Actitud táctil, muestra de Clara López Verrilli en eSTUDIOG
La escritura como puesta en escena
El cortazariano juego combina dos escenas deliciosamente anacrónicas: la mecanografía y los ejercicios de sus viejos manuales, en un espacio comercial emblemático de la modernidad rosarina de antaño.
La muestra se exibe en la galería de arte contemporáneo que dirige Gabriela Galassi.La muestra se exibe en la galería de arte contemporáneo que dirige Gabriela Galassi.La muestra se exibe en la galería de arte contemporáneo que dirige Gabriela Galassi.La muestra se exibe en la galería de arte contemporáneo que dirige Gabriela Galassi.La muestra se exibe en la galería de arte contemporáneo que dirige Gabriela Galassi.
La muestra se exibe en la galería de arte contemporáneo que dirige Gabriela Galassi. 
Imagen: Gentileza Majo Badra

"Fue lo único del laboratorio que no vendimos", cuenta Ana Verrilli, la madre de la artista plástica Clara López Verrilli, refiriéndose a la máquina de escribir Olivetti modelo Lettera 32 color verde agua que el padre de la artista, Jorge López, usaba en el siglo pasado para redactar sus informes de análisis bioquímicos.

Con una entrada externa cada uno y comunicados entre sí por el interior, la casa familiar y el laboratorio ocupaban un mismo edificio en una esquina de la localidad bonaerense de Junín. La niñez es la patria de cualquier artista y la de Clara no fue excepción. De niña, se aventuraba al laboratorio del padre y jugaba con los objetos prohibidos que allí encontraba: sellos, materiales diversos de oficina y la entonces reina del escritorio, la Olivetti. "Quedó ahí", recuerdan Ana y Jorge.

Olivetti modelo Lettera 32 color.

El laboratorio continuó funcionando varios años luego de la digitalización de sus procedimientos, que arrumbó a la Olivetti a su rincón de inutilidad decorativa, donde permaneció casi tres décadas hasta que Jorge se jubiló de su profesión de bioquímico y decidió desmantelarlo.

Poco después, hace un año, en un viaje veraniego a Junín desde Rosario, Clara recobró su antiguo juguete. Recordó al mismo tiempo su niñez, al escritor psicópata de la película The Shining y los ensayos de Barthes que había leído en la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Rosario. Y se sentó a escribir: "PÁGINA UNO; ejercicio de escritura. Hoy es miércoles 17 de enero. Está lloviendo".

La Olivetti se convirtió así en más de lo que había sido durante su vida útil, ya fuese lúdica o laboral: aquel objeto tan bellamente inútil devino en herramienta de un proyecto de arte contemporáneo que coquetea con lo literario, en especial con algunos de sus fetiches.

Actitud táctil, con curaduría y texto de Georgina Ricci, se inauguró el viernes 1º de febrero y puede visitarse hasta el viernes 1º de marzo (en horario comercial, incluidos los sábados por la mañana) en eSTUDIOG, la galería de arte contemporáneo que dirige Gabriela Galassi en Galería Dominicis (Catamarca 1427 locales 12-24). La muestra reúne una selección hecha por Ricci de todo un año de "ejercicios", dispuestos en un hábil montaje por Matías Pepe donde se confunden el adentro y el afuera del local. El cortazariano juego combina dos escenas deliciosamente anacrónicas: la mecanografía y los ejercicios de sus viejos manuales, en un espacio comercial emblemático de la modernidad rosarina de antaño.

Clara López Verrilli concibe el acto de escribir a máquina como una performance, una acción "en tiempo real", una puesta en escena del tiempo. La escritura y los errores, las tachaduras, la sobreescritura que genera letras más oscuras: todo eso son huellas del tiempo transcurrido para un cuerpo en "actitud táctil" ("la posición ideal que debe observar el mecanografista para evitar fatigas inútiles"), como pedían los manuales de dactilografía que tan prolijamente transcribió. En su atención a la temporalidad de la materialidad, sus ejercicios de escritura se aproximan conceptualmente y filosóficamente a las fotografías de Andrea Ostera. Estas permiten (también coincidiendo con ideas de Barthes) repensar la fotografía como una huella del tiempo, no solamente como escritura de la luz.

Gentileza Clara López Verrilli
Se trata de escribir acerca del escribir.

La Olivetti Lettera 32 verde agua está presente en la muestra en efigie a través de una foto de su manual de uso, que ilustra la tarjeta de invitación, donde la mancha que indica el paso del tiempo (y que singulariza ese manual en particular, diferenciándolo del resto de la edición) fue reproducida mecánicamente por la imprenta.

Cercana además a la poesía concreta, una de las piezas de la muestra llena toda la página repitiendo la palabra "tiempo". Las hojas con renglones registran pensamientos, ocurrencias, una ficción de diario, centrada de modo autorreferencial en la práctica del escribir (o en la posibilidad de no escribir); las hojas lisas presentan transcripciones, no solo de manuales sino de diarios de escritores. "Lunes yo, martes yo, miércoles yo, jueves yo", enumera el de Witold Gombrowicz.

Independientemente de cuál sea su origen, el tema de la obra siempre es el mismo. Se trata de escribir acerca del escribir, una autorreflexión sobre el propio proceso. Hay en este minimalismo extremo, tanto material como mental, un constante riesgo de caer en la tontera y el ridículo. Este riesgo también está presente en mucho de la poesía contemporánea escrita por mujeres como Fernanda Laguna o Cecilia Pavón (que son también artistas plásticas). También se trata de rescatar la estética del escribir a máquina, sus aspectos sensibles: sus olores, sus sonidos, sus sensaciones táctiles, la composición visual de las palabras distribuidas como poemas en el papel.

Un rincón encantadoramente anacrónico de la exposición consiste en ejercicios de repetición de frases de 60 caracteres, justo el ancho de la página, llenándola de arriba abajo. Son frases anónimas, aparentemente sin sentido ni valor literario, pero que medio siglo después de creadas cobran el valor histórico y estético de lo obsoleto. Remiten a un mundo ido de partidos de water polo, osos de tela y agujas de reloj. La mecanografía de oficina, como lo muestra la película de Mario Piazza Sueño para un oficinista (1980), y como recordó la galerista Gabriela Galassi durante la entrevista, era un mundo tiránico, deshumanizante, regido por un uso capitalista del tiempo aprovechado al máximo a expensas de la vida. También significó para muchas mujeres trabajadoras una de las pocas posibilidades decentes de emanciparse económicamente a través del empleo de secretaria, un dato que no está en la muestra pero viene a cuento de su historia.

Clara López Verrilli nació en Junín en 1987 y vive en Rosario desde 2006. Es Comunicadora Social y docente en la Universidad Nacional de Rosario. Escribe, produce y experimenta en torno a la realización audiovisual y sonora. Participa en proyectos de investigación, grupos de lectura y es miembro del Centro de Estudios Arte y Contemporaneidad.

 

 

 

 

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