Florencia Ferre, la traductora

Descubrir una cultura

Hasta el año 2006, Florencia Ferre no sabía una sola palabra en esloveno. El origen de la escritora nada tenía que ver con ese país y prácticamente no conocía gente de esa colectividad. Su entusiasmo por las lenguas la llevó a querer aprender un idioma eslavo. Y se encontró con que en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en la calle Puan, se dicta el lectorado de idioma esloveno. Allá fue, hizo los cursos y se convirtió en una de las traductoras más importante de autores eslovenos al castellano.

El esloveno es complejo en la pronunciación, pero sobre todo tiene una gramática endemoniada para quien no la adquirió como lengua materna. Florencia Ferre superó ambas dificultades de manera tal que hoy cualquier esloveno juraría que nació en ese país.

“Yo no conocía nada de lo esloveno, pero cuando lo fui descubriendo, me fascinó –explica–. Me fascinó la cultura, el modo de vida, la literatura. Acá había poco accesible al público en general, entonces decidí embarcarme en esa tarea”. Ferre destaca que “Eslovenia pone un gran esfuerzo en difundir su lengua y la cultura”: de hecho, el lectorado de la UBA funciona gracias al apoyo del gobierno esloveno. Y su Embajada en Buenos Aires, a cargo de Jadranka Šturm Kocjan, organizó en los últimos años una intensa actividad de divulgación cultural que incluyó ciclos de cine, muestras, presentación de documentales, libros y otros proyectos artísticos.

Ferre lleva traducidas unas quince obras. Entre ellas, el emblemático Martin Krpan (escrito por Fran Levstik en 1858), obra fundacional de la literatura eslovena. “Es para los eslovenos lo que el Martín Fierro para los argentinos”, explica. Es una narración que puede funcionar tanto como un cuento infantil popular como una historia emblemática que retrata la identidad eslovena.

Su último trabajo es Aquella noche la vi, la obra que Drago Jancar acaba de presentar en la Argentina. “Drago Jancar es un enorme escritor 

–sostiene Florencia Ferre– y la figura de Veronika Zarnik, el personaje central de la novela, es muy atractiva desde hoy. Era una mujer libre, quería serlo, buscaba la independencia. Una historia de la Segunda Guerra Mundial en un entorno esloveno no es muy frecuente para nosotros, por eso su lectura es muy atractiva”.

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