Las góndolas están en orden
Imagen: Leandro Teysseire

El envase importa, aunque sea menos que el contenido. El presidente Mauricio Macri se valió de un video propagado en YouTube dialogando con una familia, interlocutora cautiva. Escogió el modo coloquial y no el “estoy caliente” que cultiva desde la apertura de sesiones del Congreso. Usó por primera vez la palabra clave: “alivio”. La ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, la pronunció a los 30 segundos de su intervención-prólogo a la conferencia de prensa, al minuto de contestar la primera pregunta, a los diez segundos de responder la segunda y no menos de cuatro veces más. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, apeló al sonsonete en la primera frase y reincidió un par de veces más. Su colega de Producción y Trabajo, Dante Sica, fue coherente con Macri al exponer con un rostro atribulado pero incurrió menos en la palabra fetiche.

Dujovne, retomando una histórica frase presidencial, recordó que en estos años “pasaron las cosas que pasaron y tomamos las medidas que tomamos”. Alto orador... De los tres expositores, solo Stanley mostró un grado de soltura, algo parecido a una sonrisa y menciones a “la gente”.

Los anuncios oficiales deben tomarse con pinzas esterilizadas. Algunos se refieren a acciones ya adoptadas. Otros son promesas. Sin agotar la lista ni intrusar en la mirada de los especialistas en economía ni agotar el listado, este cronista apunta que se desconocen el texto del Decreto de Necesidad y Urgencia sobre Defensa del Consumidor, la fecha exacta en que se pondrán en el mostrador una parva de toneladas de carne en la ganchera del Mercado Central.

Se ignora qué pasará si las empresas incumplen sus compromisos, si faltan productos en las góndolas. Cuántos serán los controladores estatales, cuáles las sanciones para quienes desabastezcan. Un principio central del derecho establece que solo hay realmente una obligación si existe una pena para su incumplimiento. Esa data, por ahora, te la debo.

Hechos y promesas: Dujovne reconoció que la inflación de marzo fue elevada, aseguró que el Gobierno lo sabía de antemano. Omitió explicar por qué Macri anunció una merma el mes pasado. Como al desgaire, el ministro descerrajó que en abril seguirá la trepada de precios. El oficialismo adoptó el criterio de diferir por lo menos un mes las profecías de mejoras.

Stanley prometió créditos a tasas “no usureras” (sic, total novedad dentro del relato M). Las tarifó en el orden del 50 por ciento anual en un primer esquicio, luego matizó “entre 40 y 50”. La “no usura” está cara...

Los planes de pagos de la AFIP para empresarios pyme morosos tendrán “intereses favorables”, prometió Dujovne y las tasó en el 2,5 por ciento mensual.

Los hechos son duros, las promesas gaseosas. Los cambios de paradigma se explicitan con desgano, se justifican en función del alivio buscado.

Ausencias notables: el formato “conferencia de prensa” con diez preguntas para tres ministres (concedidas en alta proporción a medios oficialistas o afines) evita la repregunta, tan incordiante.

El Multimedios Clarín tuvo dos representantes, quantum inferior a su hegemonía en el mercado. En simultáneo la empresa estaba vallada y rodeada de policías para sofrenar la protesta de los trabajadores ante decenas de despidos, sucedidos justo en ese día iniciático. Quizá no sea problema, porque el desempleo no fue mentado por ninguno de los tres integrantes del equipazo.

Como algunos interrogantes fueron atendidos por más de un expositor, Dujovne y Stanley superaron el promedio preasignado de 3,33 contestaciones. Sica quedó por abajo, las respondió lacónicamente, Macri se desplazó cerquita de Olivos para grabar el video, una pieza fallida que evoca al patético anuncio del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esconder al Presidente es la novedosa consigna de la publicidad oficial.

El coloquio con periodistas en la Quinta de Olivos evitó mostrar la presencia del empresariado supuestamente enrolado en la “batalla” (otra palabra clave, menos socorrida que “alivio”) contra la inflación. El primer mandatario y los formadores de precios hurtaron el cuerpo lo que alimenta dudas ya instaladas.

La dinámica tradicional del macrismo determina que los anuncios son más generosos que la implementación concreta, que el “gasto social” se subejecuta, que la gestión es pésima.

Las tarifas eléctricas ya se ajustaron: que no trepen de nuevo es un alivio relativo. Los aumentos prepautados de gas se mantendrán.

Los costos del transporte público se mantendrán como hasta hoy (exorbitantes) en zona metropolitana. Ante una pregunta aguda de un colega de Cadena 3 sobre qué sucederá en otros territorios, Dujovne pidió a los gobernadores que pusieran el hombro. Soslayó que el año pasado despojaron a las provincias del subsidio para atenuar costos del pasaje urbano o interurbano: se lo tiraron por la cabeza. Con el agua al cuello, los mandatarios provinciales se verán en figurillas para poner más plata.

A primera vista, con mirada impresionista, uno imagina que la inflación rondará nomás el 40 por ciento anual, la tasa de desempleo se mantendrá o agravará. Tal vez el diseño del plan impacte más en los índices del Indec que en los precios. La tregua durará hasta fin de año en algunos casos y hasta septiembre en otros.

El acuerdo con el FMI se mantendrá intacto, lo que garantiza un ajuste extra para cubrir las nuevas erogaciones, incluyendo un nuevo subsidio a las concesionarias que proveen electricidad.

El Gobierno machaca el “alivio” y, seguramente, espera que ocurra. Cuesta compartir su optimismo y creer en su conversión súbita. En cuanto al “pacto de caballeros” con las productoras de artículos de primera necesidad... ahorramos palabras y esperanzas.

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