Pey play: un modo de socializar la sexualidad
Perritos cariñosos
Máscaras de cuero, correas, dildos con formas de rabos de animales... a primera vista las prácticas de Pet Play pueden parecer el ejemplo perfecto de dominación sexual y sadomasoquismo, pero eso es sólo la superficie de una comunidad que ha sido malinterpretada, estigmatizada e incluso ridiculizada dentro y fuera del universo de las disidencias sexuales. Se trata de un movimiento que no ha parado de crecer en los últimos años y que lucha por su visibilidad. Tras un encuentro empoderador en una plaza porteña, un grupo de “puppies” y “handlers” argentinos está recorriendo el camino para mostrarse, encontrar a otros y erradicar mitos, reivindicando la ternura como parte de los vínculos de poder y ofreciendo una nueva mirada sobre la realidad de los animales de compañía.

En el Pet Play alguien decide personificar a una mascota mientras que otra decide ser su cuidador, en vínculos y juegos consensuados en donde quien decide ser ese animal se entrega por completo al rol en una disposición física y mental que es descripta por muchos como liberadora y totalmente relajante y placentera. Si los adultos vivimos preocupados por nuestros trabajos o los problemas económicos y cotidianos en los que estamos inmersos, ponernos en el lugar de una mascota nos cambia la perspectiva al abrazar un tipo de conciencia totalmente ajena a estas vicisitudes y en donde hay nuevas reglas y códigos. “El Pet Play no está vinculado sólo con el castigo o con lo sexual sino también con lo lúdico, con la ternura, con los caprichos… Es una relación entre alguien que es mascota y alguien que es su 'handler' aunque también hay escenarios en donde son dos o tres mascotas que están jugando. Si nos detenemos a pensarlo, no hay nada novedoso en este planteo, porque es lo que siempre sucede en un vínculo entre adultes: vivimos gestionando las relaciones de poder que se dan naturalmente entre nosotros. Lo que hacemos desde el Pet Play es explorar esas relaciones mirando la dominación desde el lado de la ternura, de la docilidad y desde el juego”, le contó a SOY Puppy Woofy, una mascota de 31 años que se convirtió en un referente local gracias a su cuenta de Instagram, en donde muestra su vida y educa sobre estas prácticas.

   Mientras que Puppy Woofy es un perrito y su interés está en el “puppy play”, en donde hay otros como él, la diversidad está en el corazón del Pet Play y así hay comunidades de “pony play”, en las que se juega a ser un potrillo, o “cat play”, con gatos y gatas. “En el cat play hay muchísimas chicas, por ejemplo, pero no es una comunidad exclusiva para nadie. Nosotros desde el Pet Play fomentamos que no haya distinciones de género, porque creemos que son prácticas que cualquier persona con el deseo de explorar la sexualidad debe poder vivenciar”, puntualizó, aunque no dejó de reconocer que el puppy play es hoy la variante más popular y conocida. Es lo que confirma una sencilla búsqueda por Internet sobre estas comunidades, aunque sorprende que los resultados más populares son de parodias o rechazos.

   En 2017, por ejemplo, la Universidad de California incluyó en sus celebraciones de “gaypril”, el mes de actividades alrededor de la diversidad que realizan en el mes de abril, un encuentro de Pet Plays y Furries. El objetivo era vincular a dos comunidades que pueden ser confundidas pero que tienen muchas diferencias: mientras los pet players deciden personificar a perros, gatos y otros animales imitando sus comportamientos; los furries usan trajes que no son realistas, sino creando personajes antropomórficos con los que realizan actividades humanas. En un calendario lleno de actividades disidentes, fue esta reunión la que desató la furia y el rechazo de los conservadores. “No hay dudas de que esto roza el bestialismo y la zoosexualidad si no es que lo constituye, ya que no queda claro qué es lo que van a hacer cuando se reunan. Mis amigos de la comunidad LGTB están más enojados que yo ya que sienten que esto ensucia sus reclamos y los vincula con criminales”, aseguró en un comunicado Joshua Libiwitz, el entonces vicepresidente de la asociación de estudiantes republicanos de esa casa de estudios. Si bien no detalló quiénes eran sus amigos gays que estaban tan ofendidos, con su denuncia llegó a varios medios y sumó más confusión para una práctica que parece poner los pelos de punta a algunos. El sitio ChristianPost.com, que cubrió con varias notas la polémica, entrevistó a un estudiante llamado Matthew Coe –quien se presentó como “cristiano, republicano y con familiares gays”– que aseguró que no le sorprendía que se celebrara “un grupo fetichista homosexual inspirado en animales” ya que “muestra fehacientemente lo que es una universidad que le da la espalda a Dios”.

   Estos ataques no son nuevos pero muestran cómo mientras algunas escenas parecen que se van normalizando en el ojo facho, otras siguen siendo tan recalcitrantes que son manipuladas para la vieja agenda conservadora. Mientras hace algunos días en las redes sociales pululaban las banderitas de colores por las marchas que se dieron a 50 años de los incidentes en StoneWall, un video se volvió viral. En él se veía, en lo que parecían ser las calles de Tel Aviv, a un cincuentón de tetas peludas y con piercing tirando una pelota a tres puppies que en cuatro patas peleaban por ella para acercársela al handler. El clip incluía la pregunta de “¿Sienten orgullo de esto?”, generando una infinita seguidilla de comentarios del más rancio manual de la derecha –un manual que no es exclusivamente consultado por cishéteros, no hay dudas– apelando a conceptos siempre borrosos como el exhibicionismo o la decencia, además de la eterna pregunta de “cómo explicarles esto a los niños”. 

   “Persisten los malos entendidos en la manera en la que nos ven. Si bien Pet Play puede parecer desde una mirada superficial un juego de rol, es mucho más. Está en ese gran paraguas que es el 'BDSM', que sirve para que sea más práctico hablar de un montón de prácticas que tienen, cada una, su complejidad y su propio universo, que no siempre son sexuales”, explicó Puppy Woofy. 

   Pero a pesar de estas históricas resistencias, la comunidad local se fue aglutinando en los últimos meses. “Yo conocí la movida Pet Play hace un par de años por la web y me re interesó. Como acá en Argentina no había una cultura instalada y yo no conocía a otros que lo practicaran, durante muchísimo tiempo todo se trató de un aprendizaje por redes como Tumblr y Twitter o en páginas especiales o foros. Sin embargo, se trata de un mundo que por más que sepas y leas mucho, la verdad es que hasta que no lo vivenciás no lo entendés completamente. Por suerte me empecé a topar con gente que curtía esta onda en fiestas a donde salgo o lugares que frecuento. Primero fueron encuentros sexuales pero luego fue algo más profundo, hasta que sugió Suavecitxs”.

   Hoy Suavecitxs es el punto de encuentro de pet players, con una comunidad que se concentra en Instagram pero que comenzó a tener encuentros públicos offline. “Suavecitxs nació de la voluntad de darnos a conocer y visibilizar una comunidad que a veces es malinterpretada. No hay alguien que dirija la comunidad ni existen líderes, estamos en plena construcción. Nos empezamos a encontrar en fiestas como la FaGot Party o la Vicio y Perversión, además de otros lugares de la noche. Al principio era sólo mirarnos y encontrar que existían otros que usaban máscaras y accesorios que son propios de nuestra cultura. Eran momentos raros porque somos muy pocos los que hacemos Pet Play y cuando empezamos a vincularnos y a charlar, naturalmente nos dimos cuenta que era necesario unirnos para poder conocer más y ser más fuertes. Pronto llegó la necesidad de darle visibilidad a esta comunidad. Hoy somos poquites pero la idea es desmitificar y crear conciencia de que no es algo sólo sexual aunque no negamos que existe esa veta y de hecho la disfrutamos mucho”, completó Puppy Woofy. 

   Hace dos semanas se realizó el primer encuentro público, un domingo por la tarde en el Parque Los Andes y con una veintena de entusiastas y curiosos, quienes pudieron mostrarse con sus máscaras, jugar a pesar del frío, y conocerse por fuera de las redes sociales. Si bien era una incógnita cómo sería la interacción en un espacio diurno y público, la reunión fue todo un éxito, con muchos que se acercaron a conocer más de la movida en total armonía con los visitantes ocasionales de la plaza. “Fue re interesante que las personas que pasaban no tenían presente que podía ser un juego sexual, sino que les atraía  la idea del juego y la ternura”, explicó el organizador.

   Y es que, a pesar de que su incipiente creación, las mascotas y handlers de Suavecitxs tienen en claro que detrás de los ladridos y correas existen varias consignas y reivindicaciones interesantes. “Queremos repensar el rol de los animales de compañía, que es como se conocen a los perros, y mirarlo desde la óptica del cuidado de las especies y la ternura. Es una temática que, como toca algo que es muy cotidiano, tenemos invisibilizada y de la que tenemos que empezar a hablar”, concluyó Puppy Woofy, quien está convencido de que los pet players argentinos crecerán en número y serán pronto comprendidos bajo una mejor luz.

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