Doble vida
Ambos vienen de lugares y experiencias muy diferentes, pero tienen un universo musical en común y sobre todo un entendimiento. Él fue ladero imprescindible de Luis Alberto Spinetta; los siete discos de ellas están entre los más interesantes que una cantautora haya grabado en los últimos años. El feliz encuentro entre el Mono Fontana y Florencia Ruiz acaba de dar a luz Parte, un hermoso disco en vivo, en una sola toma. Y esta nota cuentan cómo lograron un sonido propio entre los dos y por qué el plan es, justamente, andar sin plan.

Están contando algunas cosas. Cosas que les contaron que pasaron: que una pareja se separó y se reencontró a partir de un disco de ellos y que por eso, ese chico que acaba de irse, le acaba de comprar este; que discos que ellos han grabado terminaron rayados o volando por el aire y vueltos a comprar en son de reconciliación. Y Florencia Ruiz –el pelo color cenizo hacia uno de sus lados– sigue contando que su pequeño hijo a veces vuelve enojado del colegio porque la maestra no quiere hacer sonar alguna canción de Hugo Fattoruso durante la clase. Y recuerda, también, que su niño le dijo aquella mañana del domingo 8 de mayo de 2016, que iba a cumplir uno de sus sueños: grabar con Juan Carlos “Mono” Fontana.
La hechura de aquella grabación finalmente quedó registrada en Parte, reciente disco que están presentando. El origen de este notable dúo puede remontarse a algunos años cuando ambos se encontraron en un recital a beneficio: “Nos conocimos hace cinco, seis años –cuenta Mono Fontana– en un encuentro con otros músicos. Estábamos tocando individualmente y en un momento nos juntamos. Fue algo circunstancial. Yo no conocía la música de ella. Fue escuchar y tocar: hubo una especie de conexión. Años después me envió una propuesta para hacer unas músicas que había compuesto. Yo me había quedado con esa sensación de cuando habíamos compartido aquella vez. ‘Dale, probemos’, dije. Y de a poco me fui metiendo en el vocabulario de Florencia. Sacar la música y ver qué tenía yo para ofrecerle a eso porque era música que estaba muy arreglada. Lo hicimos con un solo ensayo: fuimos, tocamos, nos sentimos los dos bien. Así empezamos, desde esa sencillez de no pensar en un disco, las posibilidades o no de tocar afuera”. Y luego, lacónico, agrega: “Nada. Así de sencillo”.

AYER

Frondoso el camino que ambos llevan hasta aquí. Juan Carlos “Mono” Fontana, por caso, formó parte de Los Desconocidos de Siempre (banda de Nito Mestre), Madre Atómica y acompañó a Luis Alberto Spinetta durante más de una década: desde mediados de los ochenta hasta fines de la década del noventa, pasando por discos como Madre en años luz, Privé, Téster de violencia, Don Lucero, Exactas, Pelusón of milk, Estrelicia. El propio Spinetta lo ha considerado uno de sus laderos predilectos (en internet se puede ver cuando, en un recital, lo define como “la usina más grande que se puede conocer”). Y además lleva editado dos discos solistas: Ciruelo (1998) y Cribas (2007). Ambos reúnen piezas instrumentales de piano y teclados donde lo incidental –ruidos, ladridos, palabras sueltas, cosas– se vuelve parte central de la canción: como si fueran la banda de sonido de una película jamás filmada. “Cada ser tiene su propia historia ligada a todo su recorrido. Las cosas que toco con Florencia y las que tocaba con Luis tienen todas ese olor, porque es el lugar donde pertenezco. Con Luis es una cosa, con Flor otra y así con todos. El hacer las cosas lo mejor que se pueda es lo que tengo para dar, como creo que lo hago. En todo”. Y luego, otra vez esa voz austera que asoma debajo de la gorra que siempre lleva puesta y completa: “Nada está por encima, ni debajo de”.
Has estado en el armado de Marca Piel, reciente espectáculo alrededor de Spinetta, y tu recorrido está íntimamente ligado a él. ¿Cómo es volver sobre sus canciones?
Hace mucho que tomé la disciplina de ahondar más aun de lo que hice en la obra de Luis. Como con un cuadro, libro u obra, siempre se encuentra algo constante que uno no tuvo el crecimiento para poder abarcarlo. Así me pasa con sus cosas. Siempre me maravilla descubrir algo que no vi antes.
Es común que en vivo, por ejemplo, toquen “200 años” (de Invisible), una versión exquisita de esa exquisitez que es “Parlante” (del disco Privé, no incluida en sus primeras ediciones), o versiones que encara Mono Fontana sólo sobre el escenario, en una especie de karaoke invertido: mientras transcurre “Bagualerita” en la voz de Spinetta él hace todo el resto alrededor: percusiona, asoma algunos vientos, mete ruidos: todo desde su teclado. O una bellísima versión de “Tarde, de tu lado” (del disco Cribas) donde Fontana vuela en el teclado sobre una especie de proto lenguaje cantado.
Florencia Ruiz lleva editados nueve discos solistas: desde Centro (2000) hasta 7 cartas invisibles (2015). Y entre todo ello se puede contar ese gran disco de latido folk junto Ariel Minimal (Ese impulso superior, de 2008), el exquisito –y acaso uno de los imprescindibles de los últimos años a nivel local– Luz de la noche (2011) y el compilado MA (2014). En todos está impresa la manera que tiene ella de acercarse y asir la canción: por momentos oblicua, más o menos experimental; por otros apenas un susurro y una guitarra sonando. Además de contar con varias re ediciones en México, Estados Unidos y Japón, donde ya lleva realizadas algunas giras. “Mi vinculo con Japón es súper natural. Muchos amigos y público con ganas de escucharme y de seguir mi música. Tener un grupo allí es increíble, adoro a Los Hongos Orientales y exploramos un costado de mi obra importante: ¡el rockero!”
“¿Vos la viste tocar a ella? Bueno, la ves tocar y parece muy fácil lo que hace. Pero no. Y no es una nerd haciendo cosas” comenta el “Mono”. Y ella sigue: “A veces me dicen que por qué no hago eso, más laburo y yo no creo que sea una cuestión o no de laburo. Hay gente que en el living tiene un cuadro y otro y otra cosa y otro cuadro. En mi casa el living tiene un piano y un sillón. Bueno, y todo desordenado por los juguetes de mi hijo. Eso lo dirá un poco el tiempo”.


DE A DOS

“Es el resultado de todo este tiempo. Dijimos: ‘bueno, logramos esto entre los dos, un sonido de los dos, propio. ¿Y si lo dejamos plasmado, porque alguna vez pasamos por acá y sonamos así? Eso”. Así explica “Mono” Fontana la decisión del registro en vivo de aquel domingo de mayo, con apenas algo de público: familiares, amigos, amores. Lo que se escucha en Parte es lo que fue: el mismo orden de las canciones, ninguna sobregrabación. Definitivamente, no se trata de un disco de colaboraciones. Es un disco de a dos, un dúo que se expande por las infinitas vertientes que brinda tan sólo eso: Florencia Ruiz en guitarras y voz, Mono Fontana en teclado, piano, sintetizador; conformando un mundo inmenso, gigante; un lugar primigenio, azul, como uterino. Y así, ambos, dejan: el canto, la palabra y la voz diáfana de Florencia bien adelante, con toda la voz, con todo el decir. Canciones que pueden ser textos más o menos largos –como  “A qué?”, “Susurro” (compuesta para una serie de televisión japonesa) o “Entre dos relámpagos” (las olas directamente a la noche/ sin pescador ni remo, sin ballena sin brújula) o apenas una breves líneas, un ensayo de haiku, como “Por ahí”, “Patos” o “Nijni”, donde por toda letra hay: “Barco, ropaje de la tierra/ Nijni, tiempo opaco, mano, despierta a la tierra/Nijni, tiempo opaco, continúa, continúa.”
“Lo del vivo tiene que ver con que queríamos hacerlo en una toma sin tener que estar re grabando y haciendo de nuevo y bla bla bla. Que tuviera la esencia de lo que estas dos personas pueden hacer juntas y en vivo. La energía del lugar. Hay cosas que nunca habíamos tocado en vivo, estaba bueno que directamente quedara ahí. Yo no tengo mucha experiencia de estudio de grabación, fue algo bastante casero”, comenta ella.
Vos en “7 cartas invisibles” hiciste algo similar, ¿o no?
–Sí. Y el Mono debe haber grabado mil veces así. No sé, pienso en el Unplugged de Spinetta, salvando las miles de distancias, ¿no? Estrelicia tiene un corazón, o Exactas ¿vos tocaste en ese también no? Son discos que, para mí, tienen como un color distinto. Es otro riesgo, podría no haber salido nada o haber salido un disco más corto.
Son dieciséis las canciones de Parte. Elegidas entre ambos, todas compuestas por Florencia; entre ellas, tres nuevas: “¿A qué?”, “Los Peces” y “A través de ti”. Aquí la canción de Florencia Ruiz se descubre como otra en medio de todo ese universo sonoro –y a veces multiforme, viajero– que despliega “Mono” Fontana; que por momentos arrasa como un vendaval y por otros arrulla desde lo acústico del piano.
“Es como una tercera cosa” dice “Mono”. Y ella completa: “Que los temas sean míos es medio circunstancial. Podríamos haber elegido otros temas y también hubiera sido esto: en ese sentido sí somos más radicales, aunque no sé si esa es la palabra justa. Hacemos lo nuestro y somos eso. En todas las cosas en las que lo vi al Mono encontré al Mono. Yo lo escucho en el dúo con Sergito y escucho su música; y lo escucho solo y es su música la que está sonando, es su música.
Recién comentabas que, de alguna manera, todo esto que están haciendo es “a contramano de todo”…
Florencia
: –Creo que hay un gran marketing de todo. Mucha exposición y, digamos, pocas nueces. Nosotros somos de los hechos, de hacer. Queremos dejar una obra sólida y profunda. También manejamos códigos que en una de esas están alejados de lo corriente. Para mí todo es artesanal, desde la guitarra y los pedales (hace años que usa instrumentos y accesorios de luthiers locales) hasta el modo de armar las fechas y de promocionarlas. Es un modo que nos sienta bien, que nos deja seguir en el camino de la búsqueda y que de a poco nos va abriendo puertas.
Escuchando y, más aún, viendo lo audiovisual de “Parte”, hay momentos donde pareciera que te brindás al juego: sumando ruidos, voces y chillidos de algunos muñequitos. ¿Hay una cosa lúdica allí? 
Mono
: –Sí, es como un juego pero no es un juego. Todo tiene que ver con un concepto general de la canción y mi aporte en ella brindando algunos colores que siento que pueden darle otra capa o que suceden a la vez. Hay que meterse en un lugar para entrar en esas canciones. Logramos nuestro pequeño vocabulario. Creo que tenemos un espacio ganado, cierto estándar. Las formas son diversas y tienen que ver con las palabras, no con la necesidad de poner un solo. Los pequeños separadores son respiros que a veces son  ruidos, efectos o disonancias. Pero sobre todo son lugares a donde la canción llega de forma natural a silenciar la palabra.

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