EL PADRE IGNACIO Y LA MAYOR MOVILIZACION DE LA DECADA

Los misteriosos caminos de la fe

Carca de 120 mil personas participaron del vía crucis en el Barrio Rucci.

Por Reynaldo Sietecase

Se ha convertido en la movilización popular más importante de la ciudad. Para pensar en una concentración de mayor convocatoria hay que remontarse a los actos políticos que marcaron el retorno a la democracia en 1983. Cerca de 120 mil personas —según los organizadores— unas 150 mil —en opinión de la policía— acompañaron al padre Ignacio Peries en el Vía Crucis que se realizó el viernes pasado en Barrio Rucci. Ningún dirigente político, ningún artista lograría reunir a tanta gente en Rosario. "Es el señor que convoca a quienes tienen esperanza", dijo el sacerdote que ha convertido a la parroquia Natividad del Señor en un fenómeno sin precedentes de adhesión religiosa. Como viene ocurriendo desde hace varios años, los vendedores hicieron buenos negocios, algunos para contribuir a las arcas de la parroquia y otros en beneficio propio. Por unos pesos se podía obtener: hogazas de pan, café, comestibles, estampitas, llaveros con el rostro del padre Ignacio, "velas que no se apagan" y hasta agua bendita en bidón.

Los sociólogos podrían comenzar el análisis del fenómeno con una pregunta: ¿Quién logra esta espectacular convocatoria, Dios o el padre Ignacio?, o ¿será que juntos, Dios y este mediador de lenguaje directo "capacitado para la curación", conforman una dupla imbatible? Lo cierto es que una multitud concurre a los distintos actos religiosos que se organizan desde la pequeña parroquia de Barrio Rucci. El año pasado, con mal tiempo y un paro de ómnibus, se reunieron cerca de 60 mil personas. El viernes la cifra se duplicó. ¿Qué ocurrirá el año que viene?

En el Arzobispado de Rosario ven el fenómeno con prudencia, pero apredieron a no subestimarlo. Al punto que el padre Ignacio fue convocado varias veces el año pasado para oficiar misa en la Catedral. También se ve con especial expectativa la captación de fieles que logra el sacerdote nacido en Sri Lanka, en especial, después de observar durante varios años el crecimiento de evangelistas y sectas entre los sectores de bajos recursos.

La proyección del padre Ignacio está relacionada también a sus permanentes apariciones televisivas. Desde el año pasado, el canal 6 de Galavisión televisa sus misas cada domingo y, todos los días a las 21, un programa llamado Rezar en familia. El lenguaje directo del padre contribuye a la comunicación con la gente. "A Ignacio lo entiendo", dicen muchos. Y quizá el llamador más importante: la promesa de sanación.

Hace dos días, personas de todas las clases sociales se mezclaron en el recorrido de cuarenta cuadras por las catorce estaciones de la Vía dolorosa. Mucha gente se acercó a la parroquia Natividad del Señor en ómnibus o caminando, con enorme sacrificio, pero también fue posible ver Mercedes Benz y otros autos importados detenidos en las calles del barrio. En tanto, desde la tarde los vendedores aprovechaban el impresionante desfile de fieles. Turcas, bollos, hogazas de pan por menos de un peso.

Café en termo a 50 centavos el vasito ofrecido por chicas del grupo de la parroquia. Los jóvenes también vendían una rifa cuyo primer premio era un automóvil a tres pesos el bono. Llaveros con la cara del padre Ignacio a dos pesos, estampitas de la virgen, velas coloradas, velas de miel "resistentes a la lluvia" por un peso y hasta bidones con agua bendita, cuyo precio varía según el tamaño del envase.

"Yo vengo todos los años, antes iba a otra iglesia pero el padre Ignacio me ha cambiado la vida", señaló una mujer oriunda de Fray Luis Beltrán. "Vine en busca de sanación y he encontrado paz", dijo una joven de la zona sur. "Esta fe te la da Dios, pero nosotros también somos devotas del padre Ignacio. Las cosas se mezclan", aseguró un señora. Y esta afirmación es difícil de refutar.

Informe: Susana Pozzi