LOS PUEBLOS OLVIDADOS EN MEDIO DE LAS INUNDACIONES

Los fantasmas del norte

Los problemas del norte son tan viejos como el siglo. Y cuando baje el agua, volverá la indiferencia oficial.

Por Juan Carlos Tizziani

De Vera a Toba hay 18 kilómetros, y se tarda seis horas en llegar, si se tiene la suerte de viajar en Unimog. Toba es un caserío perdido en la inmensidad del departamento Vera, en el norte santafesino, que no le importa a nadie. Está aislado por el agua, el barro. La gente come lo que puede. Fortín Chilcas, Fortín Charrúa, el 70-800, sufren el desamparo desde hace cuatro meses y ya no se sabe si son pueblitos o islotes que sobresalen de las aguas eternas de los Bajos Submeridionales. Los ranchos están destartalados, las casitas de chapas se sostienen con algunos palos. Garabato sigue perdido en la desolación, en la línea de la ruta 3. El presidente de la comuna, Manuel Muñoz, fundió dos tractores y tuvo que abandonar una camioneta en los desesperados auxilios a sus vecinos. El hombre ya no aguanta las ganas de llorar por tanto olvido, tanta miseria política del gobierno.

Los Amores está a 183 kilómetros de Vera, más cerca del paralelo 28 y del límite con el Chaco que de una contención provinciana. El último tren pasó hace cinco años. Llegar hasta allí con el Unimog demandará un día; veinticuatro horas para saber cómo sus vecinos soportan el aislamiento y las inundaciones, con entereza. A puro corazón, porque la nada también se comparte. Intiyaco está a mitad de camino entre Vera y Los Amores, y como los otros pueblos, sólo está rodeado por agua. Su jefe comunal, Ramón Mehauod, fue uno de los pocos que le paró la mano a Palito Ortega, cuando le sugirieron que vaya a pedirle ayuda al ex cantante, a la base del gabinete de catástrofe, en Reconquista: "Yo no puedo ir donde están ellos. No podemos salir. Son ellos los que tienen que venir a Intiyaco".

Toba, Fortín Chilcas, Fortín Charrúa, el 70-800, Garabato, Intiyaco, Tartagal, Los Amores, son algunos de los pueblos aislados del departamento Vera, el más grande de la provincia. El más afectado por las inundaciones, con casi 2 millones y medio de hectáreas bajo agua. Y el que menos rutas pavimentadas tiene: apenas 17 kilómetros. El drama no comenzó ahora, con la estampida del Paraná que afecta a los costeros. Aquí, el problema es otro, viene desde el verano, cuando las lluvias y el agua del Chaco y Santiago del Estero desbordaron los Bajos, destrozaron cosechas, pasturas y caminos. El 75 por ciento del departamento está inundado, pero no desde ahora, desde hace cuatro meses. La ruta 3, que conduce a los pueblos olvidados, es puro fango. Los otros caminos no existen.

Palito Ortega estuvo el sábado a la tarde en Vera. Llegó en un helicóptero, pero sin Daniel Scioli y no se demoró más de diez minutos. Dedicó la mitad de su tiempo a hablar con el concejal Julio "Tipi" Ramos, un puntero que responde a sus apetencias presidenciales y lo acompañó en su campaña por Santa Fe, hace pocas semanas, cuando todavía no era el delfín de Menem y ni soñaba con asociar su nombre a la Inundación del Norte, así como Perón y Evita lo hicieron con el terremoto de San Juan, en los '40. Al fin, Palito estuvo cinco minutos con "Tipi" y dos minutos y medio con el intendente de Vera, Raúl Seco Encina. Bastante, si se sabe que Seco Encina es radical y debía explicarle un drama que ya lleva meses, que se repite desde hace décadas. "Hablé todo lo que pude, me escuchó y después se levantó y se fue", dijo el intendente. ¿Qué son dos minutos y medio en la vida de Palito? ¿Qué son cuatro meses de aislamiento? ¿Qué son 50 años de olvido? ¿Qué importa otra afrenta si el helicóptero que había en Vera para auxiliar a los pueblos del norte se esfumó ni bien Ortega pisó Reconquista?

Estas inundaciones han descorrido todos los velos. Los de Ortega. Pero también hizo añicos las obras de canalización en las que se embarcaron Carlos Reutemann y Jorge Obeid. Ellos ya saben que los canales de 8 metros son inservibles ante el mar de los Bajos Submeridionales y no podrán decir que no fueron advertidos cuando comenzaron los trabajos hace varios años. Ellos ya saben que nunca promoverán la pavimentación de la ruta 3, porque dicen que no se justifica. Ellos ya decidieron invertir varios millones más en el puente Colgante antes que sanear el norte santafesino. Y ahora, ellos harán campaña sin importarles nada. Podrán decir lo que quieran, pero serán desmentidos por los hechos. Quedarán en evidencia, una y otra vez, porque los problemas del norte son tan viejos como el siglo. Y cuando baje el agua, volverá la indiferencia oficial. Hasta que llegue la próxima inundación. Historia repetida, triste, muy triste.

En el talud que divide a Santa Fe con el Chaco, una mujer de Santa Silvina se compadeció de sus vecinos de Gato Colorado. La chaqueña sufría el azote del agua, tanto como los santafesinos que estaban del otro lado. "Ellos también son humanos", dijo. Los pueblos del norte están olvidados, pero no son fantasmas. Los fantasmas no luchan. No son humanos. No lloran. No sufren el hambre, la pobreza, la indiferencia, el oportunismo. No sienten asco.