En otro día caótico, el Parlamento británico rechazó por cuatro votos salir de la Unión Europea (UE) sin un acuerdo el 29 de marzo. El parlamento rechazó también una enmienda de los pro-brexit para avanzar hacia una “salida negociada sin acuerdo”, el llamado Malhouse compromiso. La diferencia en este punto fue mucho más contundente y revela la relación de fuerzas parlamentaria en favor de un Brexit suave: 374 contra 216 votos.

    A 16 días de la partida del bloque europeo, el Brexit está en el aire. El martes los parlamentarios votaron por abrumadora mayoría (242 votos) en contra del único acuerdo de salida de la UE que hay sobre la mesa, el que firmó May con el bloque el 25 de noviembre. Ahora se inclinaron por un margen mucho más pequeño (312 contra 308) en contra de una salida sin acuerdo. Así las cosas, habrá que esperar a la votación del jueves, sobre si se solicita una extensión de la fecha de salida de la UE, para ver cómo sigue la saga del Brexit.

     Está claro que la primera ministra Theresa May ha dejado de controlar la marcha de los acontecimientos. En su alocución ante el Parlamento ayer y hoy perdió por momentos la voz, algo que le había pasado en la conferencia del Partido Conservador de 2017, cuando muchos Torys pedían su renuncia. Si la primera ministra lucha por tener voz, ¿qué se puede esperar de su gobierno?

     No mucho, así que el Parlamento está asumiendo a medias la batuta. En la actual relación de fuerzas de la Cámara de los Comunes parece bastante claro que votará a favor de solicitar a la UE una extensión de la fecha de salida. Será clave cómo se formula la moción parlamentaria y cuánto tiempo de extensión se solicita al bloque.

      El gobierno quiere una extensión corta, de unos tres meses, pero la propuesta concita objeciones de todo tipo, entre ellas, las elecciones al parlamento europeo de fines de mayo. Si el bloque concede la extensión, el Reino Unido sería todavía pleno miembro de la UE y, por lo tanto, se encontraría en la surrealista posición de participar de comicios de un bloque que abandonaría al mes siguiente.

      En todo caso esta vía de salida del laberinto depende de que la UE responda que sí a la solicitud británica en la cumbre que se celebrará en Bruselas el 21 de marzo. Los europeos han advertido a los británicos que cualquier extensión debería tener una claridad de propósito que no se ve en este momento. El bloque prefiere una extensión de más tiempo, quizás hasta fin de año, para que el parlamento tenga más tiempo para acordar una posición que podría incluir un nuevo referendo sobre el tema.

     La extensión del plazo requiere el voto unánime de los 27 miembros de la UE. Los grupos euroescépticos británicos, que temen que estas extensiones y nuevos plazos terminen engulliéndose al Brexit mismo, están haciendo lobby entre los gobiernos de centro derecha europeos para que sean la voz disonante. La batalla del Brexit no deja de abrir nuevos frentes en medio de una pregunta que nadie ha contestado: ¿quo vadis, Reino Unido?