Opinión
Di Zeo habla pero no habla
Imagen: DyN

Volvió Rafael Di Zeo y habló. Pero no habló en el sentido más amplio del verbo, de esas palabras de ocasión para cuestionar su deportación desde Colombia o criticar la persecución -a la que dice- lo somete la ministra Patricia Bullrich. Si el jefe de la barra brava de Boca contara un diez por ciento de lo que oculta sobre sus relaciones con el poder político, económico y judicial, tambalearía toda una estructura de complicidad que lo mantuvo a salvo. Esa que le permitió surfear la ola sobre distintas causas abiertas en su contra, con la excepción del período en que estuvo preso tres años y dos meses entre 2007 y 2010.

Si se tomara en cuenta que es el líder de "La Doce" desde 1996, son poco más de tres años sobre 23 que manejó la tribuna. No demasiado tiempo si se compara con la considerable cantidad de juicios penales que atravesó. Desde el ataque a los hinchas de Chacarita en 1999 -que lo llevó a la cárcel- al doble homicidio de dos barras boquenses en 2013 en el que le imputaron ser instigador.

Por ahora Di Zeo no hace más que interpretaciones sobre el derecho: "¿Cómo por un derecho de admisión, que es una contravención, me va a saltar una alerta roja que es para un terrorista? Estamos todos locos". Y cuestiona a Bullrich: "Que la Ministra haga su trabajo, que lo hace bastante mal. Porque viola los derechos constitucionales".

Al jefe de la barra le extendieron el derecho de admisión hasta el 2023 para entrar a cualquier estadio del país. Pero acaba de comprobar que esa medida le coarta la chance de ver partidos en el exterior, como pasó en Colombia. Ni siquiera pudo hacerlo con un permiso judicial para viajar. Le había ocurrido algo similar antes de la final con River en Madrid. Pero aquella vez desistió de ir porque sabía que no lo dejarían ingresar al Bernabéu.

Di Zeo no habla más porque todavía gozaría de protección, aunque no parezca porque según él lo persigue el gobierno represor de la ministra Bullrich. Un vuelo rasante a sus declaraciones públicas de los últimos veinte años ofrece varios indicios de sus contactos con las principales fuerzas políticas. Sus dichos, cruzados con los expedientes de las causas en que estuvo imputado, arrojarían que su influencia superaba incluso a la de sus mandantes. El fiscal Carlos Stornelli, cuando trabajó en Boca y al mismo tiempo era Ministro de Seguridad de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, armaba los listados de admisión con la venia de "La Doce". Es apenas un ejemplo de lo que Di Zeo calla.

 

 

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