La trilogía de Levi que pertenece al género autobiográfico y atisba la 'naturaleza del mal'
Los dolorosos dilemas sobre la culpa
Si esto es un hombre (1958), La tregua (1963) y Los hundidos y los salvados (1986) dejan en claro la radicalidad de las experiencias del autor que fue prisionero del nazismo en Auschwitz. Levi fue deportado por judío y antifascista en 1944.
Para Levi encontrarle 'significado' a los campos le parecía una tarea innecesaria e injusta.Para Levi encontrarle 'significado' a los campos le parecía una tarea innecesaria e injusta.Para Levi encontrarle 'significado' a los campos le parecía una tarea innecesaria e injusta.Para Levi encontrarle 'significado' a los campos le parecía una tarea innecesaria e injusta.Para Levi encontrarle 'significado' a los campos le parecía una tarea innecesaria e injusta.
Para Levi encontrarle 'significado' a los campos le parecía una tarea innecesaria e injusta. 

Sigmund Freud comenzó El porvenir de una ilusión (1927) preguntándose por cuál ha de ser el destino lejano que aguarda a la cultura en la cual uno ha vivido. Se ha señalado con insistencia que el mundo no volvió a ser el mismo desde la publicación del libro de Elie Wiesel, La noche (1956-1958). Allí, el celebrado escritor -ganador del premio Nobel- le devolvía la memoria a las víctimas del genocidio y abría, involuntariamente, un capítulo nuevo sobre la literatura del Holocausto. En una reciente entrevista, respondía así acerca del filósofo y químico italiano Primo Levi: "Estábamos juntos en la misma barraca en Auschwitz. Lo extraño. Teníamos un lenguaje en común. Hablé con él pocos días antes de su muerte. Yo no compartía su culpa. No creo que los sobrevivientes deban sentir culpa. La ironía es que los culpables no sienten culpa y los sobrevivientes sí". Después, Jacques Lacan dirá que es importante que el sujeto sienta culpa. De esta manera se puede producir cierta rectificación subjetiva en un tratamiento analítico. Sin culpa es difícil que esto se produzca.

Levi fue deportado por judío y antifascista en 1944 para luego ser trasladado por Polonia, Rusia Blanca, Ucrania, Rumania y Hungría antes de regresar, después de la victoria aliada, a su Italia natal. Había nacido en Turín en el año 1919. Se suicidaría en 1987, en la misma ciudad y en el mismo departamento donde vivió gran parte de su vida. Si esto es un hombre (1958), La tregua (1963) y Los hundidos y los salvados (1986) dejan en claro, de entrada, la radicalidad de las experiencias del autor, que se resume en un ejemplo. Cuando estuvo en Auschwitz, Levi preguntó a un guardia "¿Por qué, por qué todo esto?". El guardia contestó: "No hay 'porques' aquí".

Esta trilogía pertenece al género autobiográfico y permiten atisbar la 'naturaleza del mal' -condensada tanto en el nazismo como en el fascismo-, que pareció recorrer como una sombra el destino de Levi. Los años de las publicaciones originales nos hablan de la pareja preocupación de Levi por el tema. En el primero de los tres textos, Si esto es un hombre, cuenta cómo estaban organizados los campos y cómo se establecía la relación entre víctimas y opresores: "... nos damos cuenta de que nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la destrucción de un hombre. En un instante, con intuición profética, se nos ha revelado la realidad: hemos llegado al fondo". La presente edición ha incorporado un apéndice, realizado a manera de entrevista en noviembre de 1976, en el que Levi señala los puntos nodales del horror nazi, contestando a la pregunta de cómo fue posible que el Holocausto haya tenido como escenario el corazón de Europa y el país civilizado por excelencia que salía de la ilustrada República de Weimar.

La tregua, por su parte, se centra en la laberíntica y tortuosa repatriación que llevó a Levi y a otros de sus compatriotas por países de Europa Oriental. En el prólogo al volumen, Levi recuerda que los soldados nazis se burlaban de sus víctimas advirtiéndoles que "ya les hemos ganado, nadie les creerá lo que aquí les sucedió". Las víctimas, a su vez, tenían en los campos de concentración, noche a noche, una misma pesadilla: de regreso a sus hogares, y al contar lo que los nazis les hicieron, sus parientes y amigos les daban la espalda, sin creer lo que decían. "Tanto los opresores como las víctimas -dice Levi- se daban cuenta de la enormidad, y por consiguiente, de lo imposible que sería darle credibilidad a lo que estaba sucediendo". El vaticinio se hacía realidad. En los primeros años, pocos, muy pocos estaban dispuestos a escuchar a Levi. Si esto es un hombre vendió apenas 2.500 copias en Turín, editadas por una pequeña editorial.

El último de los escritos autobiográficos data de 1986 (un año antes de su muerte), y el autor lo tituló Los hundidos y los salvados para dejar en claro cuál es la función de la memoria: "La locura nazi ha ocurrido en Europa, contra todas las previsiones (...) Ha sucedido y, por consiguiente, puede volver a suceder: esto es la esencia de lo que tenemos que decir".

La recopilación de los escritos autobiográficos de Primo Levi se cuenta, sin duda, entre los textos más imprescindibles a la hora de intentar analizar con objetividad y mesura uno de los episodios más estremecedores del siglo XX. En ninguno de los tres volúmenes se percibe la exaltación del escándalo o la minuciosa indulgencia del llanto de la víctima; Levi prefirió más bien un estilo claro, preciso y austero para abrir el debate, de manera libre y democrática. Esto, precisamente, le valió ciertas acusaciones. No era, en sus relatos de la barbarie, desesperadamente cínico como Tadeusz Borowski, ni feroz como Jean Améry. Tampoco, como Jorge Semprun, elípticamente literario, ni espiritual como Elie Wiesel. Estuvo muy poco dispuesto a entablar pronósticos metafísicos (el nazismo como consecuencia necesaria de la Ilustración, de la racionalidad, de la tecnología), y encontrarle 'significado' a los campos le parecía una tarea innecesaria, injusta con la situación y con las víctimas. Repelió siempre, además, la idea romántica de que habría en su salvación algo trascendente que lo dignificara ante sus semejantes. Y el silencio, la apelación a lo inefable del 'mal' le producía un gesto autoritario. Améry sugirió que Levi había 'olvidado' todo. Levi respondió que la palabra no estaba en su vocabulario.

*Psicoanalista. BA. Miembro EOL y AMP.

 

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