Entrevista a Fréderic Martel, autor de Sodoma, el libro que devela la doble moral del Vaticano con respecto a la homosexualidad

El closet del Vaticano

En Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano, el periodista y sociólogo francés Frédéric Martel se ocupa de lo que fue durante muchos años motivo de rumores, la indiscreción peor guardada o un secreto a voces: la presencia mayoritaria de sacerdotes homosexuales en el Vaticano.
Imagen: Jorge Larrosa

En una investigación  que le demandó cuatro años,  pasar una semana de cada mes  en el Estado Papal y en la que asegura haber entrevistado a más de 1500 personas -la mayoría de ellos cardenales, obispos, monsignori, nuncios apostólicos, sacerdotes  y seminaristas-, tanto dentro de la Santa Sede como en 30 países, Frédéric Martel confirma que la gran mayoría del Vaticano pertenece a la “parroquia”, subterfugio para referirse a la comunidad gay. Por supuesto nadie y mucho menos Francisco pueden desconocer la situación. 

Lejos de la rigidez académica, el libro está escrito en un estilo ameno, dinámico y por momentos muy divertido en que desfilan historias de vida de religiosos que eligieron el sacerdocio y llegaron al Vaticano como un refugio para vivir el erotismo y la vida entre hombres y una cierta idea de familia. También narra la homofobia que encubre la homosexualidad de algunos miembros del clero a la vez que los dilemas que esa doble moral que condena y a su vez acoge a la vida gay y el hecho de vivir “entre locas” plantea para Francisco.

–En tu libro estableces una relación entre vocación sacerdotal y posibilidad de ejercer la homosexualidad. Y señalas que de hecho ahora que la forma de amor homosexual puede vivirse de manera más abierta en muchas partes del mundo disminuyó la vocación sacerdotal. ¿Cuáles te parecen ahora las principales causas de que se abrace el sacerdocio?

–¡Ninguna! Desde los años setenta los sacerdotes heterosexuales o la mayoría de ellos han dejado la Iglesia porque prefirieron casarse. Y la Iglesia se encontró con un problema para atraer gente heterosexual a sus filas. Entonces aumentó el porcentaje de homosexuales dentro de la Iglesia. Los homosexuales tienen ahora otras opciones de vida. Creo que por lo menos en España, Francia e Italia es una de las causas por las cuales ha disminuido la cantidad de sacerdotes. Más o menos 800 sacerdotes mueren en Francia, y para ser reemplazados  menos de cincuenta son ordenados sacerdotes. Probablemente en Argentina la proporción sea similar.

–¿Te parece que hay una relación directa entre vocación sacerdotal y pedofilia?

–Hay que tener mucho cuidado. No hay una relación directa entre homosexualidad y el abuso. El abuso sexual se sucede mayoritariamente entre personas heterosexuales en el mundo, mayormente son mujeres o niñas. Cuando se sucede en la Iglesia por parte de sacerdotes abusivos sí es con niños o muchachos, algunos seminaristas. Dentro de la Iglesia el abuso sexual suele ser abuso homosexual. El problema no es la homosexualidad sino la sexualidad reprimida, la sexualidad que se oculta. Esto desemboca en la conformación de un patrón, un patrón de silencio, una cultura del secreto que se materializa en prácticas de vida donde se termina silenciando y protegiendo dentro del Vaticano todo tipo de sexualidad. Es decir cuando un obispo no pune a un cura pedófilo, no solo protege al cura sino a toda la comunidad religiosa, a sí mismo que probablemente también ejerza su sexualidad con mujeres o con hombres y puede ser víctima de chantaje. Se miente con respecto a la sexualidad en general. El 40 por ciento de los sacerdotes son activos sexualmente. El 10 % respeta su voto de castidad. El otro  50 % está por lo menos en conflicto con su sexualidad.

–¿Cómo logró no sólo entrar al Vaticano sino que tantos religiosos salieran del clóset?

–Viví durante cuatro años una semana cada mes en Roma. También en el Vaticano en tres departamentos diferentes: uno de un cardenal, uno de un obispo y uno de un sacerdote. Y uno de ellos era latinoamericano. No es algo raro. Ello viven en el Vaticano, tienen familia, tienen amigos y te invitan a visitarlos y a quedarse con ellos. El espacio es muy grande. Ellos sabían que yo era gay, que era investigador y los temas a los que me dedicaba y había llegado a ellos mediante otros amigos gays, una especie de red. Eso supone códigos comunes, una cierta solidaridad y confianza. Muchos de ellos tienen más de ochenta años y una vida de ocultamientos o verdades a medias. ¿Qué ganan con callar? Al contrario tienen ganas de hablar. Pero básicamente pude entrar al Vaticano gracias al entorno gay francés.

–¿Cuál es suconclusión sobre el Papa Francisco finalizada la investigación?

–Al principio no me gustaba Bergoglio. Soy francés, laico, no católico y para los franceses los jesuitas son por sí mismo sospechosos. Él es jesuita, peronista y tiene 82 años. Un día es gay friendly y al otro día lo contrario. ¿Cómo se le puede confiar? No tiene un patrón o una definición clara. Bergoglio no me gustaba para nada. Luego cuando empecé a investigar el tema en Argentina y principalmente en Roma y comencé a ver la lucha, hasta te diría la guerra civil dentro del Vaticano con muchos cardenales, obispos típicos como Agüer o Leonardo Sandri que son muy homofóbicos, de derecha, atacan al Papa constantemente, su postura con respecto a la inmigración es xenófoba, sus posiciones con respecto a Venezuela o Cuba. Y que para ellos el Papa es muy gay friendly. Entonces claro que lo prefiero a él al frente de la Iglesia. No me caía bien Bergoglio pero si el Papa Francisco. 

–¿Qué opina de las posiciones del Papa sobre la homosexualidad?

–En relación con el tema homosexual ha reaccionado demasiado tarde, muy poco y en forma contradictoria. Pero hay que compararlo con Juan Pablo II y Benedicto XVI. Cuando se trata de un caso particular o una persona él es gay friendly. Apoya a los homosexuales aun si son sacerdotes. Llamó personalmente al sacerdote Lepore cuando dejo el sacerdocio por un hombre y lo felicitó por su coraje. Cuando vamos a un tema más de activismo, de luchas por los derechos es muy antigay. Es bueno con las personas gay pero no es bueno con la política pro gay. La semana pasada supuestamente se iba a encontrar con activistas LGBT. Yo anuncié la reunión. Tengo la carta oficial. Era una reunión en el Vaticano con 50 activistas. Y les prometió un discurso completamente novedoso sobre el tema. A último instante no apareció y envió a Parolín, el Secretario de Estado para representarlo, el cual no dijo nada. Es típico comportamiento de Francisco.

–¿Y con su posición respecto a los curas pedófilos?

–Nuevamente es una cuestión de compararlo. Si me preguntas a mí si hace lo suficiente con el tema te respondo que no. Protegió al cardenal Barbara diciendo no sigo las redes sociales. No se trataba solo de  la prensa o de las redes sociales sino que Barbara fue juzgado por un tribunal en Francia y encontrado culpable. Para Mac Conastair llego muy tarde. De forma inentendible designó al cardenal australiano Pell como Jefe de Finanzas del Vaticano cuando todos sabían que estaba implicado en abusos sexuales. Respecto a Chile cambió su parecer y echó a dos obispos y ahora tenemos a dos cardenales inculpados.Al mismo tiempo organiza encuentros contra el abuso sexual. Respecto a Mac Conastair hacia el final tomo una postura correcta e intentó cambiar a la Iglesia en este tema. Muy tarde, muy poco. 

–¿Quién financió esta investigación a todas luces tremendamente costosa?

–Algunos de mis libros fueron muy exitosos. Particularmente Cultura Mainstream. Invertí parte de ese dinero para financiar esta investigación. A su vez, tengo el respaldo de grandes editoriales. Aca está la distribución de Random House, Feltrinelli en Italia, Bloomsbury en Estados Unidos y Gran Bretaña, la editorial de Harry potter, así que Harry Potter me financió. Por lo tanto Harry Potter es gay (risas).

–¿Tuvo algún apoyo político o económico de alguna facción de la iglesia o de otro centro de poder?  

–Los rumores de que el Papa Francisco financió esto y que lo apoyó son ridículo. Si hubieran sabido en el Vaticano que iba a escribir este libro no me hubieran permitido entrar. Al mismo tiempo es cierto que yo hablé con muchos asesores del Papa, muchas veces pero también con los asesores de los opositores, de Benedicto.

–¿Tuvo problemas legales o amenzas después durante la investigación o después de la publicación del libro?

–No. Me protege el hecho de ser francés (risas)… Hay una tradición identitaria en Francia donde el Estado protege el derecho de creer y no creer, que valora las buenas acciones de la Iglesia pero donde también poder criticar aspectos de la Iglesia como cualquier institución estatal o religiosa es casi un derecho humano básico. No es un libro de revancha contra la Iglesia. Es una investigación puramente periodística. Pero claro no podría haber sido escrita en Italia.Tengo 14 abogados, están con su nombre en la lista en el libro. Me baso en hechos, archivos de policía, juicios o sentencias de tribunales, archivos del departamento de Estado de Estados Unidos, especialmente en Chile y en Argentina. Y en testimonios. No en rumores. No delato a las personas, sino que delato al Vaticano, no a alguien en particular.

–Por último, ¿cuál de las historias de vida, estas vidas en cierta forma siempre signadas por el clóset, lo conmovieron personalmente?

–La del padre Louis: el sacerdote de mi parroquia cerca de Aviñon cuando yo tenía 12 años y profesaba la fe católica. Él era muy risueño y comprensivo y era una persona maravillosa. Era muy cercano y solo mucho más adelante me enteré de que era gay. Poco antes de terminar mi investigación me enteré de que había muerto y de las circunstancias de su muerte a causa del sida. Su historia aparece en las últimas cinco páginas de mi libro y si las leés queda claro que mi intención no fue escribir un libro contra la Iglesia. 

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ