OPINIÓN
Los crímenes del odio

Si robaran el mapa del país de los sueños/

Siempre queda el camino que te late por dentro/

Si te caes te levantas, si te arrimas te espero/

Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo… (Roxana)

 

La muerte tiene el poder de robarnos la vida, la que nos arrebata y en esa puja cruel y caprichosa, nos deja perplejes, sin poder representarla ni simbolizarla, así de cierta es la muerte como la vida, pero como sabemos un poco más de esta es que nos aferramos a ella, por eso es que algunas personas recurren a los pensamientos mágicos para poder sobrevivir al dolor a ese dolor que nos deja sin palabras, entonces, el refugio en pensamientos tales como vida eterna, re-encarnación, para tratar de mitigar la pregunta ¿esto es todo? ¿Cómo sobreponernos a semejante arrebato, a esa ausencia que marca una presencia previa? Quienes se van se van se llevan consigo parte de nuestra historia, de nuestras miradas, palabras, caricias, sueños, risas, enojos, llantos, esos matices que nos hacen sentir vivos.

Pero hay otra muerte mucho más dolorosa que la señalada en este breve pensamiento que precede a lo que voy a escribir ahora. Es la muerte escrita con odio, con odio de género, de raza, de etnia y de clase. La muerte que marca lo omnímodo de un poder siniestro para enseñorearse sobre el cuerpo-territorio de las niñas-adolescentes y mujeres.

Varones en cuya crueldad se refleja su miedo, miedo a perder el poder y el reconocimiento, por eso necesitan reafirmar su hombría junto a sus pares, drogando, violando, matando a las niñas-adolescentes y mujeres, las últimas noticias de este 2019 son escalofriantes. La niñez de México corre peligro. Dicen los diarios que desaparecen aproximadamente 4 niñes por días. En nuestro país, en lo que va del año, tres adolescentes fueron drogadas, violadas y abusadas sexualmente por varones mayores, mientras otros femicidios se siguen sucediendo (y siete mujeres fueron muertas de las maneras más atroces y salvajes). Mientras tanto,, las personas misóginas (varones y algunas mujeres) las vuelven a despojar de su subjetividad, increpándolas tanto a ellas como a sus padres, es que acaso aquel slogan de la dictadura sigue vigente, ¿se acuerdan? "¿Señora, ud sabe donde está su hijo ahora?" como también este otro "Si se lo llevaron por algo habrá sido", así la culpa recae sobre la víctima.

Clarín, como otros medios de comunicación, con un su cruel desparpajo pone el acento en las adolescentes que fueron víctimas en estos días de enero 2019 y, tal como nos tiene acostumbrades, pone la culpa del lado de la víctima y su madre; es decir, sigue vigente el eslogan anteriormente mencionado, forman parte de la violencia mediática que producen y reproducen de modo incesante. (Luego ofrecen una tibia disculpa) Su odio hacia otros colectivos humanos corresponde a su origen de clase. Es ese odio violento trasmitido de modo natural, negando el proceso histórico "siempre fue así".

La crueldad que despliegan estos varones nos lleva a la pregunta ¿en qué contexto fueron educados, criados? ¿Qué actos tan crueles y cómo queda legitimada la crueldad en ellos para sentirse impunes frente a estos crímenes? Porque solo el saberse impunes puede llevarlos a cometer semejante bestialidad, cabe la pregunta frente a esta madre sentada afuera legitimando la impunidad y la crueldad. O tal vez, porque ella fuera violenta y cruel ... no lo sabemos nos quedan las dudas en un acertijo de dudas y sombras ... Se contrapone en este juego de sombras la fuerza y ferocidad de la madre de la víctima que entra y se lleva a su hija.

En estos varones crueles, en los que no hay otro ni semejante más que el poder de demostrarse a sí mismos y entre ellos que su machismo no ha decrecido sino que retoma fuerzas con el avance que las mujeres estamos llevando a cabo a través de nuestras luchas, #NoNosCallamosMás, #NiUnaMenos, siendo estos últimos movimientos que han ganado la arena pública y como respuesta aparecen estos brutales ataques para escarmiento y disciplinamiento de las demás mujeres. El generar miedo puede ser uno de sus móviles.

Estos varones que se niegan a perder una sirvienta para ganar una compañera, porque pareciera que el compartir espacios con nosotras para ellos constituye una amenaza, quizás la misma amenaza que sienten quienes ostentan el poder como dueñidad (Segato), ya que cuando las personas van conquistando derechos, pareciera que esto se vuelve peligroso, dado que atentan contra el orden establecido molestan, tanto como molestamos las mujeres cuando nos manifestamos en las calles, como molestan nuestros reclamos y luchas, nos llaman feminazi, violentas, que feminismo es machismo al revés. No luchamos para repetir el ejercicio de dominación-exclusión, luchamos para compartir (partir-con) con uds y con todas las personas los derechos, que los derechos humanos sean también derechos de las humanas. Tenemos derecho a vivir una vida sin miedos, tanto sus vidas como las nuestras se precarizan día a día, haciéndonos más vulnerables.

Son crímenes de odio y para que sirvan de escarmiento a las demás mujeres que la arena pública es de ellos, que ellos sí pueden andar solos o en "manadas" pero no nosotras, son crímenes de odio porque generan miedo en un sector de la sociedad, es esa otra inseguridad que los medios de comunicación no cuestionan sino que legitimizan diciendo "que hacían dos chicas solas" si son dos ya no están solas si estoy conmigo misma tampoco estoy sola.

Son crímenes de odio porque están inseguros en este neoliberalismo descarnado, en el que los cuerpos no importan más como mercancía para ser consumidas, en el que ellos también son desplazados y desclasados. Cuerpos vacíos, órganos sin cuerpos, sin historia ni subjetividad despojados y amenazados, despojan y amenazan a otras personas.

La crueldad entonces , es producto de este sistema neoliberal que es depredador y nos vuelve a todes cada día más vulnerables, fragilizando lazos, expropiando tierras, vidas un sistema arrasador que vuelve a presentarse en sus aspectos más despiadados que al igual que quienes detentan el poder proyectan en las personas sus propias miserias y crueldades, son representaciones sociales que se entrelazan teniendo como único hilo conductor la necesidad de dominar a otras personas, a quienes ellos a su vez, consideran como no-personas.

Duelen los cuerpos despojados de vida, duelen las infancias convertidas en parias por los abusos e incestos intrafamiliares, duelen los cuerpos vendidos, ultrajados, quemados amordazados, duelen las voces que vuelven a escribir sobre la carne abierta, ¿qué hacía sola a esa hora? ¿Señora sabe ud donde está su hija ahora? ¿Por qué no lo dijo antes? Duelen las vidas negadas, las desaparecidas en tanto sujetas, las vidas robadas de las infancias, arrancadas con una voracidad capital para mostrar su poder-dueñidad.

Duele el odio de estos varones y de algunas mujeres que siguen mirando prejuiciosamente a sus pares, duele el odio de estos varones porque no hay semejante y también cabe preguntarnos en que se transforman ellos cuando cometen semejantes actos de crueldad?

Despedimos el 2018 con un #NoNosCallamosMás, y ellos nos responden los primeros días del 2019 bajando los edades de las niñas a las que atacan, ¿no es acaso una muestra de sus miedos frente a la pérdida de nuestros miedos? O tal vez, una respuesta frente a sus propios temores por la fragilidad a la que se enfrentan.

Es mucho más que ataques sexuales, porque en este último tiempo han agregado las drogas, y el incremento de la violencia, muy probablemente tenga que ver con que se sienten desestructurados por ello también el odio que manifiestan en sus ataques. ¿Podemos pensar como dos caras de una misma moneda el odio y la impunidad, ambos les permiten matar por "celos". Es el sufrimiento y lo traumático que modificará para siempre la existencia de estas personas y las de su entorno, la rotura de ese tramado que no volverá a ser el mismo.

Si no hay holocaustos que se realicen a espaldas de la sociedad (Bauman), estos crímenes de odio son otra manifestación de aquellos slogans (1976/83), al igual que los linchamientos y pedidos de mano dura, este capitalismo tardío cosecha el odio y también la impunidad para matar, el primero se viene sembrando desde épocas muy lejanas, en las que el diferente es una amenaza, instituyéndose lo UNO como lo único y absoluto.

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