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Una noche con pieles, desnudo y 
algún desafío contra el juarismo

La juventud oficialista estaba movilizada, pero la orden de hacer “algo” nunca llegó y “El cartero” se dio en Santiago del Estero sin incidentes.

El aplauso del final: los santiagueños fueron al estreno como quien va a un acto de resistencia.


Por Marta Dillon
Desde Santiago del Estero

t.gif (862 bytes) En Santiago del Estero hay pocas noches aptas para usar tapado de piel. Esta, la del estreno largamente esperado de la obra El cartero, de Antonio Skármeta, es una de esas noches y las mujeres la aprovechan. Son mayoría entre el público que colma la sala y muchas usan pequeños binoculares para no perderse nada de lo que sucede en el escenario. Por lo bajo se escucha una pregunta: “¿el desnudo es al principio o al final?”. Cuando finalmente llega la famosa escena, hasta las toses se silencian y la tensión de los cuellos parece prometer contracturas para el día siguiente. Después estallarían los más prolongados aplausos y los elogios para ese “desnudo artístico” que había sido prohibido por el gobernador de la provincia, Carlos Juárez, con la manifiesta intención de proteger la integridad psicofísica de la población y sin contar con el descrédito que sufrió cuando el gobierno nacional, decidió tomar cartas en el asunto y asegurar la presentación de la obra, custodia policial mediante. 
“Mirá lo que hiciste, hijo: ¡una metáfora!”, dice el personaje de Pablo Neruda en la obra y la frase encaja en esta función de la puesta de Hugo Arana mejor que en ninguna otra. Porque sólo puede leerse como una metáfora la pasión demostrada por las autoridades de Santiago del Estero para evitar que se vean durante escasos minutos dos cuerpos desnudos sobre un escenario. Y así parecen haberlo entendido también quienes asistieron la noche de estreno, cuarenta y cinco días más tarde de la primera fecha programada, y terminaron vivando a la democracia, de pie y con los brazos en alto. Poco importó que la sala de la Universidad Nacional de Santiago del Estero donde se presentó El cartero, estuviera custodiada por 25 policías federales o que la policía provincial haya llegado cuando promediaba la obra para hacer acto de presencia. En todo caso estas imágenes sirvieron para reforzar la sensación que en esta ciudad de casas bajas se estaba hablando de algo más que de una obra de teatro.
“Para mí que no se prohibió el desnudo sino el trasfondo político”, dijo una ex jueza, Graciela Basile, al salir de la sala, aunque ninguno de los protagonistas se hizo cargo directamente de esa interpretación. “Viva el teatro”, fueron las palabras finales de Darío Grandinetti, actor y productor, siguiendo la línea que propuso el secretario de Cultura y Medios de la Nación, Darío Lopérfido, quien prefirió no viajar a la provincia para “no politizar el asunto y que se cumpla el hecho cultural”. Pero el asunto ya estaba politizado y el día del estreno comenzó temprano. Casi a la misma hora en que llegaba el elenco de El cartero custodiado por dos patrulleros de la federal, en el centro de Santiago del Estero las Madres del Dolor marchaban para denunciar 162 casos de torturas sufridas por sus hijos en dependencias de la policía de la provincia.
“Mantenemos una actitud prescindente”, dijo el gobernador interino, Darío Moreno, sobre el estreno teatral. Tanto es así que el gobernador Juárez y su esposa y vicegobernadora Marina Aragonés decidieron aprovechar el fin de semana para viajar a Buenos Aires. “Entiendo que por motivos oficiales”, los excusó Moreno sin mostrarse demasiado seguro en una oficina de la casa de gobierno en la que un cartel manda que se mantenga la limpieza o “aténgase a las consecuencias”. Lo curioso es que la ilustración de la advertencia es un hombre que clava a otro una lanza en el corazón. “Este gobierno no amenazó a nadie ni ha tomado ninguna medida en contra de este sonado asunto, tampoco el PJ ni ninguna de sus ramas”. Las opiniones del gobernador interino fueron terminantes, pero no los rumores y hasta el final del día del estreno la juventud militante del PJ estuvo movilizada a la espera de una señal. Así lo confesó un joven que no quiso dar su nombre pero que aseguró que la movilización era para “evitar que la Alianza pretenda gobernarnos, no por la obra”. Del supuesto escrache que preparaban las damas de la Rama Femenina, liderada desde hace cuarenta años por Nina, el sobrenombre por el que todo el mundo conoce a la septuagenaria vicegobernadora, no hubo noticias. Sólo se escuchó la vozde Elisa Castro, militante de esa rama y periodista del oficialista diario Abril, que dirige Carlos Guzmán, ex secretario de prensa de Juárez. En la conferencia de prensa que dieron Dario Grandinetti, Hugo Arana, Alejandra Da Passano, Nicolás Cabré y Gabriela Sari, Castro fue tan fervorosa en la defensa del Ejecutivo provincial que Cabré creyó sinceramente que iba a recibir un golpe cuando la mujer se levantó de su asiento. 
La única señal de repudio a la obra de Skármeta fue el silencioso pero prolijo y sistemático desgarro de cada uno de los afiches que, con un atardecer encendido de fondo, promocionaban las tres funciones que agotaron sus localidades antes del estreno. Considerando la durísima situación económica de la provincia y un precio nada popular de las entradas –20 pesos–, cabe una frase de Pablo Neruda para describir el resultado del acto de censura de Juárez: “Patos disparándole a las escopetas”.
“Y sí, da curiosidad saber qué fue lo que se prohibió”, dice la señora Leo, a secas, el apellido no lo confiesa. Tiene más de 80 y camina ayudada por un bastón y el brazo de una amiga. “Yo me quedo con esa frase, me gusta que la gente desafíe la prohibición porque así se construye el pensamiento crítico”. Hugo Arana, como el resto del elenco, agradece la ayudita de Juárez que no sólo les llevó público en Santiago del Estero sino que también les abrió la posibilidad de presentar la obra en Buenos Aires. Grandinetti tiene grandes planes: una función a precios populares y a beneficio de alguna institución de bien público en el anfiteatro de Santiago del Estero, dependiente de la municipalidad. Aunque el intendente radical José Zavalía no asistió al estreno, se reunió con Grandinetti para cerrar este acuerdo y con el secretario de Programación Cultural, Alejandro Gómez, para organizar una presentación. Como delegado de Lopérfido, Gómez fue “el garante del respeto a la libertad”, algo que el gobierno provincial consideró innecesario. “Nunca prohibimos la obra, sólo una parte –se justificó el gobernador interino– y eso fue porque querían darla en un teatro que fue escenario de obras de jerarquía.” Lo que olvidó Moreno es que en el mismo teatro 25 de Mayo, Grandinetti se desnudó como lo hacía en cada función de Yeppeto. Evidentemente la juventud de Nicolás Cabré y Gabriela Sari al desnudo fue mucho para Juárez y Juárez.
El que sí estaba en el Paraninfo de la UNSE donde se presentó El cartero fue el diputado frepasista Héctor Ruiz, quien no perdió su sonrisa de galán de cine para decir que había recibido más de siete denuncias de funcionarios públicos del nivel medio que habían sido amenazados con sumarios y suspensiones si se atrevían a ver la obra cuestionada. “¿Vio que en las películas se habla de espías? Nosotros les decimos alcahuetes y en esta provincia está lleno. Todos tenemos en las familias por lo menos un pariente que trabaja para el gobierno y por eso todos podemos ser amenazados.” Víctor Ricarte es mozo de un bar del centro y dice lo que todo el mundo sabe pero “nadie puede denunciar”. Lo hace en voz baja y mirando al resto de los clientes “porque acá hasta las paredes oyen”.

 

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