Con globito
Ya sea a través de un universo fantástico, con viñetas humorísticas o en forma de diario íntimo devenido en novela gráfica, aquí, un posible recorrido por obras imprescindibles que abordaron el sida en la historia del comic.

 

LA NOCHE MÁS LOCA

Un personaje con una berenjena por nariz se hace una paja viendo una porno en Súper 8 protagonizada por chongos salidos de un dibujo de Tom de Finlandia. Así comienza La noche más loca, la salvaje historieta humorística de 1989 del alemán Ralf König, ícono del cómic gay y uno de los precursores en incluir al HIV en las viñetas. Demostrando con tinta negra que si el virus recién llegado traía drama no había que sumar dramatismo sino humor. Un treintañero puto con pasado sexual intenso congela el contacto con un otro por miedo a contagiarse. El deseo es desplazado por el susto. Hasta que un cumpleaños lo pondrá pecho a pecho con su mejor amante, el holandés Willem. Recordándole todo el placer que se está perdiendo. Pero aquellas prácticas lujuriosas dentro de la bañadera ya no serán las mismas, porque el hombre en autoimpuesta cuarentena solo puede aceptar tener sexo si es seguro. Atesorando un nuevo miedo: que su machote de verga gorda no quiera coger con él al proponerle, no matrimonio, sino usar un forro; de frambuesa o canela.

 

 

EL INCREIBLE HULK

Los superhéroes, ese género que sostiene y extrema las ideas más conservadoras en USA (y ocasionalmente las más progresistas), no fue indiferente al HIV. Uno de los primeros personajes en enfrentarse al virus fue el Increíble Hulk, en el número 388 de 1991: el gigante verde no se había achicado ante una catarata de monstruos y villanos, pero se desarma cuando su mejor amigo, Jim Wilson, es diagnosticado seropositivo. Con más aciertos que errores el guionista, Peter David, escribe una historia triste y brutal. En el mundo de fantasía en que viven los personajes de Marvel aparece una opción de cura: a Jim Wilson, agonizante, se le ocurre pedirle al monstruo esmeralda una transfusión de su sangre radiactiva, con la esperanza de que acabe con el virus. Hulk se niega. Una respuesta realista a un planteo de fantasía en un mundo de fantasía. No hay lugar para piñas porque el drama ocupa cada página. 

 

 

GREEN ARROW

En 1993, el historietista estadounidense Judd Winick fue entrevistado para participar del reality show The Real World: San Francisco. “¿Compartirías habitación con una persona con HIV?”, le preguntaron en el casting. La respuesta afirmativa lo hizo ingresar al programa que le cambiaría la vida, y también el futuro de los cómics. En esa habitación conoció a Pedro Zamora. Quien no tardaría en convertirse en su mejor amigo. Pedro era seropositivo, y trabajaba como activista y disertante. Dentro de la profunda relación de amistad, y ahora compartiendo vivienda por elección sin cámaras que los vigile, Pedro instruyó a Judd para dar una importante conferencia sobre HIV, teniendo la certeza de que él no podría darla por el deterioro de su salud. Judd acompañó a Pedro hasta el último minuto, y luego partió a cumplir su promesa: transmitiendo todo aquello que su amigo le enseñó en la tan importante conferencia. Esta gran historia de amor incondicional merecía ser inmortalizada en una historieta, y así lo comprendió Judd: en el 2000 publicó la novela gráfica de 187 páginas Pedro and Me: Friendship, Loss and What I Learned. Un cómic que inauguró una nueva forma de plasmar el HIV en lenguaje secuencial, narrando una historia en primera persona. Sin embargo, 187 páginas no fueron suficientes: cuatro años después, Judd, dedicado de lleno a guionar luchas de superhéroes, sintió la necesidad de reflejar el HIV en la rutina de los enmascarados pero, esta vez, con conocimiento de causa. Lejos de las clásicas bizarreadas, la serie Green Arrow recluta como su nueva asistente a una chica de 17 años, Mia Dearden,  quien ejercía la prostitución. Personaje que se revela con HIV cuando Judd toma el lugar de su anterior guionista. Si esta historieta fue revolucionaria no es por hablar de los seropositivo sino porque, de civil o con traje de superheroína, Mia Dearden o Speedy, no es un retrato de los pasos hacia la muerte,  es un ejemplo de cómo es vivir con el virus. Cumpliendo con cada misión, salvando el mundo diariamente, sin por eso descuidar su propio cuerpo. De alguna manera, Speedy es Judd atravesado por su mejor amigo Pedro, representando bajo una malla cómo lo convirtió en su mejor versión. 

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