Macron homenajeó a los bomberos
El tributo a los héroes
Los bomberos franceses fueron aclamados por una multitud. Les agradecieron que hayan impedido la destrucción total de la catedral.
La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, encabezó uno de los homenajes.La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, encabezó uno de los homenajes.La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, encabezó uno de los homenajes.La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, encabezó uno de los homenajes.La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, encabezó uno de los homenajes.
La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, encabezó uno de los homenajes. 

Tres días después del incendio que devastó parte de la catedral de Notre Dame de París, la conmoción provocada por el accidente, que dio la vuelta al mundo, dejó paso a los homenajes, con los bomberos en el centro de los mismos, héroes por haber salvado lo esencial del templo.

Recibidos en el Elíseo por el presidente, Emmanuel Macron, muchos del medio millar de los que participaron en la extinción de las llamas fueron aplaudidos posteriormente en el Ayuntamiento, a dos pasos de Notre Dame.

Los bomberos fueron aclamados por una multitud que los consideró responsables de haber evitado que las llamas redujeran a cenizas el monumento gótico, que se mantiene en pie, desprovisto de cubierta, pero reconocible desde el exterior.

“Gracias al trabajo excepcional de los bomberos se evitó lo peor”, dijo el ministro, minutos antes de que muchos de ellos desfilaran por el palacio del Elíseo, donde el presidente les aseguró que habían sido “ejemplares”.

Macron insistió en que los bomberos adoptaron “las decisiones adecuadas”, al centrar su intervención en evitar que las llamas alcanzaran las torres, lo que podría haber sido fatal para Notre Dame.

Ante cientos de personas, se leyeron fragmentos de la obra de Victor Hugo ambientada en el templo y sonaron pasajes de Bach, antes de que el deán de Notre-Dame, Patrick Chauvet, tomara la palabra para asegurar que la repercusión planetaria que tuvo el incendio le hizo darse cuenta de que es “la catedral del mundo”.

El ministro del Interior, Christophe Castaner, por su parte, aseguró que la catástrofe de Notre Dame hizo que el pueblo francés “esté ahora unido por la esperanza” en la reconstrucción, que Macron fijó en un plazo de cinco años. “Notre Dame resistió, 850 años de nuestra historia resistieron”, clamó el ministro, responsable también de cultos.

El presidente afirmó que invitó al papa Francisco a París y anunció que condecorará a los bomberos, algo que también hará la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que los homenajeó por la tarde en la plaza del Ayuntamiento.

En un emocionado discurso, la regidora aseguró a los bomberos: “Han salvado una parte de nosotros”. Hidalgo invitó a parisinos y turistas a participar en la plaza del Hotel de Ville de un homenaje a quienes “contribuyeron a salvar de las llamas a Notre Dame”, durante el cual se fijarán dos placas monumentales para “rendir tributo a Notre Dame y a aquellos que la salvaron”, adelantó. 

Del heroísmo de los bomberos se destacó estos días la figura de su capellán, Jean-Marc Fournier, que ya estuvo activo durante la noche de los atentados terroristas del Bataclan el 13 de noviembre de 2015 y que volvió a estarlo el pasado lunes.

Aunque no estaba de servicio, Fournier vio el humo y acudió a la catedral. Su concurso fue clave para salvar buena parte de las obras y de las reliquias que se conservaban en Notre-Dame, en cuyo tesoro figura la corona de espinas de Cristo y el manto de san Denis. 

Cuando le preguntan si es un héroe él se encoge de hombros. La prensa internacional alabó su valentía para salvar tesoros de Notre Dame durante el incendio, pero el capellán de los bomberos parisinos Jean-Marc Fournier estima simplemente haber cumplido con su deber.

Las cenizas de la catedral parisina seguían humeando cuando medios de todo el mundo catapultaron a este capellán de la brigada de bomberos de París al rango de “héroe”, atribuyéndole el rescate de la Santa Corona, que según la tradición católica llevaba puesta Jesucristo poco antes de su crucifixión.

“La corona ya había sido puesta en resguardo antes de que yo llegara”, corrige tranquilo el cura católico de 53 años. Su rescate es el fruto de un “equipo” que “dividió sus esfuerzos”, explica.

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