Temas de debate. Dos análisis sobre los resultados de la cumbre de jefes de Estado del G-20
Cumbres borrascosas
El cierre de sesiones del G-20 dejó para el análisis un documento con muy escasos aportes y un saldo de cuestiones no abordadas. Qué esperaba el Gobierno y qué logró. Qué papel cumplió la Cumbre de los Pueblos.

 


Un acuerdo lavado

Por Florencia Gosparini* y Alejandro Robba**

Cuando asumió el gobierno, Mauricio Macri salió por el mundo con una agenda internacional basada en tres objetivos: el ingreso a la OCDE, el acercamiento a la Alianza del Pacifico y la intención de presidir el G-20. Entonces el presidente argentino era visto como el líder de derecha que enterraría el periodo de gobiernos populares en Sudamérica. Las esperanzas del “mundo libre” sobre el rol disciplinador de Macri en la región llegaron a su fin. De sus tres objetivos solo se concretó el evento del G-20. No hubo ingreso a la OCDE y la Alianza del Pacifico fue dinamitada

El documento final del G-20 ha sido “muy lavado”. Desliza criticas al desempeño de la OMC, pero no dice qué reformas se llevaran a cabo; pone en evidencia la postura de Estados Unidos en contra del Acuerdo de Paris sobre cambio climático y relata desde la tribuna los problemas mundiales sobre los procesos migratorios desde países acechados por guerras y hambrunas. Sin embargo, nos parece esencial analizar qué sucede hoy en la economía internacional desde la óptica de los países periféricos. 

Como fuera señalado durante el Seminario de Economía Política Internacional organizado por la Universidad Nacional de Moreno, estamos frente a un momento histórico; el avance y repliegue de las derechas en América Latina, la nueva apertura comercial y financiera, y la profundización de los procesos de concentración y centralización del capital no son anomalías, sino que forman parte del proceso iniciado con Bretton Woods y de una crisis global del 2008 que todavía no ha terminado. De lo que se trata, entonces, es de no naturalizar estos procesos y la forma que  históricamente adoptan. 

El G20 se desarrolló en medio de una importante competencia estratégica entre China y Estados Unidos. Se trata de una competencia por recursos financieros y económicos, se pelea por los puestos de trabajo. Allí el desafío radica en la potencialidad de las propuestas de políticas nacionales y regionales de los países periféricos para potenciar estrategias de desarrollo plausibles en el largo plazo. 

Frente a un mundo en crisis es necesario comprender la disputa geopolítica en un marco de conflicto histórico y sus dinámicas cíclicas con características específicas. En ese sentido es clara la transformación y desacoplamiento, en términos de crecimiento económico, de los países del sur global en la primera mitad del siglo XXI. En dicho periodo, sigue siendo Estados Unidos quien mantiene la posición de centro cíclico principal; posición que se ve debilitada por la crisis financiera internacional de 2008 y el rol de China, como principal centro cíclico para la importación de commodities, oferente mundial de productos manufacturados y gran inversor internacional. Estamos frente a una transformación de la economía mundial en relación a la expansión y la proyección de los intereses económicos de China. Resulta imprescindible avanzar en una nueva estrategia geopolítica de los países del sur a través de un mayor multilateralismo favorecedor de una nueva geografía regional de desarrollo. 

Otro tema central que fue abordado durante el Seminario de Economía Política Internacional se relacionó con la inserción de países periféricos en las denominadas Cadenas Globales de Valor. Aquí debemos tener mucho cuidado con la naturalización del comercio mundial en términos de capacidades y desprovista de las relaciones de poder, propiedad del capital y conflicto, propios del modo de producción capitalista. El foco debe estar el rol de los Estados latinoamericanos para fortalecer y trabajar en conjunto con el capital privado nacional, en términos de recursos, políticas y apoyos necesarios, para así compensar la diferencia entre las capacidades de negociación de una empresa trasnacional y la contraparte local. Se trata de repensar y fortalecer un Estado que posea una visión de conjunto, atendiendo a las dinámicas cíclicas que el capitalismo despliega, al orden geopolítico con el único objetivo de la búsqueda de mejoras en la condiciones de vida de la población. 

* Investigadora-docente UNM.

** Coordinador de la Licenciatura en Economía UNM.


Lo calló el G-20; lo debatieron los pueblos

Por Javier Echaide *

El gobierno argentino presentó tres ejes durante el G-20: el futuro del trabajo, la alimentación sostenible y la infraestructura para el desarrollo. Los tres temas más importantes, sin embargo, fueron el comercio internacional, el cambio climático y la crisis migratoria. El planteo de origen del gobierno intentó esquivar temas conflictivos. La cumbre tampoco resolvió los temas que ponen en vilo a esta globalización neoliberal en crisis. En un documento final de cinco páginas hay pocas referencias sustanciales o con disensos, como es el caso de la cuestión climática. Resalta la mención de los líderes del G-20 al fracaso de la OMC para la regulación del comercio mundial, lo que motiva su necesidad de reforma.

Los temas que generan controversia, en cambio, fueron abordados en la Cumbre de los Pueblos: un encuentro entre organizaciones sociales de América Latina y de otras partes del mundo que durante dos días se concentraron en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y en la Plaza de los Dos Congresos con carpas públicas. Allí se realizaron foros de debate, como el Foro Feminista; el de Soberanía Alimentaria; el Foro de Migrantes; el de Bienes Comunes y Soberanía; pero también foros sobre juventud, salud, reforma urbana, y sobre derechos humanos: temas ausentes en los debates oficiales.

El Foro Feminista contra el G-20 ya había planteado su propia actividad en octubre, cuando se reunió el denominado Women 20. Sus debates trascienden la lucha por el derecho a un aborto legal, seguro y gratuito, pues bajo su consigna “tu mujer emprendedora es una ajustadora” planteó una proyección de mujer diametralmente opuesta a la del W20 centrada en un emprendedorismo individualista como opción “femenina” (y no feminista) de un supuesto empoderamiento de las mujeres.

El Foro de Bienes Comunes identificó la falta de diversificación económica que mantiene a economías como la argentina a ser generadora y exportadora de materias primas, y la necesidad creada por las empresas transnacionales de condenarnos al extractivismo como modo principal de inserción en las cadenas globales de valor. Esa situación afecta a las comunidades y a la naturaleza, expoliando las riquezas naturales en pos de un modelo de desarrollo que parece ilimitado, cuando fenómenos como el cambio climático nos señalan lo contrario. Los tratados de libre comercio (TLC) y los tratados bilaterales de inversión (TBI) también fueron tenidos en cuenta por este foro como formas de garantizar la acumulación de ganancias para las empresas bajo amenaza de demandas ante tribunales arbitrales. Argentina cuenta con una grave experiencia en ese sentido con, por ejemplo, 60 juicios acumulados ante el Ciadi.

La soberanía alimentaria es un concepto de larga data ya propuesto por la Vía Campesina –la red de movimientos sociales más grande del mundo– en oposición a la “seguridad alimentaria” planteada por los poderosos. La capacidad de los pueblos de decidir qué llevar a sus mesas para comer y en virtud de una alimentación sana y responsable, desafía no solamente la transgenización de los alimentos a escala planetaria, sino también proyectos como el de patentamiento de semillas que actualmente se está discutiendo en el Congreso Nacional con un proyecto de ley del que se debate socialmente bastante poco.

Argentina gastó de su propio presupuesto 200 millones de dólares para un G-20 que deja bastante poco para su población: un TBI celebrado con Japón a espaldas de los argentinos, una ciudad militarizada, y una momentánea distensión en la guerra comercial que mantienen Estados Unidos y China. Los sectores sociales y populares respondieron a la campaña del miedo instalada por el gobierno con una movilización pacífica y contundente de 50.000 personas en las calles. Y en definitiva, quedan planteadas dos agendas: la de los gobiernos enfrentados entre sí y con consensos aparentes para tratar de no mostrar sus fracasos, y la de los pueblos que exploran sus alternativas por otro lado, en forma mucho más inclusiva y abarcativa, y encarando los problemas de frente.

* Doctor en Derecho y Abogado (UBA). Investigador del Conicet y miembro de ATTAC Argentina.

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