Los excesos del ministro de ecología francés le costaron el cargo
Banquete pago con fondos públicos
Las revelaciones sucesivas sobre su tren de vida publicadas por el portal Mediapart lo condujeron a presentar su demisión.
El ministro renunciante Francois de Rugy en 2017 cuando era presidente del Parlamento, en palacio de Versalles.El ministro renunciante Francois de Rugy en 2017 cuando era presidente del Parlamento, en palacio de Versalles.El ministro renunciante Francois de Rugy en 2017 cuando era presidente del Parlamento, en palacio de Versalles.El ministro renunciante Francois de Rugy en 2017 cuando era presidente del Parlamento, en palacio de Versalles.El ministro renunciante Francois de Rugy en 2017 cuando era presidente del Parlamento, en palacio de Versalles.
El ministro renunciante Francois de Rugy en 2017 cuando era presidente del Parlamento, en palacio de Versalles. 
Imagen: AFP

Página 12 en Francia
Desde París

Un buen banquete con langostas y vinos exquisitos sufragado con fondos públicos, no pagar impuestos, tener una vivienda social y un par más de deslices le costaron ayer el puesto el Ministro francés de la Transición Ecológica, François de Rugy. Se trata del segundo ministro de esta cartera que deja su puesto: el primero fue Nicolas Hulot por incompatibilidad con la política ecológica del Presidente Emmanuel Macron, el segundo por cierto pecado de lujuria. Las revelaciones sucesivas sobre su tren de vida publicadas por el portal Mediapart lo condujeron inexorablemente a presentar su demisión y pasó de ser la estrella del Ejecutivo al repudio. “Los ataques y el linchamiento mediático que ha sufrido mi familia me conducen ahora a tomar la distancia necesaria”, dijo el ex Ministro en un comunicado publicado en Facebook. El Palacio presidencial reaccionó con un modesto “se trata de una decisión” personal que “respetamos”. François de Rugy estaba en el patíbulo desde que Mediapart contó que, cuando era presidente de la Asamblea Nacional, organizó fastuosas cenas privadas con dinero público. Los invitados eran amigos suyos o de su esposa. Langostinos y vinos de alta gama servidos durante octubre de 2017 y junio de 2018, principalmente a invitados de su esposa. La foto que muestra a Séverine de Rugy ante una botella de un vino Mouton Rothschild de 2004 (500 euros) o al mismo de Rugy en una cena de San Valentín con la mesa cubierta de pétalos rosas activaron una bomba de tiempo que cuya potencia se fue amplificando con el correr de los días.

Ese no fue el único pecado del ex titular de la estratégica cartera de la Transición Ecológica. Mediapart reveló también que el responsable político había gastado un montón de dinero público para renovar su departamento de función (pagó, entra otras cosas, 17. 000 euros por un dressing), que aún gozaba de un departamento social (subvencionado) que no ocupaba y que, encima, entre 2003 y 2004, había utilizado el presupuesto asignado a los gastos de su mandato para pagar una parte de las cotizaciones de su partido, Europa-Ecología –Los Verdes (EELV), algo que está prohibido por ley. Esos montos provenientes de los gastos de mandato no son declarables al fisco. Sin embargo, de Rugy, en su hoja fiscal, introdujo el pago de las cotizaciones como si el dinero hubiese salido de su bolsillo, con lo cual obtuvo una reducción fiscal. Parece que el señor confundió varias veces lo propio con lo público, y no sólo él. Permaneció inexplicablemente en el cargo pese a que de Rugy forzó la renuncia de su jefa de gabinete después de que Mediapart contara que la señora conservó una departamento social en París cuando en realidad hacia anos que no residía en la capital francesa. Para asumir su defensa, François de Rugy recurrió a la consabida retórica según la cual era objeto de “mentiras” e informaciones “tendenciosas”. La tendencia, más bien, se volvió contra él cuando en el seno de la propia mayoría parlamentaria el humo negro empezó a brotar. Diputados y cuadros del partido macronista La República en Marcha salieron a decir por los medios que esta historia iba a tener un “efecto devastador”, tanto más cuanto “esto es precisamente lo que nos han reprochado los chalecos amarillos”. El peso simbólico de la prueba de un ministro que se aprovechó del dinero público arrinconó a de Rugy hacia la puerta de salida. Paradójicamente, cuando asumió su mandato, el mismo François de Rugy calificó su cartera como “ministerio de lo imposible”. Y así parece ser. El famoso deseo expresado por todos los presidentes de encarnar al fin una “República intachable” se ha quedado por el momento en un slogan vacío de realidad.

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