Tuve la suerte de enterarme que Avon había hecho unos videos sobre violencia contra las mujeres porque mis amigas se estaban burlando en un grupo de whatsapp. Es muy necesario tener amigas que se rían con una de toda la confusión.

Prácticamente le di play de un cabezazo. Lo primero que vi fue a un tipo frenando una moto en un estudio de grabación, fondo azul y nada más. Ahí me reí.

“¿No te das cuenta que la asustás a la chica?” dice el pibe bueno de bigotes mientras el pibe malo de la moto le grita cosas horribles a una mujer imaginaria. “No está bueno darle miedo a la piba, la estás traumando” insiste el sororo.

El video es larguísimo y al final tiene una reflexión espectacular.

¿Por qué molesta? Porque no siempre tenemos miedo. ¿Por qué hay que tener miedo para que nos dejen en paz? ¿Es necesario tener que padecer para que se entienda? Muchas veces solo tenemos bronca porque es injusto que te jodan en la calle.

Leí de varias personas que esto “sirve” porque entre varones se comparte. Seré “feminazi” pero dudo que sea buena idea plantear que no hay que decirnos piropos porque nos da miedo en vez de un simple “no molestes a las personas en la calle. PD: las mujeres son personas”.

¿Por qué es gracioso? Porque si reemplazas a la chica imaginaria por un perro (imaginario o no) y al acoso callejero por pirotecnia obtenés el mismo resultado: No tires rompeportones que los perros sufren.

De éste tipo de delirios empresariales aprendí que nada molesta más que la risa y la burla como forma de lidiar y/o combatir la mierda. Es la manera más orgánica de desarticular discursos rancios. Es liberador recibir el mansplaning con una sonrisa, que sea un ejercicio de fin de semana.

Cuando vivimos diciendo que el lugar que deberían ocupar los varones en el feminismo es hablándole a otros varones es inevitable enfrentarse a la siguiente pregunta: “¿qué carajo quieren las minas entonces?”. Me atrevo a decir que las minas quieren estar tranquilas.

Noelia Custodio: Comediante.