Desde Londres

El Brexit está desangrando a conservadores y laboristas. En las ultimas 72 horas, tres diputadas de los Tories y ocho del partido de Jeremy Corbyn renunciaron a su bancada parlamentaria para formar un nuevo grupo de independientes con una marcada agenda pro-europea que impulsa un nuevo referendo sobre la salida británica de la UE. Mientras tanto la primer ministro Theresa May ayer y Corbyn hoy intentan convencer a Bruselas que tienen la llave para lograr un consenso en el parlamento que evite una partida del bloque europeo sin acuerdo alguno, es decir, un divorcio de los peores con fuerte impacto económico para el Reino Unido.  Las renuncias abrieron un agujero en la ofensiva europea de ambos líderes. Ayer por la mañana las conservadoras Sarah Wollaston, Heidi Allen y Anna Soubry condenaron duramente el viraje a la derecha del partido. Según las diputadas, May ha permitido que el partido sea secuestrado por los reaccionarios unionistas nor-irlandeses del DUP y el European Research Group, liderado por Jacob Rees–Mogg, un diputado que representa el ala más recalcitrante pro Brexit de los conservadores y que habla con unb acento tan afectadamente aristocrático que parece una caricatura.

Las cosas no pintan mejor en el laborismo. El lunes siete diputados del ala derecha del partido señalaron que no podían seguir como parte de la bancada laborista en el parlamento por la política de Corbyn sobre el  Brexit y por lo que llamaron “antisemitismo institucionalizado” del laborismo. El martes a la noche se le añadió otro. Los anuncios tuvieron un fuerte impacto, pero no sorprendieron: las diferencias con el líder laboristas eran cada vez más inocultables. En algunos casos, incluyeron acusaciones hiperbólicas que comparaban a Corbyn con el stalinismo soviético. Según Stephen Bush, editor político del New Statement, histórico semanario laborista, el número que preocupa al Corbynismo es el 100. “Ese es el número de diputados que está de acuerdo con todo lo que dicen los siete... Esto no quiere decir que vayan a tomar el mismo camino”, escribió anoche en el vespertino Evening Standard. 

La división entre el Partido Parlamentario –262 diputados electos en 2017 – y la base partidaria –unos 500 mil miembros– está presente desde que Corbyn reemplazó a Ed Milliband como líder tras la derrota electoral de 2015. La excelente elección que hizo en 2017 con un manifiesto de izquierda acalló por un tiempo la oposición interna. El Brexit devolvió a la superficie el antagonismo. El anuncio este lunes cortó un poco las alas de una de las movidas más pro-europeas de Corbyn: sus encuentros hoy en Bruselas para promover su plan de mantener al Reino Unido en la unión aduanera. Según Corbyn este plan, que incluiría una relación de fuerte alineamiento con el mercado común europeo, puede congregar un apoyo mayoritario de la Cámara de los Comunes. 

El enésimo viaje de May a Bruselas anoche gira en torno a una nueva propuesta legal para resolver el problema del “Backstop”, el mecanismo que se usará en caso de que no se logre implementar una frontera invisible entre Irlanda del Norte (parte del Reino Unido) y la República de Irlanda (parte de la UE) luego del fin del período de transición en diciembre de 2020. Como la UE ha dicho que no retocará el acuerdo que alcanzado en noviembre y que incluye el Backstop, May buscará consensuar con los dirigentes europeos un documento anexo que asegure que este Backstop será una situación temporaria que no dejará al Reino Unido atado a la unión aduanera.

El miércoles 27 el parlamento tendrá que votar sobre la propuesta que traiga May y sobre las enmiendas de las distintas bancadas, incluidos ahora los independientes ex laboristas y ex conservadores. Nadie da diez peniques por el plan que presentará May que necesita los votos del DUP, del European Research Group y del resto de la bancada conservadora para alcanzar una victoria por un puñado de votos. Si el parlamento vuelve a rechazar esta propuesta, quedarán cuatro semanas y un día para la fecha de salida de la EU. Todas las opciones estarán abiertas, desde el pedido de postergación de la fecha de salida hasta un nuevo referendo.