Vale decir

El que busca encuentra a sus Julietas

Con el 2020 prácticamente a la vuelta de la esquina, también a la vuelta de la esquina un renovado clásico de cada año: el calendario Pirelli, que en recientes ediciones reinterpretó Alicia en el país de las maravillas en reivindicativa clave afro, y también hizo un alegato en favor de la belleza natural con pics de mujeres de distintas profesiones, edades y talles, por citar unos pocos ejemplos. Para la venidera ocasión ha quedado develada la temática elegida por el reputado fotógrafo de moda Paolo Roversi: la dedicatoria es para Julieta Capuleto, tal cual puede verse en las imágenes del making of liberadas por Pirelli, que ya circulan en la web. Fiel a la obra de Shakespeare, las sesiones transcurrieron en Verona, Italia; también en París, hogar del artista. Que no puso a Romeos en la mira; solo Julietas, jóvenes (aunque no tanto como la original), diversas, trágicas, enamoradas, interpretadas por elenco variopinto: las actrices brit Mia Goth, Claire Foy y Emma Watson, las estadounidenses Kristen Stewart, Yara Shahidi e Indya Moore, la artista franco-italiana Stella Roversi, su hija, la cantante española Rosalía, la china Chris Lee. “Todavía estoy buscando a mi Julieta y buscaré toda la vida. Porque Julieta es un sueño”, dispensó Paolo sobre el personaje clásico que sirvió de trampolín para imaginar a un director que busca a su intérprete soñada. “Son Julietas que se presentan para un casting, responden preguntas y revelan su propia versión antes de representar un pasaje de la tragedia. Fue muy conmovedor verlas ‘audicionar’ como si se tratase de su primer casting, con una inocencia y una sinceridad propias de Julieta”, contó el fotógrafo, que acompañará el calendario con un corto a lo cinéma vérité rodado durante las sesiones.

Miles de años, la misma broma

“Viajé a Roma y todo lo que te traje fue este patético lápiz”, es el tipo de inscripción que, con variaciones, puede encontrarse hoy día en cantidad de souvenirs irónicos, y baratos, a lo largo y ancho del globo. Lo curioso, por tanto, es que ese haya sido el lema que se ha hallado en un estilete (o stylus) de hierro de tiempos romanos, que data del año 70 dC, usado entonces para escribir en tablillas de cera. Vale aclarar que no son esas las exactas palabras anotadas en el antiquísimo “lápiz”, prueba de que el humor de los humanos no ha evolucionado tanto como uno creería, pero es fiel en esencia. Finalmente, dice la rara inscripción del estilete (que se exhibe por primera vez en el Ashmolean Museum, en Oxford, hasta enero del año próximo): “Vengo de la ciudad. Te traigo un regalo con una punta afilada para que puedas recordarme. Me pregunto, si la fortuna lo permite, si podría (dártelo) tan generosamente como el camino es largo (y) mi bolso está vacío”. Encontrado por un equipo del Museum of London Archeology durante excavaciones en la capital inglesa, a orillas del río Walbrook, antiguo afluente del Támesis, advierten los especialistas que “el texto es incomparable en cuanto a longitud, poesía y humor” y “proporciona una visión conmovedora de lo que encontraba gracioso alguien que vivió casi 2000 años atrás”. Explican, además, que la “ciudad” citada muy probablemente sea Roma, razón por la que el stylus refiere al vínculo directo entre el Imperio Romano y la provincia de Britania. Y refleja la importancia de la escritura y la alfabetización, según ellos, de comerciantes, soldados y funcionarios, que podían así mantenerse en contacto con amigos y familiares. Por lo demás, con sus 132 mm, tiene el objeto preciado la longitud aproximada de un bolígrafo moderno, con sus elaboradas y expresivas líneas anotadas sobre el diseño delgado. Los arqueólogos lo describen como “absolutamente espectacular”, ya que apenas se han encontrado un puñado de ejemplos similares.

Berenjenal por el gazpacho

Si de dar recetas en clave dramática se trata, difícilmente alguien lo haya hecho mejor que Carmen Maura en Mujeres al borde de un ataque de nervios, al dar su versión del gazpacho, a base de “tomate… pepino… pimiento… cebolla… una puntita de ajo… aceite… sal… vinagre… pan duro… y agua”. “El secreto está en mezclarlo bien”, advertía Pepa, su personaje, sobre el refrescante elixir (adulterado), emblema de la cultura gastronómica andaluza. Un elixir que divide a España desde que, los pasados días, un tuit inocente armase tremenda batahola. “Gazpacho, ¿con o sin pepino?”, se atrevió a preguntar en la red del pajarito el humorista ibérico Sergio Fernández Meléndez, aka El Monaguillo. La polémica no tardó en instalarse, descalificándose mutuamente conpepinistas y sinpepinistas, con mensajes del tipo “Si no lleva pepino no es gazpacho” o, en la otra vereda, “Mi abuela no se lo ponía y tenía ocho apellidos andaluces”. Pero, claro, no hubiese pasado de una común rencilla en la web de no haberse involucrado en el debate dos de los chefs más reputados de España…

Más específicamente el marbellí Dani García, que se hizo de 3 estrellas Michelin el año pasado, y el asturiano José Andrés, al que revista Time declarara una de las 100 personas más influyentes del mundo en repetidas oportunidades. El primero definió de “terrorismo gastronómico” sumar unas rodajitas al plato; a lo que el segundo respondió: “Dani, ¡aquí te has pasado un rato! El terrorista eres tú”. La pica siguió entre ambos, con García replicando con sorna “Llevo haciendo gazpacho sin pepino 25 años y he sobrevivido”. José Andrés, empero, lejos de replegarse, dio sus razones para “respetar” la fórmula tradicional: “El gazpacho o la fabada ya han sido creados y generalmente aceptados por todos. Un cocinero puede no ponerle pepino, pero la democracia gastronómica popular ha dictaminado que el gazpacho de hoy lo lleva”.

El que ha acabado zanjando el asunto fue Fernando Huidobro, presidente de la Academia Andaluza de Gastronomía, que entrevistado por el diario El País, ha explicado que la auténtica receta original “se resume en cuatro palabras: échale lo que tengas”. “El gazpacho nació como un plato campero y anárquico, propio de gente humilde. Le ponían lo que había, lo que más sustento proporcionaba para aguantar la jornada en el campo. Más tarde, cuando se hizo más urbano, sí se fijó una receta más o menos ‘oficial’ con cinco ingredientes básicos: tomate, ajo, aceite de oliva, vinagre y sal”. Agrega el buen hombre: “El pepino no es un elemento indispensable: como el pan, se trata de un añadido que se puede usar o no a gusto de quien lo prepara. Y es que, al final, cada familia tiene sus costumbres”. Y ya está. 

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