo caracterizaría las recientes elecciones presidenciales en Brasil? 

–Desde la redemocratización en Brasil, cuando la gente pudo votar para presidente en 1989, hasta ahora, las elecciones eran disputadas por dos partidos principales: PSDB (Social Democracia) y PT (partido de los trabajadores). La excepción fue la primera, donde un partido chico ganó con Fernando Collor de Melo y ahora, cuando otro partido muy pequeño, postuló a Jair Bolsonaro (PSL). Así, el juego político estaba concentrado en las alianzas con los dos partidos principales (PT y PSDB) en una dinámica saludable. En 2018 la escena cambió mucho ya que es la primera vez que la ultraderecha presenta un candidato que estuvo delante de todas las encuestas y llega a la segunda vuelta con ventaja. 

–¿Cómo evalúa la campaña que llevó adelante el PT?

–Generalmente, las elecciones en Brasil son muy personalistas, o sea, conocemos a los candidatos, no a sus partidos. Actualmente, sucede un fenómeno curioso reflejado en esa pregunta: el PT es más grande que su candidato. Incluso, el “anti-PT” es aún mayor, aunque Fernando Haddad sea un hombre muy capacitado. La estrategia del PT se relacionaron con eso: Haddad intentó distanciarse del partido, tanto que cambió los colores de su logo en la segunda vuelta y Bolsonaro buscó presentarse como la única solución en contra la corrupción, relacionada directamente con el PT. 

Creo que uno de los grandes errores del PT fue mantener a Lula como candidato cuando ya era obvio que la justicia lo iba a inhabilitar. Un partido no debería tener solamente un líder, dejando de lado a los otros talentos. Tal es el caso de Fernando Haddad, que poseía todo el potencial para ser electo por su capacidad técnica y su carisma, pero sin margen de tiempo para la campaña y a la sombra de Lula, no pudo lograr la victoria en las urnas. 

–¿Cuál fue la apuesta de la campaña de Bolsonaro? 

–Con el slogan “Brasil encima de todo, Deus encima de todos”, reforzó los valores de una sociedad muy conservadora donde el Estado no es laico, donde el patriotismo se remite a los tiempos de la dictadura militar cuando se decía “Brasil, ámelo o déjelo”. Además, con ese slogan sintetizó el rechazo a los partidos de izquierda y a los movimientos populares, especialmente al PT, con sus banderas rojas. Además, su comunicación audiovisual utilizaba un estilo casero, con el objetivo de mostrar que no gastaba dinero en campañas. Bolsonaro aprovechó que faltase una oposición fuerte al PT. Existía una vacante para discursos anti-PT y Bolsonaro se posicionó como el principal vocero de esto. Por otra parte, adoptó una estrategia militar de información y desinformación. Es un trabajo sistemático que realiza desde hace mucho tiempo. Recordemos que él está en la política desde hace casi tres décadas y sus hijos también son políticos. Sus frases efectistas movilizaron el discurso de odio que circulaba en la población. Otro factor muy importante fue el uso de las redes sociales, los bots y los robos para que las fake news se diseminaran más rápido. La base de información para muchísimos electores fue lo que les llegaba por Whatsapp y los escándalos y mentiras se movieron con una rapidez impresionante. Todos los candidatos opositores a Bolsonaro fueron atacados, en especial Fernando Haddad. Circularon mentiras muy absurdas, por ejemplo que Haddad iba a imponer un “kit gay” para enseñar la homosexualidad en las escuelas. Lo más grave es que una encuesta mostró que el 80 por ciento del electorado de Bolsonaro lo creyó. 

–¿Es sorprendente la victoria de un dirigente que desprecia públicamente a ciertos sectores, incluso dentro de su electorado?

–Efectivamente, Brasil eligió al capitán del ejército Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal - PSL), como el nuevo presidente del país. Desde los años 40, es la primera vez que un militar ha sido electo para el cargo. Aunque Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores - PT) haya vencido en más ciudades, el resultado es de 55,13 por ciento contra 44,87 por ciento. El electorado brasileño tiene más de 140 millones de personas. En Brasil, el voto es obligatorio, pero sólo 78 por ciento de los electores se presentaron en los comicios y el resto no. Esta es una cifra inédita de ausentes, votos nulos o blancos. En total suman más de 89 millones de votos, lo que significa que no es la mayoría de la población la que lo apoya, de hecho, sus votantes representan menos de un 40 por ciento del total de los electores. Dicho esto, se puede puntualizar que Bolsonaro logró expresar verbalmente con violencia y perjuicios lo que muchos consideraban una verdad, pero no tenían la valentía de decirlo: como el machismo, la homofobia, la xenofobia y el racismo. Incluso defiende la reducción de la edad de imputabilidad penal y el uso de armas por parte de la población. Por más contradictorio que parezca, era el candidato que habla en nombre de Dios y ha hecho de las iglesias su base electoral. Habla de justicia, de Dios y a la vez defiende formas de violencia y de autoritarismo. Sus seguidores no creen en los medios, le creen a él. Incluso lo llaman “mito” o “el capitán”. Cuando alguien les sale al cruce, o les responde, interrumpen al interlocutor tildándolo de “petista” o “mentiroso”. Se puede chequear en las redes sociales y ha pasado en las relaciones personales.

–¿Considera que Bolsonaro ganó por haber realizado una campaña exitosa o su éxito se basa en otros factores?

–Entre los factores que explican la victoria de Bolsonaro destaco la crisis económica, la decepción con las instituciones y el odio al Partido de los Trabajadores, tomado como el único responsable por la corrupción. Para que tengan una idea, por acá, todos los problemas son por culpa del “PT” y si uno no es bolsonarista es petista. Cualquiera que defienda políticas sociales o que haya votado por Fernando Haddad es tildado de “petista”, como si eso fuera un crimen o como si se tratase de una complicidad con la corrupción. Muchos de los que votaron por Bolsonaro olvidaron que ellos también se beneficiaron gracias a los programas sociales impulsados por los gobiernos del PT. Especialmente, aquellos que llevaron a los jóvenes pobres a las universidades y todos los programas que favorecieron un ascenso social para determinados sectores. 

Por otra parte, creo que luego del atentado Bolsonaro se convirtió en un héroe. En sus discursos decía que nació de vuelta. Es curioso que la escena del atentado carecía de sangre, e incluso las imágenes de la operación muestran a los profesionales sin guantes. Por parte de su electorado, el relato era que el atentado fue una estrategia de los “bandidos del PT” y su posterior recuperación después de las elecciones una señal de justicia. Otro factor muy importante a destacar es que Bolsonaro participó solamente de un debate. Incluso, sus médicos lo permitieron participar, pero se negó a debatir con todos, especialmente con Fernando Haddad en la segunda vuelta. Como es un tipo muy polémico, la estrategia era dejarlo lejos de acciones donde perdería el control, manipulando toda la información de su campaña. Así, mucha gente basó su voto en información falsa, en una figura heroica, que representaba la solución para la corrupción. La gente sigue muy enfervorizada frente a su líder y, al mismo tiempo, contra las minorías que él estigmatiza: sucedieron cientos de ataques a gays, negros y mujeres después de su elección. La gente de centro, los periodistas, los gays, los negros, los progresistas, las universidades, los inmigrantes y los partidarios de izquierda temen por su libertad de expresión y el regreso de dictadura, ahora convalidada por el voto popular. 

–En cuanto a las fake news y la denuncia de Folha de Sao Paulo sobre el financiamiento de estas a través de Whatsapp. ¿Cómo se explica que, ante esta irregularidad, Bolsonaro siga siendo tan popular?

–El periódico Folha de São Paulo reveló un esquema de corrupción electoral sostenido por ciertos empresarios a favor a Bolsonaro. De acuerdo a la legislación electoral brasileña, los empresarios no pueden financiar campañas. Se descubrió que millones de reales fueron donados por empresas para que memes y fake news en contra de Fernando Haddad fueran enviados por Whatsapp. Lo que pasó es que esas empresas y el mismo Bolsonaro negaron el hecho y empezaron a decir que Folha de São Paulo no es un diario de calidad, que no saben hacer periodismo y lo tildó de “comunista”. Esto se debe a la baja credibilidad que tienen los medios en la actualidad. Bolsonaro se puso en contra de toda la prensa. Esto es muy grave y creo que la libertad de expresión está en riesgo: la periodista que hizo la denuncia está sufriendo persecuciones y ataques en las redes.

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