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CLAUDIO GABIS PRESENTA HOY EL DISCO “CONVOCATORIA”
La venganza del guitarrista

En el CD lo acompañan
Charly García, Fito Páez, Joaquín Sabina, Andrés Calamaro, Ricardo Soulé,
Ricardo Mollo y León Gieco.

Idea: “En mi juventud, acá pasaron cosas impre-sionantes: el Cordobazo, el Di Tella, Almendra, Los Gatos. Hoy, la Argentina es frustración y resentimiento”.

Claudio Gabis estuvo en el
centro del fenómeno de Manal.
Esta noche presenta el disco con varios invitados especiales.

Por Cristian Vitale

En la Argentina de 1968, el rock era un movimiento en gestación. Y el blues, que en Estados Unidos e Inglaterra dominaba una porción de la escena con grupos como Cream, Canned Heat o John Mayall & The Bluesbreakers, pasaba inadvertido. Claudio Gabis, poco antes de ser un Manal, viajó a Estados Unidos y cargó sus valijas con cincuenta discos de un género que aquí casi nadie conocía. Después, dotado de las herramientas necesarias, junto a Javier Martínez y Alejandro Medina hizo de Manal el grupo clave de la historia del blues en castellano. Gabis, un gran guitarrista, era el más chico; Medina el bajista fogonero, Martínez el compositor y cantante carismático que tocaba la batería. Así empezó la historia del género. Hoy, a 30 años de aquella cruzada que derivó en temas aún esenciales como “Avellaneda Blues” o “No pibe”, el guitarrista, que vive en España hace 12 años, parece mantener el mismo espíritu. A través de DBN, reeditó Convocatoria, el disco doble con un seleccionado de invitados de la historia del blues-rock en la Argentina, en una especie de venganza que tardó, pero llegó. Y lo presenta hoy, para los amigos -tocarán León Gieco, Claudia Puyó, la Mississippi y Alejandro Medina, entre otros– en el Club del Vino, desde las 19. En el disco, además de los nombrados, cantan y tocan figuras como Charly García, Fito Páez, Ricardo Soulé, Joaquín Sabina, Ricardo Mollo y Andrés Calamaro.
–¿Por qué se reedita el CD
–Porque tuvimos muchos problemas con la edición anterior (1995-96). En Warner echaron a toda la gente que había bancado el disco y perdimos la posibilidad de que se difundiese mejor. El CD iba a ser doble y la compañía lo sacó por separado, con casi dos años de diferencia. Yo había concebido el disco como material para coleccionistas, de antología. Pero la compañía no lo entendió.
Aquel “fracaso” comercial –se vendieron no más de 15 mil discos– dejó a Gabis con la espina. Por eso, lo primero que hizo para poner el trabajo en otra dimensión fue recuperar los masters y trabajar en pos de una reedición más prolija y consecuente con su idea de lograr un material de culto. A diferencia del trabajo original, en este CD hay dos temas –bonus track– compuestos para la ocasión: “Buenos Aires Blues” y “Bajando a Buenos Aires”, ambos con la Mississippi Blues Band. Además, se edita doble, la tapa es de Rocambole y ya no se llama “Claudio Gabis y la Selección”. El resto, igual que la edición de 1995-96. Están “Blues de un domingo lluvioso” (del segundo disco de Gabis solista, 1974), cantado por Alejandro Medina; “Boogie de Claudio” (del primer disco solista, 1972), cantado por Calamaro. Y más clásicos como “Jugo de tomate” (Manal, por Charly García), “Nena boba” (Pescado Rabioso, por Fito Páez) y “Desconfío” (Pappo’s Blues, por Ricardo Soulé), entre otros.
–¿Por qué eliminó para esta edición la definición de “Claudio Gabis y la Selección”?
–Lo hice para alejar el nombre del disco del estigma futbolístico. Y no porque no me guste el fútbol –de hecho soy de Boca y estoy muy contento por eso– sino porque quiero despegarme de esa cosa triunfalista que tenemos los argentinos. Acá hay que olvidarse de ganar campeonatos y ponerse a laburar en serio.
–El CD involucra a varios músicos que tuvieron que ver con el origen y el desarrollo del movimiento, o canciones de entonces. ¿Es un homenaje al pasado?
–Elegí los temas que tenían que ver con mi sensibilidad y con la parte del rock-blues argentino que me gusta. Hay una tendencia generacional marcada por temas como “Desconfío”, de Pappo’s Blues. O “Nena boba”, uno de esos temas de Spinetta que están más cerca del rock duro que de la línea melódica spinetteana.
–¿Logró Manal establecer un semillero de blues aquí?
–Sin dudas. Están en Pappo, Mississippi, Memphis.
–Pero no mucho más.
–Es que el blues es ghetto en todo el mundo. Si bien no es tan elitista como el jazz, tampoco es tan popular como el rock. Es una música de adultos, con temática adulta. Agrego que el movimiento de blues argentino es uno de los cinco más importantes del mundo, porque tiene rasgos particulares. El primero es el idioma. En ningún lado se hace tan buen blues en castellano. Lo digo porque soy un estudioso del tema. El blues que hay en España es purista, en inglés y no tiene características propias. Es pura repetición. Lo mismo pasa en otros países de habla hispana.
–Cuando visita el país, ¿nota que el paisaje y los personajes que describía Manal en “Avellaneda Blues” o “Avenida Rivadavia” permanece?
–Sí. Eso que cantábamos está y es muy fuerte. Pero depende dónde. En Avellaneda, seguro. De la avenida San Juan para el sur, también. La autopista es una brecha que corta el Buenos Aires de los shoppings, el que perdió identidad, del que la conserva. Buenos Aires tiene un olor propio, que sigo sintiendo.
–¿Cómo era el Buenos Aires de la gestación de Manal?
–En principio, mejor a éste que lleva 25 años de fracaso. No hay mundiales de fútbol, ni plata dulce, ni Puerto Madero ni privatizaciones que solucionen este caos. Perdimos dos guerras. La de Malvinas y la guerra interna, y ésta la perdimos todos. Por eso la violencia entre nosotros, la disgregación moral entre amigos y familias. No hay político ni política que nos saque del tercer mundo.
–Un panorama muy distinto del que, en su criterio, vivió Manal.
–Aquel era un país potente, brillante. No me daba cuenta en la época, pero estábamos a la par de lo que pasaba en EE.UU. y Londres. En mi juventud, acá pasaron cosas impresionantes, el Cordobazo, el Di Tella, Almendra, Los Gatos. Hoy, la Argentina debería adoptar como himno “Yira, Yira”, de Discépolo, porque es el país de la frustración y del descreimiento.

 

El trío de la discordia

–¿Cuáles fueron los problemas que llevaron a Manal a no presentarse más como trío, después de la reunión de 1981?
–Aquella reunión agotó algunas instancias personales entre nosotros, que estaban pendientes desde la primera etapa. El grupo se había separado en 1971. Hubo por entonces cosas muy feas, de las que terminé enterarme hace muy poco, problemas personales serios que ignoraba hasta hace meses y que tuvieron que ver con el fin de un proyecto. Yo tenía una versión de la separación de Manal, que encajaba bien y que me servió para justificarla durante 30 años. Pero me di cuenta de que me equivocaba. En cuanto a los factores musicales, Manal fue más que la suma de los tres. Había diferencias que provenían del egocentrismo y de la falta de madurez. En aquel momento, cada uno creía que podía generar algo mucho mejor que Manal.
–¿Pasó lo mismo en la segunda reunión?
–Sí. En realidad, la hicimos con muchas ganas y también con muchas intenciones de ganar unos buenos mangos. Hicimos varios shows, hasta que chocamos con una piedra más grande que la que nos frenó en 1972. Empezamos a hacer las mismas boludeces de siempre. Desde ahí, dejé en clara mi posición: para contar conmigo Javier (Martínez) y Alejandro (Medina) tenían que cumplir con una serie de condiciones, no necesariamente económicas, que les hizo más fácil el plan de reunirse entre ellos y reutilizar el nombre.

 

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