Lo que se creó, lo que falta crear
Imagen: Gala Abramovich

Una respuesta a la Ley 26.485 fue la creación de la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema, donde las mujeres pueden denunciar y pedir medidas de protección en la ciudad de Buenos Aires. Atiende los 365 días del año, las 24 horas. Representó un gran avance, comparado con el sistema anterior, donde solo se podía denunciar en los juzgados de Familia en los horarios de los tribunales. Pero las mujeres manifiestan que el proceso de la denuncia es muy angustiante, por los tiempos que maneja la OVD: puede demandar 15 horas todo el proceso. Algunas, mujeres se terminan yendo sin denunciar. En el acto de la denuncia, se les pregunta qué quieren. Ellas nos cuentan que quieren que “él no sea más violento o que pare la violencia”. Si no solicitan restricción de acercamiento a lxs hijxs, no surge del equipo solicitar esa medida. Si bien la ley tiene una visión global del problema, aún falta que se plasme en las intervenciones. Por el tenor de las denuncias, cada vez más se da intervención a las fiscalías (ámbito penal). Pero 26.485 es una ley de protección. En la Argentina, la violencia de género no es considera un delito; delito son, si hubieran, las amenazas, las lesiones, los incumplimientos de deberes alimentarios. Cuando una denuncia en la OVD es derivada a una fiscalía, inicia otro proceso, que requiere de prueba, que permita establecer la culpabilidad del denunciado. La experiencia de las mujeres es que todos estos procesos son muy largos, no están articulados, muchas veces se les pide a ellas mismas copias de las actuaciones de uno u otro lado y que nada pasa.

Ellas circulan por cantidad de instituciones, OVD, lugares para que la representen jurídicamente, fiscalías, juzgados, centro de asistencia para ellas o sus hijxs, atentas a llevar consigo las medidas que le otorgó el juzgado, atentas a tener cargado el botón antipánico o a ir a cambiarlo si no funciona, llevar a sus hijxs a terapia, defenderse de las acusaciones por impedimento de contacto, ir a trabajar (en los horarios que sus hijos van a la escuela), etc. Etc... Toda la carga está del lado de ellas. En este sentido, la desigualdad sigue presente, y al mismo tiempo no se ha logrado uno de los puntos planteados en la 26.485 y es: “Articular y coordinar las acciones para el cumplimiento de la presente ley, con las distintas áreas involucradas a nivel nacional, provincial y municipal, y con los ámbitos universitarios, sindicales, empresariales, religiosos, las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres y otras de la sociedad civil con competencia en la materia”.

Por otra parte, no se han creado nuevos programas de asistencia especializados a hombres que ejercen violencia o es tan mínimo lo que se ha hecho en ese aspecto. En esto la ley tiene pendientes. 

A pesar de estas observaciones, destaco que hay avances también: contamos con una central de llamadas, se crearon centros de atención a mujeres, se implementó el uso del botón antipánico, se desarrollan más capacitaciones en el sector estatal, los medios han comenzado a incluir publicidades no sexistas (aunque queda mucho por hacer), hay más campañas de sensibilización de violencia de género, acoso y abuso sexual. Lo que ha generado más conciencia social del problema.

Fernanda Tarica: Directora de Shalom Bait, donde cocoordina grupos de mujeres víctimas de violencia de género.

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