Lo peor que puede pasar es el silencio

Lo peor que puede pasar es el silencio. En base al silencio no se construye una posibilidad de diálogo, porque sino desde algún lugar estaríamos reproduciendo lo que hicieron los ex oficiales cuando generaron esta reacción, que fue no hablar. En mi época de rector en el Colegio Nacional de La Plata, los ex combatientes de Malvinas siempre iban y hablaban, todos ex soldados. Siempre fueron bien recibidos. Es más, los ex combatientes del Colegio Nacional tienen homenajes en la escuela con un edificio, el “Soldados combatientes de Malvinas”, que es el de Ciencias Exactas, y con un aula bautizada con el nombre de un alumno que combatió y falleció en las islas, Ricardo Herrera.

Mi perfil era siempre llamar soldados, nunca convoqué a un oficial. Como rector, estaba entre mis potestades invitar y yo elegía Madres de Plaza de Mayo y ex soldados. Los acontecimientos dela historia argentina eran tratados de ese modo: en Derechos Humanos, estábamos con las Madres; en el tema Malvinas, con los soldados combatientes.

Creo que el silencio es enemigo de una buena resolución. Por otra parte, la autoridad de un colegio sí tiene que ser responsable de las personas a las que convocas. Los padres de alumnas y alumnos tienen derecho a saber, al igual que los estudiantes. Los cargo de conducción de los colegios universitarios son muy políticos, muy politizados. Para ejercer esa conducción, hay que tener prevenciones y responsabilidades, porque son colegios en los que se da discusión de ideas.

Entonces, tiene que haber un criterio político de evaluación previa a la convocatoria. Eso sí es discrecional de la autoridad. Y así como fue discrecionalidad del directivo esa decisión, también estudiantes y padres tienen derecho a saber qué pasó.

Me parece importante diferenciar: una cosa es la reivindicación de Malvinas, que sí tiene que estar, y otra son oficiales combatientes dando respuesta a los estudiantes. No se puede mezclar todo.

Tenemos que recordar que el año de Malvinas, 1982, era el cierre de la dictadura más sangrienta. Si invitás personas que fueron oficiales en el 82, uno presupone o tendría que haber evaluado que los militares de esa época, por más que sean combatientes de Malvinas, por ahí algunos estuvieron en la trágica noche de la dictadura. Eso creo que se le escapó a la rectora.

Es lógico que en un colegio de tanta sensibilidad política haya habido este tipo de reacción. El que está ahí es un estudiante que asocia, que cuestiona . Y en la asociación se metió la pobre rectora en un lío. Ojalá que salga. Tiene que hacerlo aclarando todo lo que tiene que aclarar. Nadie puede ejercer un cargo público y esconderse. Tendría que haber previsto el tipo de disertante que llevaba.

Una rectora tiene que dar claridad en sus actos de gestión, no puede esconder la verdad, aunque sea molesto el momento o el tránsito por el que está pasando. Creo en la buena fe de la rectora al armar esta convocatoria. Pero eso no implica que el resultado sea óptimo. No dudo de su buena fe en querer conversar sobre Malvinas, pero me parece un poco inocente, de una inocencia genuina tal vez, no pensar que un oficial de 1982 no era uno del 2018. Un oficial del 82 no es un oficial del 18, entre los que corrieron 40 años de democracia.

Para subsanar esto hay que hablar con la verdad, porque además estamos educando. Hay que seguir educando en la memoria, por la verdad y por la justicia. Si decimos eso, no podemos estar negando un hecho menor, porque es menor, aunque lo vuelve importante que se suscite en una escuela.

Gustavo Oliva: Ex rector del Colegio Nacional de La Plata.

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