Trabajadores de la educación

 

El ciclo de protesta que se inauguró a partir de la lucha contra el régimen dictatorial de Onganía y que se extendió hasta el golpe militar de 1976 estuvo marcado por una multiplicidad de experiencias políticas que se desarrollaron en un marco de profunda radicalidad.

En particular, este ciclo nos permitió reconocer una serie de protestas y de nuevas organizaciones gremiales que formaron parte del proceso de sindicalización docente, cuyo momento culminante estuvo dado por la fundación de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), el 11 de septiembre de 1973.

En la ciudad de Rosario, este proceso tuvo su momento inaugural con las movilizaciones que se produjeron durante el Rosariazo. Fue entonces cuando numerosos docentes se acercaron, por primera vez, a diferentes espacios, tales como la Casa del Maestro o el Comedor Universitario de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Estos docentes no solo buscaban un espacio de participación en el momento en que toda una ciudad se movilizaba, sino que tomaron la palabra y dejaron sentada su posición en torno a los acontecimientos que se estaban produciendo.

En marzo de 1971, en el transcurso de una huelga docente por tiempo indeterminado, se constituyó un Comité de Huelga en el cual participaron docentes de distintas extracciones. Estos condujeron tanto las protestas como las acciones que las acompañaron: manifestaciones en espacios públicos, asambleas, pintadas, etc.

Tras la finalización de la huelga, los miembros más combativos del Comité continuaron reuniéndose por fuera de las organizaciones gremiales históricas con el claro objetivo de construir un nuevo espacio. Luego de arduas discusiones, en el año 1972, fundaron el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Rosario (SINTER). La aparición de estos sindicatos se produjo en toda la Provincia de Santa Fe en distintos momentos de ese mismo proceso.

La elección del nombre trabajadores de la educación y de la forma sindicato se constituyó en un pilar fundamental de desarrollo para las nuevas organizaciones en todo el país y tuvo un papel central en los debates que se dieron en el proceso de sindicalización docente.

 

Mapa de voces

La pregunta por cómo llevar adelante nuestra investigación se hizo presente en el mismo momento en el que decidimos implicarnos en los territorios que atravesó el sindicalismo docente en la Provincia de Santa Fe.

Sin lugar a duda, nos encontrábamos ante un tipo de acontecimientos que estuvo fuertemente ligado a la palabra y a la acción o, para ser más precisos, se trató de un movimiento que tomó la palabra y la puso en acción. Los sujetos que produjeron sus experiencias militantes en aquellos territorios fueron atravesados por esos anudamientos. En este sentido, la Historia Oral nos brindó las herramientas necesarias para desarrollar un abordaje de los procesos históricos desde las complejidades de las biografías de los y las protagonistas. Escuchar esas voces nos demandó una especial disposición.

Nuestra investigación se inició en la ciudad de Rosario. Aquí realizamos las exploraciones iniciales y aquí se produjeron los primeros encuentros que nos instalaron en un mapa de voces que se desplegó a lo largo del tiempo. Este viaje nos permitió asomarnos a un universo que fue revelando su magnitud a medida que nos internábamos en esas nuevas geografías.

En palabras de Alessandro Portelli, la memoria está impregnada de oralidad, y debido a esto, es una de las formas más ricas y dinámicas de encontrarnos con ella. Pero, además, cuando los documentos escritos son escasos, producto, por ejemplo, de una brutal represión como la que implicó el golpe militar de 1976, recurrir a los testimonios orales resulta una tarea imprescindible. Expresiones tales como "tuve que quemar todo", "me deshice de toda la documentación que tenía", fueron una constante cuando hacíamos preguntas en torno a la existencia de algún documento escrito.

Para muchos protagonistas del sindicalismo docente santafesino, las entrevistas que se incluyen en este libro significaron la posibilidad de relatar por primera vez aquello que habían vivido.

El retorno, en el espacio que abrieron las entrevistas, a los procesos que protagonizaron -como la construcción de una organización sindical cuyos principios y acciones trascendieron el ámbito local-, y a todo lo vivido, a través de verbos como hablar, relatar, testimoniar, se transformó, para ellos y para mí, en un verdadero acontecimiento. Las historias estaban allí, solo había que salir a su encuentro dispuestos a escucharlas e invitarlas a ingresar a esa trama de convenciones y significaciones que implica adentrarse en el terreno de la investigación y la escritura..

 

Fragmentos de una memoria

El encuentro con las voces que fueron conformando nuestro mapa también posibilitó leer un tiempo para nada lineal. La conversación reveló, así, instancias y pasajes: de la acción a la inmovilidad, de la palabra urgente al silencio, de lo colectivo a la dispersión, de la identidad a la huella de un nombre:

--Elvira... Ay, ¡cómo era el apellido!... Una chica tan hermosa, y no me acuerdo el apellido... Elvira era..., ¿viste? Vos sabés que a mí me pasa, me pasa [que] ahora voy por ahí recordando, ¿no?, pero yo borré los apellidos. Pero los borré totalmente... Qué cosa increíble...

--¿Era un mecanismo de defensa o...?

--Los borré totalmente. Después, con el advenimiento de la democracia, empezamos a recordar, ¿me entendés? Pero aún ahora me queda un… Lo que yo no debía recordar.

--Claro...

--Y quedó totalmente tabicado, ¿no?, y que totalmente…, que... Caras que hasta las borré, ¿viste? Eso es el miedo ¿no?

Un diálogo semejante se repitió en varias de las entrevistas. Ante la amenaza, la prohibición, la cárcel o la desaparición del compañero o la compañera se instalaron el miedo y el silencio. Caras y nombres que había que borrar; direcciones, fechas, datos que no había que recordar; libros, registros, documentos que había que enterrar. Historias tabicadas que, en otro tiempo, fueron puestas en palabras: en la democracia empezamos a recordar.

Para las y los militantes de las organizaciones de izquierda y de los sindicatos combativos que protagonizaron el período 1969-1976, "estar tabicado" se constituyó en una expresión que daba cuenta de un hecho puntual, el de "guardarse" o protegerse durante un lapso de tiempo determinado -generalmente, corto- hasta que el contexto permitiera un accionar más visible. No es homologable al acto de "pasar a la clandestinidad", referido a los mandatos que, en esa dirección, emanaban de la conducción de algunas organizaciones armadas. La situación de tabicamiento se producía, en cambio, como efecto de la amenaza o el accionar de las fuerzas represivas durante ese mismo período.

Fue a esta ecuación a la que la entrevistada hizo referencia en el transcurso de su relato: algo que fue borrado a consecuencia del miedo pero que esperaba un tiempo mejor para ser enunciado. En efecto, el imperativo histórico de "pasar una historia" -como planteó Jacques Hassoun- tuvo que sortear los obstáculos impuestos nada menos que por la represión y la muerte.

El hecho de des-tabicar no supone un encuentro con una memoria congelada, sino que se trata de un relato provocado. En este sentido, la oralidad -pensada en términos de Portelli- es parte del activo proceso de la memoria, y la entrevista, un espacio donde es posible construir -y re-construir- relatos en torno a procesos, hechos e implicaciones subjetivas.

 

Hora de abrir los ojos

Entre las experiencias educativas que se fueron desarrollando de manera simultánea con el proceso de sindicalización docente, se encuentran las que impulsaron un enlace entre la acción política y la acción pedagógica. En el contexto de aquellos años de lucha, el libro ¿Maestro pueblo o maestro gendarme?, de la rosarina María Teresa Nidelcoff, se convirtió, rápidamente, en un texto de referencia. Frente a las problemáticas nacionales, la autora llamaba a realizar una construcción propia. Esa construcción debía surgir de la reflexión acerca de la realidad cotidiana. Implicaba, ante todo, una toma de conciencia, que se formuló en los términos que elegimos para dar título a este libro: "Hora de abrir los ojos".

La creación de nuevas organizaciones bajo la impronta del sindicalismo combativo así como la adopción del nombre "trabajadores de la educación" fueron un modo de responder a este imperativo. Sin embargo, ese llamado no se produjo en un solo período de nuestra historia. Nos hemos encontrado con él en distintos momentos y, seguramente, lo volveremos a escuchar. Quedará en nosotros la disposición para estar atentos, para prestarle oídos y hacerle lugar.

Desde una perspectiva histórica, su sentido cobró aún mayor significado al unirse con otra apelación -que también fue expresada en la obra de Nidelcoff-, el llamado a "no permanecer afuera". Una y otra vez lo escuchamos reaparecer en las entrevistas que sostuvieron la escritura de este libro.

 

 

Fragmento del libro Hora de abrir los ojos. Su autor, también secretario de Cultura de Rosario, lo presenta hoy a las 19 en el auditorio de la librería Homo Sapiens, Sarmiento 829. La presentación estará a cargo de Marcela Isaías y Cristina Viano.

 

 

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