Para algunos, una broma anticuada, mezquina, que se ensaña con blancos fáciles; para otros, el verdadero evento de la temporada de premios en Hollywood. Se trata, de más está decirlo, de los premios Golden Raspberry, también conocidos como los Razzies, maligno laurel que desde los 80s “honra” a los peores del año con sardónica (y muy barata) estatuilla. Entregada, claro, a la peor película, el peor director, la peor remake … En fin, lo peor de lo peor ensalzado por los anti-Oscar, tal es el mote del icónico galardón, cuyo buen nombre ha sido recientísimamente manchado por tremenda acusación. “¿¡Los Razzies están arreglados!? ¿¡Acaso ya no hay nada sagrado!?”, han puesto el grito en el cielo acérrimos y horrorizados fans ante información filtrada que demuestra que sería espurio el proceso de selección de los nominados. A todas las luces, un verdadero escándalo, que explotó cuando un informante anónimo, miembro de la comunidad votante, compartió un PDF con los recuentos finales, y algunos totales no se alineaban con los candidatos a las distintas categorías. Por caso, Jamie Dornan y Kevin Spacey tenían suficientes votos para batirse a Peor Actor, pero ninguno llegó a la boleta final. Según la fuente, un garganta profunda de cabotaje, el fundador de los Razzies John Wilson “sencillamente elige a quien le da la gana”, lo cual es más que una estafa moral: después de todo, para votar en los Razzies, ¡hay que pagar! El chiste se lo han jugado a ellos, de corroborarse el timo. Claro que Wilson niega rotundamente el desfalco, dice que ha sido un error de sistema, que más claro echale agua, nada que reportar. Salvo que los Razzies se entregan el 23 de febrero, manchado en esta ocasión su buen nombre, ¡el honor!