Una negociación en Roma, en septiembre de 1978

El diálogo de Videla con Mondale

Videla con Carter en 1977. La reunión muestra un diálogo mucho más amistoso de lo que se veía en público.Videla con Carter en 1977. La reunión muestra un diálogo mucho más amistoso de lo que se veía en público.Videla con Carter en 1977. La reunión muestra un diálogo mucho más amistoso de lo que se veía en público.Videla con Carter en 1977. La reunión muestra un diálogo mucho más amistoso de lo que se veía en público.Videla con Carter en 1977. La reunión muestra un diálogo mucho más amistoso de lo que se veía en público.
Videla con Carter en 1977. La reunión muestra un diálogo mucho más amistoso de lo que se veía en público. 

El tres de septiembre de 1978, el dictador Jorge Rafael Videla hasta la residencia del embajador de los Estados Unidos en Roma, para reunirse con el vicepresidente Walter Mondale. Entre los papeles desclasificados y difundidos este viernes por Washington se incluye la minuta, palabra por palabra, del diálogo entre el argentino y el norteamericano. Con gran ambigüedad, cuidando las formas, la charla fue un intercambio en el que Videla aceptó la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a cambio de que Washington liberara los créditos del Exim Bank, que incluían el financiamiento de una etapa de Yaciretá.

Mondale arranca explicando a Videla que el mismo presidente Jimmy Carter aceptó su pedido de una entrevista en Buenos Aires y le dijo que “no queremos problemas con Argentina, pero los derechos humanos son un asunto central”. Videla le agradece y le expresa que “extremadamente importante” que se vean porque “siento que nuestras relaciones se están deteriorando”. El dictador agrega una frase notable: “Yo estoy completamente de acuerdo con la posición del presidente Carter en cuanto a los derechos humanos. Creemos profundamente en el proceso democrático para que los hombres puedan vivir con dignidad y en libertad”.

Videla le explica que hasta acepta “críticas objetivas”, pero que no puede aceptar nada que parezca una intervención extranjera en asuntos domésticos, en particular las declaraciones de la encargada de la Comisión Interamericana Patricia Darien ante el Congreso de los EE.UU. “El pueblo argentino no puede tolerar una intervención”, subraya el dictador.

Mondale le da la razón y va al grano: hay que arreglar las cosas antes que entre en efecto la Enmienda Humphrey-Kennedy, que ata las manos del gobierno te gobiernos que infringen los derechos humanos. El vicepresidente le explica que eso deja menos de un mes para que Videla acepte la visita de la Comisión “en términos que la Comisión pueda aceptar”. Mondale agrega que “si ustedes hacen algo, entonces nosotros podemos hacer algo”.

Videla le explica que ya hicieron “algo”: entregar una lista de prisioneros y otra de “desaparecidos que reaparecieron”, liberar en Navidad 500 prisioneros, liberar otros 65 “la semana pasada”, pasar a Jacobo Timerman a arresto domiciliario, igual que a “al profesor Bravo”, de quien afirma que “esperamos que la corte le aplique cargos menos graves”. Mondale ni se inmuta ante tamaña declaración, y el diálogo continúa alrededor de la fecha en que Videla anunciaría la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que insiste debe ser el 15 de septiembre. Videla no se compromete, pero tampoco se rehúsa, y la charla termina combinando una visita de funcionarios del gobierno norteamericano a Buenos Aires.

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