Josep Menendez, el educador catalán que propone romper con lo conocido en las escuelas
“Lo más interesante para un alumno es que cuando llegue el lunes no sepa qué va a pasar”
Desde chico, la escuela le pareció aburrida. Sólo despertaban su interés los profesores que incorporaban la “vida real” a las aulas. Ahora es un experto en educación que puso en marcha un sistema alternativo de aprendizaje. Los chicos pueden leer tirados en el piso, no hay organización por materias y los contenidos se definen en asambleas.

–Yo como profesor de lengua cuestiono mucho algunos de los conceptos que se enseñan en sintaxis. Yo también creo que no sirven para nada. Son cuestiones de técnicos. De dos lingüistas que se ponen a discutir si las oraciones… pero a un alumno qué le interesa más, a un alumno le interesa más expresarse bien oralmente, que sepa escribir. Y luego yo cuando escriba le puedo decir “¿te das cuenta cuántos adjetivos has utilizado? ¿Cuántas oraciones subordinadas?”
Qué no daría esta cronista y quién sabe cuántos de los abúlicos estudiantes que hoy cursan el secundario por tener un profesor que diga lo que ha dicho Josep Menendez. Este catalán experto en educación propone romper con lo conocido (“La escuela es el servicio militar obligatorio”) para hacer de la escuela un espacio de aprendizaje desde el deseo de los alumnos y alumnos. Una escuela secundaria con colores fuertes, sillones, pocos exámenes y mucho aprendizaje compartido.
Menendez compartió su experiencia en el Encuentro Nacional Voces y Sentidos para Transformar la Secundaria, realizado en Buenos Aires el 26 y 27 de octubre, por la Fundación Voz para el desarrollo de políticas públicas en materia  educativa –que trabaja en el proyectoTransformar la Secundaria– junto a diferentes organismos internacionales (Unicef, OEI, Unesco, entre otros) y organizaciones de la sociedad civil.
–¿Cómo era en la escuela?
–Era de los que ahora hubieran optado por otra escuela. A mí me gustaba mucho y siempre decía que me gustaba mucho que entrara la vida en escuela. Cuando los profesores hablaban de la actualidad (“vamos a hablar de lo que está pasando”) yo siempre decía “vamos a hablar de la realidad”. Cuando hablaban del currículum oficial, a mí me interesaba poco. Me gustaba la historia. Me gustaban los debates ya cuando era pequeño.
–¿En el secundario?
–Fui a uno de los colegios jesuitas de Barcelona, San Ignacio. Y ellos solían promover debates desde niños. Me acuerdo del asesinato de Sharon Tate por el clan Manson... un jesuita nos dijo una frase que me impactó mucho, yo tendría diez años. Dijo: “No me gustaría estar en la piel de los jueces porque es un asesinato que refleja una enfermedad social y condenar a los asesinos que son la punta del iceberg de una sociedad que hace de la violencia una forma de vida…” A mí me impactó mucho.
–¿Estudió Letras?
–Sí. Estudié periodismo. Empecé a estudiar en la universidad justo cuando muere Franco, es un momento muy convulso. Participé mucho también en política, en los movimientos de la reclamación de libertades. Trabajé unos meses en periodismo. Vi también algunas cosas interesantes. Estaba en el periódico cuando mataron a John Lennon y cuando el intento de golpe de Estado en España, el 23 de febrero de 1981. En ese contexto yo era una persona muy activa, muy vehemente. De repente, cuando cerró el periódico, me salió la oportunidad en el colegio donde había estudiado pero en formación profesional. El sector que trabaja con los alumnos de más baja autoestima, que tiene mayores dificultades. Eran chicos de 12 años hasta 18. Empecé por casualidad pero siempre he dicho que para mí fue una suerte.
–¿Por qué?
–Porque yo daba Letras, a ellos les importaba un pito las Letras, pero yo estaba empeñado en que les gustaran por lo menos las historias, los relatos. Entonces en vez de que leyeran les explicaba los argumentos de los clásicos, casi como si fueran una aventura, La Ilíada, La Odisea. Por lo menos así conectaban con algo que no habían oído. Entonces de esa manera me di cuenta de qué es lo más importante en la educación. La persona, su autoestima. Incluso que antes de aprender la persona tiene que estar predispuesta al aprendizaje. La autoestima de chicos y chicas en general era muy baja. Venían de creer que no servían para nada porque el sistema más tradicional de primaria los había arrinconado. Yo tenía los alumnos tirados al suelo para leer, si no no leían nada. ¿Pero por qué tienen que leer sentados en una silla? O curiosamente tenían un chico que le gustaba el ajedrez, y yo no tenía idea del ajedrez, y les enseñó a todos los demás a jugar ajedrez.
–¿Esto lo hacía por intuición?
–Era pura intuición. Ahora vendría un pedagogo y te diría “esto es el aprendizaje entre iguales”. O esto es lo que se llama “pedagogías invisibles”. Yo lo hacía por sentido común. 
–Que a veces parece perdido en las escuelas.
–Exacto.
–Hoy se habla tanto de que no hay interés de los chicos y chicas en la escuela, ¿cómo se logra despertar esa predisposición para aprender?
–Creo que es normal que unos días tenga más ganas y otros días menos. Al adolescente se le cruza el cable un día y lo que al día siguiente defenderá con pasión el día anterior es el peor enemigo de aquella idea. Pero nosotros no estamos para convencerle de que las cosas son iguales cada día. Sino que estamos para acompañarlos. Una de las obligaciones que tenemos los profesores es despertar el interés. Yo no diría esa frase tan manida de “motivarlos”, que a veces parece como si tuvieras que hacer de actor de teatro o un espectáculo circense. Yo creo que una obligación de quien acompaña a alguien a aprender es que despierte la curiosidad del otro. No que tenga la obligación pero que utilice herramientas para despertar la curiosidad. Si una persona se siente protagonista de su aprendizaje, por ejemplo, trabajando por proyectos, poniendo ideas sobre la mesa, sin obligarlo a que escuche sino a que primero diga cómo es una isla, como es una montaña con sus palabras, y luego entonces, cómo se dice eso en palabras un poquito más rigurosas. O por ejemplo, conectando la Monarquía absoluta con la Globalización, en el momento en que la explotación infantil en el trabajo se le conecta con la historia, pero no al revés: “Yo te voy a explicar la historia…” y hasta que lleguemos a la explotación infantil te has muerto. Eso si llegamos. Por ejemplo, por qué creemos que el aprendizaje tiene que ser lineal: en Literatura, primero los griegos, después tal. Los griegos a un alumno se les hacen muy duro. Ahora yo les enseñaba La Ilíada como si fuera un cuento de noche de niños que van a dormir. Bueno, pues, alguno leería después. Es decir, es aplicar diferentes metodologías pero con un eje central: que la persona vaya construyendo su aprendizaje, que la persona sienta que es todo él el que avanza, no lo que sabe hacer de matemática o de lengua. Muchas veces estos alumnos se consideran que han vivido en la torpeza: “no he sabido hacer los problemas de matemática”, “hago muchas faltas de ortografía”, “cuando me sacaban en el aula a preguntarme, no lo hacía bien”. ¿Por qué hay que sacar a un alumno delante de treinta más a que conteste? Cuando esté un poco más mayor, ya se atreverá. Primero hay que crear la seguridad. Pero ¿cuál es el entorno de ensayo?¿Dónde yo he hablado y he tomado seguridad? O ¿es que un profesor se siente seguro de todo el primer día? Yo el primer día que fui a clase llevaba la lista de ausencias y tuve que ponerla en la mesa de lo que me temblaba en la mano.
–Suena maravilloso, ¿pero cómo se aplica esto en un sistema educativo que parece difícil de mover? ¿Cómo se cambia el sistema educativo?
–Yo entiendo el miedo porque el sistema ha sido muy industrial. Ha ido reproduciendo una homogeneización del perfil del alumno del sistema. Yo no digo que sea tan maravilloso. Esto es como el médico que ve a un enfermo y piensa “le va a doler mucho el tratamiento, pero tiene curación”. Lo maravilloso es la curación, el tratamiento no va a ser fácil. Creo que hay llegado el momento de que seamos consecuentes con nuestras convicciones. Los profesores que se han implicado en el sistema nuevo lo que dicen es “eso es lo que yo soñaba cuando estudiaba” para profesor.
–¿Cómo es el sistema que propone? 
–Que los alumnos aprendan haciendo cosas. Que trabajen en equipo los profesores. Que los alumnos aprendan entre ellos. Que no sea necesario un examen final para decir qué nota tiene este alumno. Ese es un proceso continuo, de evaluar entre iguales, de diferentes miradas de la evaluación.
–A veces los chicos dicen “esto no me sirve para nada” sobre algunos contenidos básicos como análisis sintáctico, por ejemplo. ¿Se enseña esto?
–Claro, al final tienen que aprenderlo. Pero por ejemplo, el sistema generalmente enseña en análisis sintáctico todos los años lo mismo. Porque se lo explican, no lo vinculan con situaciones más reales. Yo como profesor de lengua cuestiono mucho algunos de los conceptos que se enseñan en sintaxis. Yo también creo que no sirven para nada. Son cuestiones de técnicos. De dos lingüistas que se ponen a discutir si las oraciones… pero a un alumno qué le interesa más, a un alumno le interesa más expresarse bien oralmente, que sepa escribir. Y luego yo cuando escriba le puedo decir “¿te das cuenta cuántos adjetivos has utilizado? ¿Cuántas oraciones subordinadas?” Pero la experiencia debe ser previa. Primero me expreso, como en la vida real, y luego puedo analizar lo que hago, el sentido que tiene. Yo me encuentro con amigos y les digo “pero hombre, no pongas esta subordinada en el medio” y me dicen “¿el qué?” y estoy hablando de licenciados en  matemática, biologías, física. Una pregunta básica es qué es lo esencial del currículum. O sea para enfocar la enseñanza obligatoria para personas que han de tener competencia en su ciudadanía y ejercerla con valores compartidos, con percepción de que no aprendo ni crezco solo.
–¿Ahora se hace demasiado eje en adquirir conocimientos específicos, por ejemplo, idiomas?
–Los conocimientos específicos se están cuestionando mucho. Bueno, los idiomas depende cómo se enseñen. Tuve una cierta polémica con un grupo de profesores míos porque yo dije que el problema con el inglés es que lo enseñábamos como el latín, o sea, orientado a la sintaxis, orientado al conocimiento del especialista, no orientado al uso. Ahora en el momento en que lo orientamos mucho al uso tenemos que corregir también un poco y decir que estos chicos también sepan alguna cierta lógica. Pero el idioma lo queremos para qué. ¿Para saber más idiomas o para usarlo? Todos los camareros del sur de Europa, ¿son filósofos que saben cuatro idiomas o en realidad utilizan los idiomas bien? Lo han aprendido para saber comunicarse y en referencia a la acción. No se trata de tirar por la borda lo que hemos hecho. Se trata de calibrar los instrumentos que utilizamos. Nosotros hacemos alguna clase magistral, nosotros hacemos algún examen, lo que no hacemos es la evaluación al final. Nosotros hacemos que los alumnos tengan que estudiar individualmente. Pero cuánto, cuál es la dosis. Esta es la clave.
–¿Qué proponen en relación a la cantidad de horas en la escuela?
–Una jornada de un alumno de secundaria es de 8.30 a 5 de la tarde, con una hora y media para el almuerzo. Respetamos el marco general. Lo que pasa adentro es distinto. Hay grandes espacios dedicados a trabajos por proyectos. A  iniciar y acabar el día. A unidades específicas de temas que los profesores han identificado que tienen una especial dificultad y aplican una estrategia concreta. 
–¿Cómo se empieza el cambio?
–Vamos a empezar por algo. Es un elemento clave también. Vamos a aprender también haciendo nosotros. Vamos a aprender de la experiencia. Que los profesores sean sujetos protagonistas también de lo que proponen, de lo que evalúan, de las modificaciones. Lo más interesante para un alumno es que cuando llega el lunes no sabe qué va a pasar, a no ser que sea un proyecto que venga de la semana pasada.
–¿No hay organización por materias?
–No. Hay grandes espacios, trabajos por proyectos interdisciplinarios. Por ejemplo, hay un proyecto que se llama “la vuelta al mundo en 80 imágenes”, que es decidir qué información es necesaria saber de los países. Primero hay una asamblea de todos los alumnos que dicen qué es importante saber de un país. Lo dicen por intuición, por lo que saben. Entonces el profesor va sugiriendo. Por ejemplo, dice “¿y no os parece interesante saber cuánta gente vive, porque no es lo mismo Barcelona que el pueblo tal?” Ah, claro, la población es importante. Es el aprendizaje constructivista. Hay tres profesores que trabajan juntos, cada uno con una especialidad.
–¿En secundario?
–Sí. 
–¿Qué pasa con la tecnología en el aula?
–Durante muchos años nos hemos peleado con querer poner la tecnología en el aula pero no conseguimos que cambiase nada. Básicamente se reproducía el sistema de enseñanza. Con este sistema, en cambio, hablamos de la tecnología invisible. Por ejemplo, estos alumnos que tienen que buscar información sobre países, ¿dónde la van a buscar? En el aula hay algunos libros pero, vamos, con un ordenador en la mano… y bien orientados. Incorporamos la tecnología de manera invisible. No ven que la tecnología sea el elemento clave que les va a entretener sino algo que necesitan usar para ese aprendizaje concreto. Con todo este debate de los nativos digitales siempre he sido muy escéptico. Los alumnos no saben utilizar la tecnología, lo que pasa es que la aprenden en dos segundos, que es diferente.  ¿Cómo la aprenden? Nosotros miramos los manuales. Ellos empiezan a tocar. Empiezan a experimentar y aprenden haciendo. Esa es la idea. Claro que también hay que avisar los peligros que tienen, sobre todo las redes sociales. Pero igual que cuando los padres sacamos a los niños a la calle y les decimos aquello de no acepten regalos de alguien de la calle. Es decir, no cerramos las puertas de la calle. Para nosotros el adelanto ha sido que cuando hemos puesto a los alumnos a trabajar haciendo la tecnología se ha incorporado de manera natural. 
–¿En dónde lo están aplicando?
–En ocho colegios de jesuitas en Catalunia.
–¿Está dentro de la currícula oficial?
–Sí. Nosotros lo que decimos es que somos más coherentes con el currículum que otros. Porque el currículum oficial habla por ejemplo de ocho ámbitos de aprendizaje, que son los académicos pero también los transversales: aprender a aprender, autonomía… esos aprendizajes nunca se evalúan. En cambio nosotros los hemos incorporado. Puede pasar que un alumno sepa muchas matemáticas y tenga poca capacidad de autonomía personal. 
–En una charla dijo que es más fácil aprender a bailar que a resolver un problema de matemáticas…
–Efectivamente. Ellos aprenden antes a bailar.
–Es una mirada más integral.
–Y sobre todo una mirada en la cual la motivación es extraordinaria, y en segundo lugar la libertad.
–¿Cómo son los edificios escolares?
–Vemos que los espacios determinan mucho el clima. Hicimos primero un proceso de participación muy amplio donde les preguntamos a los 11 mil alumnos qué querían y muchos de los alumnos nos hablaban de los espacios. Nos hablaban de cosas tan tontas como el color de las paredes. ¿Por qué no pueden ser de colores las paredes? Porque el costo es más o menos el mismo, no es un tema económico, es un tema de marco mental. Después, en primaria están acostumbrados a compartir los trabajos, en secundaria no, viene lo serio, es el profesor el que sabe, “vosotros me escucháis y aprenderéis”, entonces las paredes son lo más parecido a un cuartel militar… Yo he dicho muchas veces que en España se abolió el servicio militar obligatorio y se quedó la escuela. La escuela es el servicio militar obligatorio. Te obligan a ir unas horas. Los padres necesitan que estén ahí adentro. Pero lo que pasa adentro… Entonces los chicos nos pedían colores, sofás. Bueno, pusimos algunos pufs. Entonces en una clase hay un profesor explicando algo, hay algunos alumnos sentados en una mesa y otros en el sillón, pero están escuchando.  Lo que es importante saber es cuándo tengo que estar bien sentado. Otra vez vuelvo a la idea del equilibrio. Ni es bueno que estén todo el día tirados en el suelo, no aprenderían normas sociales. Pero tampoco que estén todo el día como si estuvieran en un funeral…


¿Por qué Josep Menendez? 

Educar de otro modo

Josep “Pepe” Menendez  nació en Barcelona y es el segundo de ocho hermanos. Su padre era arquitecto y su madre ama de casa, “y hubiera sido de no vivir en esa época, una empresaria emprendedora. Lo fue después cuando todos fuimos mayores. Ella creó una empresa de catering. Mi madre era una mujer de mucho empuje”, contó a fines de octubre, recién llegado a Buenos Aires para participar del Encuentro Nacional “Voces y Sentidos para Transformar la Secundaria”, iniciativa propuesta desde la Fundación VOZ, que preside María Cherñajovsky, empresaria dedicada al diseño de indumentaria.
Pepe (no le molestaría que se lo nombrase así) es un profesor más cercano al Robin William que proponía el “carpe diem” a sus estudiantes que al estereotipo de profesor de escuela secundaria.
Desde chico, la escuela le pareció aburrida y solo lograban despertar su interés los profesores que incorporaban la “vida real” a las aulas.
Luego estudió Ciencias de la Información (Periodismo) en la Universidad Autónoma de Barcelona (1982), hizo una Diplomatura en Alta Dirección de Empresas en Esade (2002) y un programa “Leadership: Anevolvingvision” en la Harvard Graduate School of Education.
Ejerció el periodismo y más tarde volvió a las aulas, de las cuales parece no tener ganas de volver a irse.
Es profesor de Lengua y Literatura Españolas desde 1981. Formó parte de la comisión de expertos que el gobierno de la Generalitat constituyó para la elaboración del documento del “Pacte Nacional per l’Educació” del año 2006.
Desde 2009, es director adjunto de la Fundación JesuïtesEducació. Forma parte del equipo directivo que impulsa el proyecto de transformación educativa Horitzó 2020 de la red de colegios de Jesuitas de Catalunya.
Horitzó 2020 se propone un nuevo modelo de escuela a la altura de los retos de la educación en el siglo XXI. Desde este proyecto sostienen que “la escuela que tenemos no es la escuela de nuestros días, ni vive nuestro tiempo”. Por ello, promueven la transformación de estructuras, formas de proceder, actitudes y mentalidades.

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ