Asistente, plomo, stage, mánager, productor, coleccionista e historiador del rock argentino
Paya Sosa, el recolector escondido
Su museo itinerante tiene vinilos, afiches, credenciales, figuritas y manuscritos que juntó trabajando en el punk y el heavy.
La colección del Paya Sosa es una enciclopedia visual sobre el rock local, con cosas que ni los músicos tienen.La colección del Paya Sosa es una enciclopedia visual sobre el rock local, con cosas que ni los músicos tienen.La colección del Paya Sosa es una enciclopedia visual sobre el rock local, con cosas que ni los músicos tienen.La colección del Paya Sosa es una enciclopedia visual sobre el rock local, con cosas que ni los músicos tienen.La colección del Paya Sosa es una enciclopedia visual sobre el rock local, con cosas que ni los músicos tienen.
La colección del Paya Sosa es una enciclopedia visual sobre el rock local, con cosas que ni los músicos tienen. 
Imagen: Cecilia Salas

Lo que iba a durar todo el fin de semana largo se redujo a un día cuando el evento Experiencia Rock, en Punta Carrasco, canceló algunas propuestas y concentró todo en este domingo 18. La idea de combinar durante tres jornadas charlas y “ensayos abiertos” de numerosos artistas, más un sector de exposición con muestras y stands, trastabilló entre una difusión confusa y una semana difícil para la economía. También se redujeron las proyecciones de películas pensadas para los tres días, con la curaduría de la productora independiente Filmódromo. Pero en el nuevo esquema, durante el domingo se sucederán desde las 16 los shows de Estelares, Massacre, Pier, A.N.I.MA.L., Coral, El Muelle y Los Tipitos: una hora cada uno y en el plan de entrevista abierta más cierre en vivo. Como se había establecido, por cada espectáculo se debe abonar una entrada distinta.

Lo único que permanece tal como estuvo previsto es el espacio expositivo. Ahí convivirán stands de Mala Difusión o el sello Inerme Discos, Ezequiel Ábalos con sus numerosos libros publicados, merch oficial de bandas y una muestra de les fotógrafes de rock Ailín Caraballo, Silvia Tuky, Al Dana, Santi Sombra y Gusi Ramone. Además, claro, de la que resulta acaso la verdadera atracción de la Experiencia Rock 2019: el fabuloso museo itinerante del Paya Sosa, un tipo muy querido y respetado de las bambalinas de esta cultura que lleva muchas décadas y además acumula personajes claves en el detrás de escena.

Ya sea como asistente, plomo, stage, manager o productor, Paya trabajó y trabaja para innumerables lugares y bandas. En ese recorrido de décadas, silenciosamente recolectó vinilos, afiches, credenciales, fotos, manuscritos y rarezas que hacen a la Exporock Argentino, tal como Sosa bautiza a esta performance. Desde el Consejo Deliberante de su Merlo natal hasta el bar Detroit de Morón, pasando por una feria de libros o un festival de rock en la localidad de 9 de Julio, Paya carga con toda una memorabilia que ocupa una Traffic entera y la despliega ante un público amplio que le consulta y lo interroga con curiosidad. Desde veteranos emocionados por algún vinilo original, colegios secundarios enteros y hasta sub25 interesados por ese reservorio material de la era en la que el bit aún no se había devorado a la molécula como “soporte de las cosas”.

Entradas, programas, acreditaciones, púas, publicaciones varias, discos incunables, ediciones raras, CDs con formatos exóticos –¡una caja de pizza!– y hasta álbumes de figuritas de Los Gatos y Miranda!. Cosas que ni los propios músicos tienen. El museo de Paya despliega toda una enciclopedia visual sobre varias décadas del rock argentino mientras insiste en un hábito que la era digital irá inevitablemente mellando: el coleccionismo de objetos materiales. La conservación de una lista de temas con treinta años de antigüedad es una proeza que nunca podrán ofrecer Setlist.fm y su base de datos panóptica y universal. El museísmo tiene mucho de fetichismo pero otro tanto de épica: lo que se muestra no es otra cosa que aquello defendido de la voracidad del tiempo.

A Paya lo bautizaron así de chico, por cómo se vestía y también por cómo se movía cuando bailaba. Había visto a Elvis por la tele y alucinó. Cuando lo mandaban a hacer las compras se chimangueaba algunas monedas del vuelto y así empezó a comprar sus primeros discos en, el oeste profundo del conurbano bonaerense. Además merodeaba a las bandas que tocaban cerca de su zona: se acercaba y les preguntaba cosas. Cuando compraba revistas, leía con atención sobre equipos, sonido y producción. Le fascinaba el rock y quería pertenecer a él, pero no como músico, que era lo que todos deseaban. Le atraía más la “gestión” del hecho artístico, del espectáculo.

En el medio le tocó la vieja colimba y a la salida, dos años después, se anotó para estudiar periodismo. Así llegó a unas revistas independientes y a Radio Argentina, donde tenía una columna en la que hablaba de bandas y las entrevistaba. A través de esas relaciones retomó su interés por el detrás de escena, la producción, el sonido, la gestión. “Empecé como asistente de plomo, ayudando, después de plomo de Mágnum 44, donde estaba Cristina Dall. Ahí también fui manager”, empieza. Laburó con muchas bandas –especialmente de heavy y punk– y programó shows en lugares queribles como Asbury, Speed King o el Club de Artesanos de San Fernando. Ahora es road manager de Todos Tus Muertos y también trabaja para una productora cuando trae artistas de afuera como Phil Anselmo, Glenn Hughes o Turbonegro.

“Nunca vi al rock como un negocio o un trabajo; por eso no tengo plata”, bromea Paya. Sabe que pertenece a un linaje despreciado por los músicos, el de los productores y representantes. Los que siempre te van a cagar. Pero su abnegación con el rock tuvo también crisis y cuestionamientos: en un momento renunció a sus trabajos con bandas y se dedicó a la docencia en colegios secundarios. Fueron dos años de pausa total. “El rock es una gran historieta. Y a veces una gran mentira también. Pero uno finalmente tiene que quedarse con las canciones, que son las que te abrazan y no te van a dejar solo”, revela quien la vive con otra perspectiva: no de arriba sino desde atrás. La cantante Claudia Puyó, que es su comadre (comparten ahijado), le dijo una vez: “Sos un marciano. No hay otro como vos en este planeta”.

Por eso Sosa revalida el carácter performático de su Exporock Argentino, un espacio en el cual “se puede rockear y también ‘culturalizar’”. Allí no sólo despliega todo su archivo sino que además interviene como una especie de guía para darle relato a la acumulación de objetos. “Está claro que el rock pasó de ser una música marginal a integrar el folclore cultural de nuestro país. Mueve multitudes más allá del fútbol y de la política. Está en el diccionario, lo estudian en las universidades. Es mucho más que un estilo musical. Y eso creo que tiene que ver porque el rock dejó la adolescencia rebelde y se convirtió en un maduro que toma conciencia de ciertas situaciones, las invoca y las delata.”

* Los interesados en acceder gratuitamente a la Exporock Argentino dentro de la Experiencia Rock 2019 pueden comunicarse por Facebook .

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