Carlo & Malik, de Netflix
Convertirse en parte del futuro
El policial de Giampaolo Simi está salpicado por los prejuicios y las tensiones raciales.
El clima de trabajo entre Carlo y Malik dista mucho del de los “buddy cops”.El clima de trabajo entre Carlo y Malik dista mucho del de los “buddy cops”.El clima de trabajo entre Carlo y Malik dista mucho del de los “buddy cops”.El clima de trabajo entre Carlo y Malik dista mucho del de los “buddy cops”.El clima de trabajo entre Carlo y Malik dista mucho del de los “buddy cops”.
El clima de trabajo entre Carlo y Malik dista mucho del de los “buddy cops”. 

Los prejuicios y las tensiones raciales entendidas como un fenómeno cotidiano, hecho de pequeños comentarios incidentales, tal vez espontáneos, son parte del atractivo de Carlo & Malik, la serie policial italiana que puede encontrarse en la grilla de Netflix. Sus dos protagonistas, precisamente el joven afroitaliano Malik y el veterano blanco Carlo, son policías, pero su clima trabajo no se parece mucho al de las duplas del “buddy cop” estadounidense. El inspector de homicidios Carlo Guerrieri (el actor romano Claudio Amendola) tiene una prolija barba cana, es un padre tierno y sufrido, romántico con su mujer, valiente y respetado en la comisaría por compañeros, superiores y subalternos, acaso querible desde la primera escena... salvo cuando admite que, para él, “los africanos son todos iguales”. ¡Ups! ¿Ese va a ser el héroe de la serie? Su flamante compañero de equipo y contraparte es el morocho y dinámico Malik Soprani (el actor dominicano-italiano Miguel Gobbo Díaz), un policía infiltrado en el submundo narco, que en la ficción tiene madre de origen africano y se muestra engreído, coqueto, huraño e impredecible.  

Los roces y las tensiones de ese vínculo, con la esperable transformación de Carlo a la hora de entender sus propios lados racistas, son la subtrama más sutil de Carlo & Malik (Nero a metà, “Negro en la mitad”, según su título original antes de llegar a las oficinas globalizadas de Netflix).     PáginaI12 entrevistó al autor Giampaolo Simi, creador de la serie de doce episodios que tendrá una segunda temporada. 

–Los prejuicios son parte de la agenda mundial. ¿Cómo se manifiesta el racismo particularmente en Italia y qué papel juega en Carlo & Malik? 

–Cuando con Vittorino Testa comenzamos a pensar en esta historia, en 2010, Italia estaba contra las cuerdas: la Liga Norte, el partido de ultraderecha italiana, estaba mano a mano con Berlusconi en su último gabinete. Especulábamos sobre el futuro de nuestro país y pensamos que un personaje como Malik era, precisamente, el futuro. Puedo decir que estábamos bastante bien. Hace poco, dos niños salvaron a sus compañeros de un ataque terrorista contra un autobús escolar. El automovilista que había planeado quemar el vehículo es un ciudadano italiano, de origen francés, cuyos padres vinieron desde Senegal. Los dos pequeños héroes nacieron en Italia, pero sus familias vinieron desde Marruecos, por lo que ellos dos aún no son italianos. Uno de ellos dijo a la prensa que cuando crezca le gustaría convertirse en un carabinero. Él es nuestro Malik, en cierto modo. Y esa es también una situación típica de nuestra serie: la realidad es compleja, el racismo es todavía más estúpido que incorrecto. Creo que la mayoría de los italianos lo saben, pero temen el futuro, se sienten débiles y por eso se esconden en el pasado. Ser “italiano” es la única élite a la que pueden aspirar a pertenecer, por lo que prefieren dejar al “no italiano” hambriento, hundiéndose en mar abierto. Lo que ellos no ven es que nuestro barco, “Italia”, también se está hundiendo.

–En el primer episodio, el inspector Carlo Guerrieri habla de inmigrantes africanos con un tono prejuicioso. ¿Cómo construye, pese a semejante comienzo, un héroe con el que empatizar? ¿Cómo se da su transformación a lo largo de la serie?

–Sí, Guerrieri tiene prejuicios fuertes. Pero puede que sea algo que les pase a muchos, sino a todos. A veces los prejuicios pueden parecer útiles para ahorrar tiempo en la vida cotidiana, como decía George Clooney en Amor sin escalas. Creo que lo que resulta simpático de Carlo es que descubre ser un tanto racista sin querer serlo. Él no entiende lo que está pasando en su país, en su ciudad, ni tampoco en su vida. Se siente perdido y Malik es el chivo expiatorio perfecto. Pero Guerrieri es un detective. Él está íntimamente impulsado a entender a las personas a la hora de resolver los casos. Así que hacer su trabajo codo a codo con Malik es la mejor manera de entender los cambios complejos que están ocurriendo en la sociedad italiana. Para convertirse, pese a ser un hombre que ya tiene 50 años, en parte del futuro. Y, finalmente, enfrentarse a los fantasmas que también lo persiguen desde el pasado.

–¿Envía Carlo & Malik algún mensaje para combatir el racismo? 

–Para hablar con franqueza, nunca pensamos conscientemente en enviar un mensaje. Pero, en los últimos episodios de la temporada, ocurre que Malik se vuelve muy impopular dentro del escuadrón de la policía. Todos piensan que está actuando terriblemente mal y que es egoísta, ambiguo, poco confiable. Tal vez, incluso, los espectadores sientan lo mismo. Pues bien, eso es exactamente lo que queríamos: si juzgás a Malik por lo que está haciendo, estás tratándolo como a cualquier otra persona, sin importar el color de su piel o el lugar donde nació. A la larga, la creciente relación y problemática amistad entre los dos personajes es lo único que cuenta sobre el prejuicio y el racismo.

–La TV online ha difundido en el mundo policiales italianos como Maltese, Rocco Schiavone o el clásico Montalbano. ¿Cómo describiría los policiales italianos? ¿Existe un “tono italiano” para el género?  

–A menudo decimos que en Italia, al final, toda tragedia se convierte en una farsa. Eso es tristemente cierto. Nuestra gran comedia italiana –que es profundamente diferente de la comedia británica o de la francesa– es nuestro ADN. Viene de la Commedia dell’Arte, donde cada personaje usa una máscara o, mejor dicho, es una máscara. Creo que las historias de detectives italianos como Montalbano y Schiavone tratan con éxito esa herencia cultural. Como guionista, como escritor, considero que la mezcla puede ser muy difícil, porque la comedia italiana es un género muy sofisticado, formado por grandes maestros como Scola, Monicelli, Risi o Germi. Me gusta mucho Maltese porque, a diferencia de los anteriores, se involucra más con otro gran patrimonio cultural del cine italiano: el neorrealismo.

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