Primera Persona
La revolución en la boca

“¿Te comerías a tu perro? No, ¿no es cierto?", disparó la artista Liliana Felipe en un conversatorio que compartí con ella –además de artista, compositora, clerófoba y activista vegana– y con Malena Blanco –cofundadora de Voicot y publicista–. Fue la primera vez que me atrevía a participar de una charla sobre el veganismo, que practico porque me motivó y me seguirá motivando encontrar una coherencia feminista en todas mis prácticas. La primera pregunta con la que provocó Liliana disparó otras preguntas en mí: ¿por qué no te lo comerías? ¿Porque la carne no sabe bien? ¿Por qué lo tendrías que matar? ¿O porque simplemente con lxs caninos y felinos domesticables conectás? ¿Cómo conectás? ¿Porque mueve la cola cuando te ve? ¿Por qué el gatito viene y te da vueltas entre las piernas? ¿Por qué son los FIELES compañeros? ¿Por qué te sentís solx? ¿O simplemente porque observas sus miradas? “Una mirada dice mas que mil palabras” es una frase trillada pero el asunto es que el especismo –jerarquizar unas especies sobre otras– nos limita la observación. 

Quien comete un crimen de odio; un femicidio, un travesticidio, no es un psicópata. Es producto de un sistema que enseña desde la infancia hábitos violentos; en los modos de vincularse con el mundo y con les otrxs. En el caso de llegar a una justicia por sus actos, será condenado, aislado y castigado. En cambio quien consume a otras especies, financia explotación y sufrimiento, también producto de hábitos violentos que podemos modificar, modos de vincularnos con el mundo, la diferencia es que para estos seres no llega la justicia, solo nosotrxs podemos dejar de consumir sus condenas, sus aislamientos y castigos, frase "trillada" que me decía mi madre: no hagas lo que no te gusta que te hagan. 

Hace ya bastante tiempo me preocupa y ocupa la degradación de los vínculos humanos, las jerarquías, cómo operan los poderes asesinos a través de tantos dispositivos que tienen solidez a través de los géneros, las etnias, las clases. Reconozco que nuestro colectivo travesti / trans vive en la supervivencia, atendiendo las emergencias constantemente; laborales, de salud, de vivienda, de ausencia emocional para el resto, inclusive de algunos sectores de movimientos feministas. ¿Somos las mostras? o ¿las vacas de esta especie? Las cuales pueden explotar, discriminar, destinar un promedio de vida, quitarles sus derechos por el solo hecho de SER, dándonos unos pocos destinos posibles, y con quienes no logran empatizar.

Pero, amigues,… sepan que derrotar al patriarcado, al capitalismo tiene muchas “patas” que atender, y que no son solo las nuestras (humanas). Ser interseccionales y poder empatizar con el sufrimiento que provocamos a otrxs seres sintientes y que sostenemos también a través de nuestros hábitos es necesario. No se trata de mí ni de vos, se trata del futuro de nuestro planeta que esta colapsando. “No se trata de sensibilidad, se trata de Justicia”, dicen lxs chicxs de Voicot. Y la podemos comenzar deconstruyendo nuestros hábitos ¿saben por qué? Porque son productores de muerte y destrucción. 

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