Junto al homenaje a Mercedes Sosa, en la potente apertura de la primera luna de Cosquín Emiliano Zerbini defendió su condición de consagrado del año anterior y Soledad Pastorutti confirmó su carisma en un escenario que le es afín. Hubo también otra juntada de artistas, tan emotiva como celebratoria, también saludada por la plaza de pie. Fue la reunión de la Trova Rosarina, que llevó al escenario Atahualpa Yupanqui a Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Jorge Fandermole, Rubén Goldín, Adrián Abonizio y Fabián Gallardo. Representando a Santa Fe como delegación dentro de las “Postales de Provincia”, la juntada logró poner en un muy bien parado tiempo presente  a aquel movimiento artístico que hoy representa una época y un modo de entender la canción. 

Fueron aquellos tiempos de fin de la dictadura y de posterior primavera democrática, y aquella efervescencia en un momento y un lugar –que hizo que Rosario fuese recientemente autoproclamada “Capital del rock nacional”, por ordenanza de su Consejo Municipal– los que vieron nacer las canciones como “Era en abril”. Fue el tema elegido para arrancar esta reunión, en las voces de Garré y de Baglietto, que sonaron con potencia, encanto y entusiasmo. Tras la apertura a dúo se sumó el resto de los protagonistas de la noche, completando la Trova con todos sus hacedores en escena, a excepción de Fito Páez y del fallecido Lalo de los Santos. 

Siguieron canciones que hoy son himnos: “Yo vengo a ofrecer mi corazón” (que ya había sonado en la misma noche, abriendo el homenaje a Mercedes Sosa), “Oración del remanso” (un himno, a su vez, dentro del repertorio de Fandermole), “La vida es una moneda” (también de Fito, pero llevada a escena por Baglietto, en los tiempos en que Páez era su tecladista) y “El témpano”, de Abonizio, ese gran tema fogonero. Junto a los cantantes sonó una banda integrada por Claudio Cardone (otro rosarino de los tiempos de la Trova, que acompañó a Luis Alberto Spinetta en diversas bandas, a Fito Páez y a Illya Kuryaki and the Valderramas), el percusionista Juancho Perone (otro rosarino ilustre), Julián Baglietto en batería (hijo de Juan Carlos y cantante del grupo Huevo), Adrián Charras y Leonardo Introini en bajo. 

No faltó la tan actual “Canto versos”, y volvió a sonar aquella “Historia de Mate Cosido”, de Adrián Abonizio, que también formaba parte del repertorio de Baglietto en sus tiempos de gorrita y jardinero de jean. El bis llegó después de un largo intercambio de regalos y regalitos entre autoridades locales y provinciales, con el público pidiendo otra de pie. Fue con la zamba “La tristecita”, “nuestro pequeño homenaje a otro santafesino ilustre, Ariel Ramírez”, explicó Baglietto.