Durante los últimos años del colegio secundario, allá por los años 1981 y 1982, un pequeño grupo de cinéfilos solíamos desertar de las jornadas de clases para desplazarnos a la calle Lavalle, donde se concentraban en ese momento las novedades cinematográficas. Recuerdo films como Adiós hermano cruel, Una mujer poseída, Lucio flavio - pasajero de la agonía o Pixote. Fue en una de esas funciones cuando, estando totalmente desprevenido, se presentó ante mi el tráiler del film Mad Max 2 - el guerrero de la carretera. Jamás se volvió a repetir la conmoción que me produjeron esos encuadres, esa amalgama de luz y esa generosa explosión de energía creativa proveniente de nuevos parámetros ante los cuales me reconocía como un espectador absolutamente neófito. Ese tráiler fue como un arrollador destello de nuevas narrativas posibles, un producto (como muchos otros) al que el poderío de producción de los estudios gringos no podrían acceder jamás (como se testimonia en la decadente Mad Max 3). Leí muchos años después que su director George Miller había compartido una suicida afición por los automóviles con grandes motores junto a un gran grupo de inconscientes jóvenes australianos, cuya consecuencia mas notoria fue la muerte en accidentes de varios de ellos. Por ende había detrás del lente la mirada de alguien que sabía tanto de convivir con mitos humanos como de resultar imprevistamente superado por diferentes e irreversibles tragedias. 

Pasaron muchos meses desde la visión de ese tráiler ante una gran decepción como fue el estreno de Mad Max 1, film que si bien es una muy digna precuela no supo revivir en mi esa sensación de ser parte. Varios meses después pude acceder por fin al estreno de Mad Max 2, la perplejidad inicial se multiplicó como por arte de magia, siendo que en esa época no había forma de encontrarla en VHS mantuve un peregrinaje por los diferentes cines donde se exhibía, llegando a contabilizar ocho funciones. La última de ellas fue en el viejo cine Rex de Berazategui, recuerdo cuando salimos de madrugada un numeroso grupo de muchachos absolutamente fascinados por el alquimista Miller, soñando con planicies eternas y con motores de aterrorizante fragor clavándose una y otra vez, y con derecho, en los reductos de nuestra asombrada memoria.

Años después con mi hermano mayor supimos adquirir los restos de nobles y pesadas motocicletas fabricadas medio siglo atrás, como ser Norton, FN, DKW, Triumph, Indian, etc. Las mismas habían sido cruelmente maltratadas por voluntariosos pero improvisados mecánicos por lo que ponerlas nuevamente en funcionamiento y conseguir los repuestos originales resultaba una tarea tan poética como siempre inacabada, angustiante. Así y todo supimos armar un gran conglomerado de fanáticos de estas máquinas disperso por el conurbano profundo cuyo número jamás superó el centenar, también tuvimos el privilegio de construir una mística muy propia integrada por el recuerdo de los amigos muertos en accidentes, por el olor tan único del aceite sobre el aluminio caliente, por las reformas exageradas a las unidades, por los viajes a otras provincias o (los más audaces) a países limítrofes, por los diferentes roces con delincuentes y policías y por las trapisondas con el sexo opuesto. Parte de este bagaje es la materia fundamental de los largometrajes Legión, Vikingo y la serie Fantasmas de la Ruta. Posteriormente se abrió la importación de motocicletas por lo que el número de propietarios se multiplicó de una forma nunca vista y de repente todo cambio para siempre. Hoy no hay ningún sobreviviente a aquel romántico periodo de gran camaradería y de accidentes de tránsito frecuentes (yo mismo sumo más de una docena) cuya edad no ronde los 50 años. Si hay algo que compartíamos los contemporáneos de Miller, los personajes de Mad Max 2 y nosotros, imagino que era indudablemente una absoluta falta de miedo a aquellas tragedias que muchos de nosotros no tuvieron tiempo de esquivar.

 

José Celestino Campusano. nació en 1964 en Quilmes. Es director, productor y guionista de cine y tv. Campusano opta insistentemente por el desarrollo de un cine inclusivo, el cual explora diferentes tejidos sociales utilizando la fuerza incondicional de anécdotas verídicas como embrión del mismo. Durante el corriente mes de enero estrenará en el festival de Rotterdam los largometrajes Hombres de piel dura y La secta del gatillo (video 360), actualmente se encuentra en la preproducción del largometraje Exodo interno (video 360 - Arg., México y EE.UU.).