El miedo, la persecución

El 7 de marzo ingresamos en procesión a la Virgen Abortera de Coolpa al Centro Cultural Haroldo Conti, para ser parte de la muestra feminista y federal “Para Todes, Tode. Plan de Lucha”. Desde ese día el espíritu de censura comenzó a corporizarse en varios actores, entre ellos la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, y en particular el propio Claudio Avruj. Pensar es un hecho revolucionario, nos decía Marie Orezans en su obra instalada en el Parque de la Memoria, y el arte como praxis poética obliga a sus trabajadores a tensionar las imágenes. Pero primero aclaremos algunas cosas. La virgen abortera es una obra de arte del proyecto Coolpa, y fue convocada por la curadora de la muestra, Kekena Corvalán, por concentrar en su materialidad gran cantidad de contradicciones y debates que hoy atraviesan a la sociedad argentina. Es claramente una obra de este tiempo; tanto es así que el miedo y la persecución que recoge no pone en duda su capacidad de convocatoria. Porque es en la convocatoria de herejes y brujas, en los que se va cociendo la sospecha y el acoso de los que, apelando a la moral, buenas costumbres cristianas, y deber religioso, intentan explicar la censura y la represión como método de cohesión social. Detenerse a explicar los elementos poéticos, históricos, sociológicos que movilizan la obra, sería visibilizar un hecho político, y poner en primer plano aquello a lo que la obra alude directamente, una institución religiosa que sigue operando continuamente contra la Ley de Aborto Legal Seguro y Gratuito. El miedo es el mejor vehículo para esconder la condena, y en ella viene agazapada el hostigamiento, que se cuecen en un caldo de historias de torturas. El miedo permite reauratizar al objeto de arte como pagano, dentro de los cánones de la iglesia, y la performance, como profanación. Así avanza la cacería y se elimina el debate político. Se reinstala una dinámica inquisitoria, en donde lo que realmente importa es el sentir religioso por encima de la vida de las personas. En este caso de todas las mujeres que en este 2019 murieron a causa de un aborto clandestino. O de las niñas violadas que son obligadas a parir por cesárea, porque su cuerpo no soportaría un parto natural. El miedo sacraliza la disputa, y permite esquivar el contenido político. Así han alimentado a la bestia, que sueña con hogueras, que hace que nos preguntemos qué puede pasar. Y en esto nos imaginamos tres posibles desenlaces. El primero es la destrucción del objeto artístico por un grupo, que en este caso particular, por tratarse de la representación del cuerpo de una mujer que se subleva ante sus mandatos, lo podríamos catalogar como femicidio. Si se afanan en que se esfume, como varios funcionarios dieron a entender, estarían desapareciendo a la obra, lo que sería perverso teniendo en cuenta el espacio que la alberga. Y lo tercero, es que sigan apareciendo “otras vírgenes” como para que no crean que, acabando con esta, la cosa está terminada. 

Santiago Canción: Malón Octubre Arte y Derechos Humanos. 

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