TIEMPOS VIOLENTOS
El fin de semana pasado, un joven fue golpeado por puto bajo la desatención de la policía.

Todavía con el perfume de la cuarta Marcha Plurinacional pidiendo basta de Travesticidios y Trasnfemicidios  y unos después del Día del Orgullo, con el Obelisco todavía maquillado con las luces de los colores del arco iris, otra persona del colectivo LGBTTIQA+ fue brutalmente agredida, física y psicológicamente, con la policía de ciudad dando vueltas sin haber visto nada.

Unx compañerx de fútbol gay decía que “ya había sido”, que eso de salir a visibilizarnos “ya fue”, que teníamos todos los derechos ganados y que ahora era cuestión de integrarnos y ser unx más entre lxs otrxs. Me parecía tan ridículo lo que mi compañerx me decía como lo veía vestido. Mientras buscaba las palabras para decirle algo agarré el celular y me encontré con un post de Ian Barreto que me hizo llamarlo al instante (cosa que ya no se hace en estos tiempos, excepto que sea algo grave como lo que le pasó a él). “Esto que me paso a mí, les puede pasar a miles más; y no todos pueden contarlo después. Por el simple hecho de sentirse libres y ser quienes somos, por no molestar a nadie utilizando una bandera que nos representa, aunque no a todos, sí a muchos de nosotrxs. Y, lamentablemente así estamos como sociedad, esta es la maldad que hay en la calle y la homofobia que sigue intacta en cierta parte de la población”. 

A los “ladrones” que circundaban la zona del Obelisco, desde donde se lo podía ver: erguido y todavía maquillado con los colores de la Bandera del Arco Iris, por los ecos del Festejo Del Orgullo, no les cabe otra que homófobos como mínimo. Porque no les bastó con robarle a Ian todo lo que llevaba encima: celular, dinero, llaves de su casa, incluso los documentos (¿para qué?); esto habla de la maldad y el ensañamiento que tenían con el “puto de mierda”. “Esas fueron las palabras que usaron mientras me pateaban y pisaban la cabeza, mientras yo estaba tirado en el piso; luego de haberme roto una botella en la cara”. Cuando parecían irse volvieron para pisarle los lentes con mucho aumento, como pasó en una película de Woody Alen.

¿Dónde estaba la Policía de la Ciudad, con sus flamantes chalecos celestes, que se pasea constantemente como una figurita troquelada del paisaje urbano? “A media cuadra y no hicieron nada; incluso cuando me acerque bañado en sangre con ayuda de un chico que pasaba por ahí, porque no podía mantenerme parado por los golpes. Por la insistencia de ese chico que me ayudaba, luego de media hora, dijeron que en “una horita y media venía la ambulancia”. Entonces, el chico me llevó por sus medios al Hospital General de Agudos, en el que después de una hora de espera me dijeron que ahí no me podían atender”, cuenta Ian.

La historia sigue con más negativas, otro hospital donde pasó 4 de espera hasta que por fin lo atendieron, pero le recetaron unos óvulos (que él no puede tomar). La fisura que lleva, a partir de ese momento, en el lado derecho de la cabeza es una de las marcas externas que cualquier persona puede ver; las internas quedaron en el lado de adentro. 

Después de hablar con mi compañero de fútbol, y cuando ya creía haberle hecho entender, o simplemente mostrarle una parte de la realidad que parecía no estar dispuestx a ver, tuve que confrontarme con un colega escritor, un varón cis, hétero y con hijos que preguntaba: ¿Por qué no hay un día del orgullo heterosexual? 

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